Epstola a Diogneto

Por Arcadio Sierra Daz - 23 de Abril, 2007, 13:48, Categora: General

SEGUNDO EXCURSUS DEL CAPTULO II

EPSTOLA A DIOGNETO

Exordio

I. Pues veo, Excelentsimo Diogneto, tu extraordinario inters por conocer la religin de los cristianos y que muy puntual y cuidadosamente has preguntado sobre ella: primero, qu Dios es se en que confan y qu gnero de culto le tributan para que as desdeen todos ellos el mundo y desprecien la muerte, sin que, por una parte, crean en los dioses que los griegos tienen por tales y, por otra, no observen tampoco la supersticin de los judos; y luego qu amor es se que se tienen unos a otros; y por qu, finalmente, apareci justamente ahora y no antes en el mundo esta nueva raza, o nuevo gnero de vida; no puedo menos que alabarte por este empeo tuyo, a par que suplico a Dios, que es quien nos concede lo mismo el hablar que el or, que a m me conceda hablar de manera que mi discurso redunde en provecho tuyo, y a ti el or de modo que no tenga por qu entristecerse el que te dirigi su palabra.

Refutacin de la idolatra

II. Ea, pues! Que te hayas limpiado a ti mismo de todos los prejuicios que tienen asida de antemano tu mente; despejado de la vulgar costumbre que te engaa, y convertido, como de raz, en un hombre nuevo, como quien va a escuchar, segn tu misma confesin, una doctrina nueva; mira no slo con los ojos, sino tambin con tu inteligencia, de qu sustancia o de qu forma son los que vosotros decs dioses y por tales tenis. 2. No es as que uno es una piedra, como cualquiera de las que pisamos con nuestros pies; otro, un pedazo e bronce, no de mejor calidad que el que sirve para labrar los utensilios para nuestro uso; otro, un leo que, por aadidura, est ya podrido; otro, plata que necesita de un hombre que la custodie para que no la roben; otro, hierro tomado de orn; otro, finalmente, un pedazo de arcilla, no ms preciosa que la empleada en los cacharros de nuestro ms bajo servicio? 3. No est todo eso fabricado de materia corruptible? No se labra todo a poder de hierro y fuego? No fue el escultor quien model a unos, el herrero y el platero a otros y el alfarero a los dems? No es cierto que antes de ser moldeados por estos artfices en la forma que ahora tienen, cada uno de ellos era, lo mismo que ahora, transformable en otro? Y los utensilios de la misma materia que ahora vemos, no pudieron convertirse en dioses como sos, si los trabajaran los mismos artfices? 4. Y al revs, esos que vosotros adoris ahora, no pudieron pasar, por mano de hombres, a ser cacharros semejantes a los dems? Es que todo eso no son cosas sordas, cosas todas ciegas, todas inanimadas, todas insensibles, inmviles todas? No se pudren todas? No se destruyen todas? 5. Y a esas cosas dais nombre de dioses, a esas cosas servs, a esas cosas adoris y a ellas terminis por haceros semejantes.

6. Y luego aborrecis a los cristianos porque no creen en semejantes dioses. 7. Pero no los despreciis mucho ms vosotros, justamente cuando pensis darles culto y creer en ellos? Acaso no os burlis vosotros ms de ellos y los cubrs de baldn en el hecho de que a los de piedra y arcilla les dais culto sin que tenga que custodiarlos nadie?, pero a los de plata y oro los encerris durante la noche y les ponis guarda durante el da para que no los roben? 8. Pues digamos de las honras que creis tributarles. A la verdad, si vuestros dioses tienen sentido, ms bien los castigis con ellas; y sin son insensibles, con vuestras ofrendas de sangre y grasas no hacis sino poderlos de manifiesto. 9. Pruebe, si no, alguno de vosotros a soportar nada de eso; aguante nadie que se le hagan tales ofrendas. Naturalmente, no habr hombre en el mundo que soporte de buena gana semejante tormento, pues el hombre tiene sentido y razn; la piedra, en cambio, lo soporta todo, porque es insensible. 10. En conclusin, mucho ms pudiera decir sobre la razn que tienen los cristianos de no someterse a la servidumbre de tales dioses; mas si lo dicho no le pareciere a alguno suficiente, tengo por tiempo perdido el seguir diciendo nada ms.

