Carta de Ignacio a los Esmirnios

Por Arcadio Sierra Daz - 23 de Abril, 2007, 17:38, Categora: General

EXCURSUS DEL CAPTULO I

CARTA DE IGNACIO A LOS ESMIRNIOS

(En este documento se encuentra el registro escrito ms antiguo sobre lo que ya se estaba dando en algunas partes, que hubiese distincin entre obispo y presbtero, considerando al obispo superior a los presbteros o ancianos. No obstante que este documento puede tener algn valor histrico-cultural, debe advertirse que su contenido, en algunos aspectos como el caso del obispado de su captulo VIII, es contrario a las Escrituras y, por lo mismo, para el pueblo cristiano esa parte no tendra ningn valor espiritual)

Firma y saludo

Ignacio, por sobrenombre Portador de Dios: A la Iglesia de Dios Padre y del amado Jesucristo; la que alcanz misericordia en todo don de la gracia; la que est colmada de fe y caridad, sin que le falte carisma alguno; Iglesia divinsima y portadora de santidad, establecida en Esmirna del Asia: Mi ms ntimo saludo en espritu irreprochable y en palabra de Dios.

gnacio, por sobrenombre Portador de Dios: A la Iglesia de Dios Padre y del amado Jesucristo; la que alcanz misericordia en todo don de la gracia; la que est colmada de fe y caridad, sin que le falte carisma alguno; Iglesia divinsima y portadora de santidad, establecida en Esmirna del Asia: Mi ms ntimo saludo en espritu irreprochable y en palabra de Dios.

Loa del destinatario. Profesin de fe

I. Yo glorifico a Jesucristo, Dios, que es quien hasta tal punto os ha hecho sabios; pues muy bien me di cuenta de cun apercibidos estis de fe inconmovible, bien as como si estuvierais clavados, en carne y en espritu, sobre la cruz de Jesucristo, y qu afianzados en la caridad por la sangre del mismo Cristo. Y es que os vi llenos de certidumbre en lo tocante a nuestro Seor, el cual es, con toda verdad, del linaje de Dios segn la carne, Hijo de Dios segn la voluntad y poder de Dios, nacido verdaderamente de una virgen, bautizado por Juan, para que fuera por l cumplida toda justicia. 2. De verdad, finalmente, fue clavado en la cruz bajo Poncio Pilatos y el tetrarca Herodes -de cuyo fruto somos nosotros, fruto, digo, de su divina y bienaventurada pasin-, a fin de alcanzar bandera por los siglos, por medio de su resurreccin, entre sus santos y fieles, ora vengan de los judos, ora de los gentiles, aunados en un solo cuerpo de su Iglesia.

Los docetas, entes aparenciales

II. Porque todo eso lo sufri el Seor por nosotros a fin de que nos salvemos; y lo sufri verdaderamente, as como verdaderamente se resucit a s mismo, no segn dicen algunos infieles, que slo sufri en apariencia. Ellos s que son la pura apariencia! Y, segn como piensan, as les suceder, que se queden en entes incorpreos y fantasmales.

"Tocad, palpad y ved"

III. Yo, por mi parte, s muy bien sabido, y en ello pongo mi fe, que, despus de su resurreccin, permaneci el Seor en su carne. 2. Y as, cuando se present a Pedro y sus compaeros, les dijo: Tocadme, palpadme y ved cmo yo no soy un espritu incorpreo. Y al punto le tocaron y creyeron, quedando compenetrados con su carne y con su espritu. Por eso despreciaron la misma muerte o, ms bien, se mostraron superiores a la muerte. 3. Es ms, despus de su resurreccin, comi y bebi con ellos, como hombre de carne que era, si bien espiritualmente estaba hecho una cosa con su Padre.

Fieras en forma humana

IV. Ahora bien, carsimos, todo eso os lo encarezco, aun a sabiendas de que tambin vosotros sents as. Pero es que yo hago de centinela por vosotros contra esas fieras en forma humana, a las que es necesario que no slo no las recibis entre vosotros, sino que, de ser posible, ni aun toparos debis con ellas. Lo nico que os cumple es que roguis por ellos, por si hay manera de que se conviertan, cosa por cierto difcil. Sin embargo, eso cae dentro del poder de Jesucristo, verdadera vida nuestra.