Refutacin del judasmo

III. Despus de esto, creo que tienes particular deseo de saber por qu los cristianos no practican la misma forma de culto a Dios que los judos. 2. Ahora bien, los judos, en cuanto se apartan de la sobredicha idolatra y dan culto a un solo Dios y soberano Dueo del universo, tienen absolutamente razn; mas en el hecho de tributarle a Dios ese culto de modo semejante a los antedichos, se equivocan de medio a medio. 3. Porque si los griegos dan pruebas de insensatez al ofrecer sus sacrificios a dolos insensibles y sordos, stos, que piensan ofrecrselos a Dios como si tuviera necesidad de ellos, ms bien hay que decir que practican una necedad que una religin o culto a Dios. 4. Porque aquel Dios que hizo el cielo y la tierra y cuanto en ella se contiene, y que a todos nos suministra lo que necesitamos, de nada absolutamente puede estar l mismo necesitado, cuando es l quien procura las cosas a los mismos que se imaginan ofrecrselas. 5. Ahora bien, los judos, que creen ofrecerle sacrificios de sangre y grasa y holocaustos y que con estos honores le enaltecen, me parece a m que en nada se diferencian de los que tributan esas mismas honras a dolos sordos. Los unos se los tributan a quienes ninguna parte pueden tener en tales honores; los otros se imaginan dar algo a quien de nada tiene necesidad.

Inanidad de las observancias judaicas

IV. Por lo dems, no creo que tengas necesidad de que te informe yo sobre su escrpulo respecto a las comidas, su supersticin acerca de los sbados, su orgullo de la circuncisin, su simulacin en ayunos y novilunios, cosas todas ridculas e indignas de consideracin alguna. 2. Porque cmo no tener por impo que las cosas creadas por Dios para uso de los hombres, unas se acepten como bien creadas y otras se rechacen como intiles y superfluas? 3. Y cmo no tachar de sacrlego calumniar a Dios, imaginando que nos prohbe hacer bien algn da de sbado? 4. Pues ya, que se blasone de la mutilacin de la carne como de signo de eleccin y creerse por ello particularmente amados de Dios, quin no ve ser pura ridiculez? 5. Y el estar en perpetuo acecho de los astros y de la luna para sus observaciones de meses y das y distribuir las disposiciones de Dios y los cambios de las estaciones conforme a sus propios impulsos, unas para fiestas y otras para duelos, quin no lo tendr antes por prueba de insensatez que de religin?

6. As, pues, creo que lo dicho basta para que hayas comprendido con cunta razn los cristianos se partan no slo de la comn vanidad y engao, sino tambin de las complicadas observancias y tufos de los judos. Ahora, por lo que al misterio de su propia religin atae, no esperes que lo vas a entender de hombre alguno.

Paradojas cristianas

V. Los cristianos, en efecto, no se distinguen de los dems hombres ni por su tierra ni por su habla ni por sus costumbres. 2. Porque ni habitan ciudades exclusivas suyas, ni hablan una lengua extraa, ni llevan un gnero de vida aparte de los dems. 3. A la verdad, esta doctrina no ha sido por ellos inventada gracias al talento y especulacin de hombres curiosos, ni profesan, como otros hacen, una enseanza humana; 4, sino que, habitando ciudades griegas o brbaras, segn la suerte que a cada uno le cupo, y adaptndose en vestido, comida y dems gnero de vida a los usos y costumbres de cada pas, dan muestras de un tenor de peculiar conducta, admirable, y, por confesin de todos, sorprendente. 5. Habitan sus propias patrias, pero como forasteros; toman parte en todo como ciudadanos y todo lo soportan como extranjeros; toda tierra extraa es para ellos patria, y toda patria, tierra extraa. 6. Se casan como todos; como todos engendran hijos, pero no exponen los que les nacen. 7. Ponen mesa comn, pero no lecho. 8. Estn en la carne, pero no viven segn la carne. 9. Pasan el tiempo en la tierra, pero tienen su ciudadana en el cielo. 10. Obedecen a las leyes establecidas; pero con su vida sobrepasan las leyes. 11. A todos aman y por todos son perseguidos. 12. Se los desconoce y se les condena. Se los mata y en ello se les da la vida. 13. Son pobres y enriquecen a muchos. Carecen de todo y abundan en todo. 14. Son deshonrados y en las mismas deshonras son glorificados. Se los maldice y se los declara justos. 15. Los vituperan y ellos bendicen. Se los injuria y ellos dan honra. 16. Hacen bien y se los castiga como malhechores; castigados de muerte, se alegran como si se les diera la vida. 17. Por los judos se los combate como a extranjeros; por los griegos son perseguidos y, sin embargo, los mismos que los aborrecen no saben decir el motivo de su odio.

Los cristianos, alma del mundo

VI. Mas, para decirlo brevemente, lo que es el alma en el cuerpo, eso son los cristianos en el mundo. 2. El alma est esparcida por todos los miembros del cuerpo, y cristianos hay por todas las ciudades del mundo. 3. Habita el alma en el cuerpo, pero no procede del cuerpo; as los cristianos habitan en el mundo, pero no son del mundo. 4. El alma invisible est encerrada en la crcel del cuerpo visible; as los cristianos son conocidos como quienes viven en el mundo, pero su religin sigue siendo invisible. 5. La carne aborrece y combate al alma, sin haber recibido agravio alguno de ella, porque no le deja gozar de los placeres; a los cristianos los aborrece el mundo, sin haber recibido agravio de ellos, porque renuncian a los placeres. 6. El alma ama a la carne y a los miembros que la aborrecen, y los cristianos aman tambin a los que los odian. 7. El alma est encerrada en el cuerpo, pero ella es la que mantiene unido al cuerpo; as los cristianos estn detenidos en el mundo, como en una crcel, pero son los que mantienen la trabazn del mundo. 8. El alma inmortal habita en una tienda mortal; as los cristianos viven de paso en moradas corruptibles, mientras esperan la incorrupcin en los cielos. 9. El alma, maltratadas en comidas y bebidas, se mejora; lo mismo los cristianos, castigados de muerte cada da, se multiplican ms y ms. 10. Tal el puesto que Dios les seal y no les es lcito desertar de l.

Origen divino del cristianismo

VII. Porque no es, como dije, invencin humana sta que a ellos fue transmitida, ni tuvieran por digno de ser tan cuidadosamente observado un pensamiento mortal, ni se les ha confiado la administracin de misterios terrenos. 2. No, sino Aquel que es verdaderamente omnipotente, creador del universo y Dios invisible, l mismo hizo bajar de los cielos Su verdad y Su Palabra santa e incomprensible y la aposent en los hombres y slidamente la asent en sus corazones. Y eso, no mandndoles a los hombres, como alguien pudiera imaginar, alguno de sus servidores, o a un ngel, o prncipe alguno de los que gobiernan las cosas terrestres, o alguno de los que tienen encomendadas las administraciones de los cielos, sino al mismo Artfice y Creador del universo, Aquel por quien cre los cielos, por quien encerr al mar en sus propias lindes; Aquel cuyo misterio guarda fielmente todos los elementos; de cuya mano recibi el sol las medidas que ha de guardar en sus carreras del da; a quien obedece la luna cuando le manda lucir durante la noche; a quien obedecen tambin las estrellas que forman el squito de la luna en su carrera; Aquel, en fin, por quien todo fue ordenado y definido y sometido: los cielos y cuanto en cielos se contiene; la tierra y cuanto en tierra existe; el mar y cuanto en el mar se encierra; el fuego, el aire, el abismo, lo que est en lo alto, lo que est en lo profundo, lo que est entremedio: A ste les envi! 3. Pues ya, acaso, como alguien pudiera pensar, le envi para ejercer una tirana o infundirnos terror y espanto? 4. De ninguna manera! Le envi en clemencia y mansedumbre, como un rey envi a su hijo-rey; como a Dios nos le envi, como hombre a los hombres le envi, para salvarnos le envi; para persuadir, para no violentar, pues en Dios no se da la violencia. 5. Le envi para llamar, no para castigar; le envi, en fin, para amar, no para juzgar. 6. Le mandar, s, un da, como juez, y quin resistir entonces su presencia?