2. Porque si slo en apariencia fueron hechas todas estas cosas por nuestro Seor, luego tambin yo estoy cargado de cadenas en apariencia. Por qu, entonces, me he entregado yo, muy entregado, a la muerte, a la espada, a las fieras? Mas la verdad es que estar cerca de la espada es estar cerca de Dios, y encontrarse en medio de las fieras es encontrarse en medio de Dios. Lo nico que hace falta es que ello sea en nombre de Jesucristo. A trueque de sufrir juntamente con l, todo lo soporto, como quiera que l mismo, que se hizo hombre perfecto, es quien me fortalece.

Los que niegan, son negados

V. A l, por desconocerle, le niegan algunos; o, ms bien, han sido por l negados, como abogados que son antes de la muerte que de la verdad. Gentes a quienes no han logrado convencer los profetas ni la ley de Moiss, ni siquiera, hasta el presente, el Evangelio mismo, ni los sufrimientos de cualesquiera de nosotros. 2. Y es que sobre nosotros profesan tambin la misma opinin.

Porque, de qu me aprovecha que alguien me alabe a m, si maldice de mi Seor al no confesar que lleva una carne? El que esto no confiesa, le ha negado absolutamente, y es l entonces quien lleva sobre s un cadver.

3. Ahora, por lo que hace a sus nombres, como son de gentes infieles, no me pareci bien consignarlos aqu. Es ms: ni aun acordarme quisiera de ellos hasta que se conviertan a aquella pasin que es nuestra resurreccin.

Caridad, piedra de toque

VI. Que nadie se lleve a engao: aun las potestades celestes y la gloria de los ngeles y los prncipes, visibles e invisibles, si no creen en la sangre de Cristo, estn tambin sujetos a juicio. El que pueda entender que entienda. Que nadie se engra por el lugar que ocupa, pues el todo est en la fe y en el amor, a las que nada se puede anteponer.

2. Por lo dems, respecto a los que profesan doctrinas ajenas a la gracia de Jesucristo, venido a nosotros, daos cuenta cabal de cun contrarias son al sentir de Dios. La prueba es que nada se les da por el amor; no les importa la viuda y el hurfano, no se les da nada del atribulado, ni se preocupan de quin est encadenado o suelto, hambriento o sediento.

Los herejes huyen de la Eucarista

VII. Aprtense tambin de la Eucarista y de la oracin, porque no confiesan que la Eucarista es la carne de nuestro Salvador Jesucristo, la misma que padeci por nuestros pecados, la misma que, por su bondad, resucit el Padre. As, pues, los que contradicen al don de Dios, mueren y perecen entre sus disquisiciones. Cunto mejor les fuera celebrar la Eucarista, a fin de que resucitaran!

2. Conviene, por tanto, apartarse de tales gentes, y ni privada ni pblicamente hablar de ellos, sino prestar toda atencin a los profetas, y sealadamente al Evangelio, en que la pasin se nos hace patente y vemos cumplida la resurreccin. Toda escisin, en cambio, huidla, como principio de males.

Todo bajo la dependencia del obispo

VIII. Seguid todos al obispo, como Jesucristo al Padre, y al colegio de ancianos como a los apstoles; en cuanto a los diconos, reverenciadlos como al mandamiento de Dios. Que nadie, sin contar con el obispo, haga nada de cuanto atae a la Iglesia. Slo aquella Eucarista ha de tenerse por vlida que se celebre por el obispo o por quien de l tenga autorizacin.

2. Dondequiera apareciere el obispo, all est la muchedumbre, al modo que dondequiera estuviere Jesucristo, all est la Iglesia universal. Sin contar con el obispo, no es lcito ni bautizar ni celebrar la Eucarista; sino, ms bien, aquello que l aprobare, eso es tambin lo agradable a Dios, a fin de que cuanto hiciereis sea seguro y vlido.