("Las obras, empero, de nuestro Salvador estuvieron siempre a la vista de todos, puesto que eran verdaderas. As los curados de sus enfermedades, los resucitados de entre los muertos, que no fueron vistos solamente en el momento de ser curados y resucitados, sino que continuaron en adelante a la vista de todo el mundo, y eso no slo mientras el Salvador permaneci sobre la tierra, sino que sobrevivieron despus de muerto Aquel, hasta el punto que algunos de ellos han alcanzado hasta nuestros das". Fragmento de Cuadrato, Eusebio, Historia Eclesistica, IV,3).

Los mrtires, testigos de la divinidad del cristianismo

7. No ves cmo son arrojados a las fieras, para obligarlos a renegar de su Seor, y no son vencidos? 8. No ves cmo, cuanto ms se los castiga de muerte, ms se multiplican otros? 9. Eso no tiene visos de obra de hombre; eso pertenece al poder de Dios; eso son pruebas de su presencia.

La manifestacin de Dios por la encarnacin

VIII. Porque quin, en absoluto, de entre los hombres, supo jams qu cosa sea Dios antes de que l mismo viniera? 2. O es que vas a aceptar los vanos y estpidos discursos de los filsofos, gente, por cierto, digna de toda fe? De los cuales unos afirmaron que Dios era fuego (a donde tienen ellos que ir, a eso llaman Dios!); otros, agua; otros, otro cualquiera de los elementos creados por el mismo Dios. 3. Y no hay duda que, si alguna de estas proposiciones fuera aceptable, de cada una de las dems criaturas pudiera, con la misma razn, afirmarse que es Dios. 4. Mas todo eso no pasa de monstruosidades y desvaro de hechiceros; 5, y lo cierto es que ningn hombre vio ni conoci a Dios, sino que fue l mismo quien se manifest. 6. Ahora bien, se manifest por la fe, nica a quien se le concede ver a Dios.

7. Y, en efecto, aquel Dios, que es Dueo soberano y Artfice del universo, el que cre todas las cosas y las distingui segn su orden, no slo se mostr benigno con el hombre, sino tambin longnime. 8. A la verdad, l siempre fue tal y lo sigue siendo y lo ser, a saber: clemente y bueno y manso y veraz; es ms: slo l es bueno. 9. Y habiendo concebido un grande e inefable designio, lo comunic slo con Su Hijo.

10. Ahora bien, en tanto mantena en secreto y se guardaba su sabio consejo, pareca que no se cuidaba y que nada se le importaba de nosotros; 11, mas cuando nos lo revel por medio de Su Hijo amado y nos manifest lo que tena aparejado desde el principio, todo nos lo dio juntamente; no slo tener parte en su beneficio, sino ver y entender cosas cuales nadie de nosotros hubiera jams esperado.