Exhortaciones y gratos recuerdos

IX. Razonable cosa es que por fin volvamos sobre nosotros mismos, mientras an tenemos tiempo para convertirnos a Dios. Bien est que sepamos de Dios y del obispo. El que honra al obispo, es honrado de Dios. El que a ocultas del obispo hace algo, rinde culto al diablo.

2. Que todo, pues, redunde en gracia para vosotros, pues dignos sois de ello. En todo me aliviasteis, como a vosotros ruego os alivie Jesucristo. Ausente, lo mismo que presente, me habis dado pruebas de vuestro amor. Que Dios sea vuestra paga, a quien alcanzaris, como todo lo soportis por su amor.

Mis cadenas, rescate vuestro

X. Bien hicisteis en recibir, como a ministros que son de Cristo Dios, a Filn y Reo Agatpode, que me van acompaando con la sola mira de Dios. Ellos dan tambin gracias al Seor por vosotros, por haberlos aliviado de todas las maneras. Nada de eso ha de ser perdido para vosotros.

2. Por rescate vuestro ofrezco mi espritu y mis cadenas, que vosotros no despreciasteis altivamente ni os avergonzasteis de ellas. Tampoco de vosotros se avergonzar aquel que es vuestra cabal esperanza: Jesucristo.

Un embajador de Dios a Antioqua

XI. Vuestra oracin ha llegado hasta la iglesia de Antioqua de Siria, desde donde, cargado de estas divinsimas cadenas, voy saludando a todos, yo, que no soy digno de contarme entre ellos, pues soy el ltimo de todos; sin embrago, porque as lo quiso el Seor, y no por los mritos de que yo tenga conciencia, sino de pura gracia de Dios -y ojal me sea dada cumplida!-, fu hecho digno, por vuestra oracin, de alcanzar a Dios.

2. Ahora bien, para que vuestra obra llegue a su perfeccin, tanto en la tierra como en el cielo, es conveniente, para honor de Dios, que vuestra iglesia elija a un embajador divino que vaya hasta la Siria y les felicite por gozar de paz y haber recobrado su propia grandeza y se haya restablecido el propio cuerpecillo de aquella iglesia.

3. As, pues, me ha parecido cosa digna de Dios enviar a alguno de los vuestros con una carta, a fin de que celebre juntamente con ella la bonanza divina que les ha sobrevenido y que por vuestra oracin hayan felizmente arribado ya al puerto. Si sois perfectos, tened tambin pensamientos de perfeccin. Porque si vosotros estis decididos a obrar bien, pronto est Dios tambin a procuraros lo que hubiereis de necesitar.

Saludos y despedida

XII. Os saluda el amor de los hermanos de Troas, desde donde tambin os escribo por mano de Burro, que enviasteis conmigo juntamente con los efesios, hermanos vuestros, y que en todo me ha aliviado. Y pluguiera a Dios que todos le imitaran, como dechado que es en el ministerio de Dios! Que la gracia se lo recompense de todo en todo. 2. Saludo a vuestro obispo, digno de Dios; al divino colegio de ancianos, y a los diconos, consiervos mos, y a todos los del pueblo en general, en nombre de Jesucristo, en su carne y en su sangre, en su pasin y resurreccin, corporal a par que espiritual, en la unidad de Dios y de vosotros. Que la gracia sea con vosotros; la misericordia, la paz y la paciencia en todo momento.

Saludos particulares

XIII. Saludo a las familias de mis hermanos, con sus mujeres e hijos, a las vrgenes que son llamadas "viudas". Recibid mi adis en la virtud del Padre. Os saluda Filn, que est conmigo.

2. Mi saludo a la familia de Tavas, a la que ruego se afiance en la fe y en el amor, tanto corporal como espiritual. Saludo a Alce, nombre para m querido, y a Dafno, el incomparable, y a Eutecno, y nominalmente a todos. Adis en la gracia de Dios.

PADRES APOSTLICOS. Versin de Daniel Ruz Bueno. BAC, Madrid. Quinta edicin de 1985. Pginas 488 a 496.

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