La economa divina

IX. As, pues, cuando Dios lo tuvo todo dispuesto en S mismo juntamente con Su Hijo, hasta el tiempo prximamente pasado, nos permiti, a nuestro talante, que nos dejramos llevar de nuestros desordenados impulsos, arrastrados por placeres y concupiscencias. Y no es en absoluto que l se complaciera en nuestros pecados, sino que los soportaba. Ni es tampoco que Dios aprobara aquel tiempo de iniquidad, sino que estaba preparando el tiempo actual de justicia, a fin de que, convictos en aquel tiempo por nuestras propias obras de ser indignos de la vida, furamos hechos ahora dignos de ella por la clemencia de Dios; y habiendo hecho parte patente que por nuestras propias fuerzas era imposible que entrramos en el reino de Dios, se nos otorgue ahora el entrar por la virtud de Dios. 2. Y cuando nuestra maldad lleg a su colmo y se pudo totalmente de manifiesto que la sola paga de ella que podamos esperar era castigo y muerte, venido que el momento que Dios tena predeterminado para mostrarnos en adelante Su clemencia y poder (oh, benignidad y amor excesivo de Dios!), no nos aborreci, no nos arroj de s, no nos guard resentimiento alguno; antes bien se nos mostr longnime, nos soport; l mismo, por pura misericordia, carg sobre S nuestros pecados; l mismo entreg a Su propio Hijo como rescate por nosotros; al santo por los pecadores, al Inocente por los malvados, al justo por los injustos, al Incorruptible por los corruptibles, al Inmortal por los mortales. 3. Porque qu cosa podra cubrir nuestros pecados sino la justicia Suya? 4. En quin otro podramos ser justificados nosotros, inicuos e impos, sino en el solo Hijo de Dios?

5. Oh dulce trueque, oh obra insondable, oh beneficios inesperados! Que la iniquidad de muchos quedara oculta en un solo Justo y la justicia de uno solo justificar a muchos inicuos! 6. As, pues, habindonos Dios convencido en el tiempo pasado de la imposibilidad, por parte de nuestra naturaleza, para alcanzar la vida, y habindonos mostrado ahora al Salvador que puede salvar aun lo imposible, por ambos lados quiso que tuviramos fe en Su bondad y le mirramos como a nuestro sustentador, Padre, maestro, consejero, mdico, inteligencia, luz, honor, gloria, fuerza, vida, y no andemos preocupados por el vestido y la comida.

El amor, esencia de la nueva religin

X. Si deseas alcanzar t tambin esa fe, trata, ante todo, de adquirir conocimiento del Padre. 2. Porque Dios am a los hombres, por los cuales hizo el mundo, a los que someti cuanto hay en la tierra, a los que concedi inteligencia y razn, a los solos que permiti mirar hacia arriba para contemplarle a l, los que plasm de Su propia imagen, a los que envi Su Hijo unignito, a los que prometi Su reino en el cielo, que dar a los que le hubieren amado. 3. Ahora, que hayas conocido a Dios Padre, de qu alegra piensas que sers colmado? O cmo amars a quien hasta el extremo te am antes a ti? 4. Y en amndole que le ames, te convertirs en imitador de Su bondad. Y no te maravilles de que el hombre pueda venir a ser imitador de Dios. Querindolo Dios, el hombre puede. 5. Porque no est la felicidad en dominar tirnicamente nuestro prjimo, ni en querer estar por encima de los ms dbiles, ni en enriquecerse y violentar a los necesitados. No es ah donde puede nadie imitar a Dios, sino que todo eso es ajeno a Su magnificencia. 6. El que toma sobre s la carga de su prjimo; el que est pronto a hacer bien a su inferior en aquello justamente en que l es superior; el que, suministrando a los necesitados lo mismo que l recibi de Dios, se convierte en Dios de los que reciben de su mano, ese es el verdadero imitador de Dios.

7. Entonces, aun morando en la tierra, contemplars a Dios cmo tiene Su imperio en el cielo; entonces empezars a hablar los misterios de Dios; entonces amars y admirars a los que son castigados de muerte por no querer negar a Dios; entonces condenars el engao y extravo del mundo, cuando conozcas la verdadera vida del cielo cuando desprecies esta de aqu parece muerte, cuando temas la que es de verdad muerte, que est reservada para los condenados al fuego eterno, fuego que ha de atormentar hasta el fin a los que fueren arrojados a l. 8. Cuando conozcas este fuego, admirars y tendrs por hadados a los que, por amor de la justicia, soportan este otro fuego de un momento.

Eplogo

XI. No hablo de cosas peregrinas ni voy a la bsqueda de lo absurdo, sino, discpulo que he sido de los apstoles, me convierto en maestro de las naciones: yo no hago sino transmitir lo que me ha sido entregado a quienes se han hecho discpulos dignos de la verdad. 2. Porque quin que haya sido rectamente enseado y engendrado por el Verbo amable, no busca saber con claridad lo que fue con el mismo Verbo manifiestamente mostrado a Sus discpulos? A ellos se lo manifest, a Su aparicin, el Verbo, hablndoles con libertad. Incomprendido por los incrdulos, l conversaba con los discpulos, los cuales, reconocidos por l como fieles, conocieron los misterios del Padre. 3. Por eso justamente Dios envi al Verbo para que se manifestara al mundo; Verbo que, despreciado por el pueblo, predicado por los apstoles, fue credo por los gentiles. 4. l, que es desde el principio, que apareci nuevo y fue hallado viejo y que nace siempre nuevo en los corazones de los santos. 5. l, que es siempre, que es hoy reconocido como Hijo, por quien la Iglesia se enriquece, y la gracia, desplegada, se multiplica en los santos; gracia que procura la inteligencia, manifiesta los misterios, anuncia los tiempos, se regocija en los creyentes, se reparte a los que buscan, a los que no infringen las reglas de la fe ni traspasan los lmites de los padres. 6. Luego se canta el temor de la ley, se reconoce la gracia de los profetas, se asienta la fe en los Evangelios, se guarda la tradicin de los apstoles y la gracia de la Iglesia salta de jbilo. 7. Si no contristas esta gracia, conocers lo que el Verbo habla por medio de quienes quiere y cuando quiere. 8. Y, en efecto, cuantas cosas fuimos movidos a explicaros con celo por voluntad del Verbo que nos las inspira o las comunicamos por amor de las mismas cosas que nos han sido reveladas.

XII. Si con empeo las atendiereis y escuchareis, sabris qu de bienes procura Dios a quienes lealmente le aman, como que se convierten en un paraso de deleites, produciendo en s mismos un rbol frtil y frondoso, adornados ellos de toda variedad de frutos. 2. Porque en este lugar fue plantado el rbol de la ciencia y el rbol de la vida; pero no es la ciencia la que mata, sino la desobediencia mata. 3. En efecto, no sin misterio est escrito que Dios plant en el principio el rbol de la ciencia y el rbol de la vida en medio del paraso, dndonos a entender la vida por medio de la ciencia; mas por no haber usado de ella de manera pura los primeros hombres, quedaron desnudos por seduccin de la serpiente. 4. Porque no hay vida sin ciencia, ni ciencia segura sin vida verdadera; de ah que los dos rboles fueron plantados uno cerca de otro. 5. Comprendiendo el apstol este sentido y reprendiendo la ciencia que se ejercita sin el mandamiento de la verdad en orden de la vida, dice: la ciencia hincha mas el amor edifica. 6. Porque el que piensa saber algo sin la ciencia verdadera y atestiguada por la vida, nada sabe, sino que es seducido por la serpiente por no haber amado la vida. Mas el que con temor ha alcanzado la ciencia y busca adems la vida, ese planta en esperanza y aguarda el fruto. 7. Sea para ti la ciencia corazn; la vida, empero, el Verbo verdadero comprendido. 8. Si su rbol llevas y produces en abundancia su fruto, cosechars siempre lo que ante Dios es deseable, fruto que la serpiente no toca y al que no se mezcla engao; ni Eva es corrompida sino que es creda virgen; 9. La salvacin es mostrada, y los apstoles se vuelven sabios y la pascua del Seor se adelanta, y antorchas se renen, y con el mundo se desposa y, a la par que instruye a los santos, se regocija el Verbo, por quien el Padre es glorificado.

A l sea la gloria por los siglos. Amn.

PADRES APOSTLICOS, Daniel Ruz Bueno, BAC, Madrid, 1985, Pgs.845-860

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