23 de Abril, 2007

La Iglesia de Jesucristo

Por Arcadio Sierra Daz - 23 de Abril, 2007, 19:44, Categora: General

LA IGLESIA DE JESUCRISTO

UNA PERSPECTIVA HISTRICO-PROFTICA

ARCADIO SIERRA DAZ

1998

Para acceder a todos los artculos publicados en este blog, por favor haga clic en General

Elpresente blog contiene: "La Iglesia de Jesucristo, Una Perspectiva Histrico-Proftica", "Los Vencedores y el Reino Milenial" y "Los Concilios Ecumnicos, Glosas al Margen".

Enlaces: Estudios homilticos - Vida espiritual - Exgesis histrico-proftica - Soteriologa - Palabras de vida - Crnicas testimoniales - Vida de la Iglesia

Pueden comunicarse con el autor por medio de los siguientes e-mail: arcamarina@hotmail.com

cristiasidia@gmail.com

CONTENIDO

Prefacio

Captulo I - EFESO

La carta a Efeso - Panormica sobre el fundamento de la Iglesia - Una Iglesia unida - El Reino de Dios - El candelero - Una Iglesia llena de amor - Los apstoles

Herejas tempranas: a) Ebionitas, b) Docetismo, c) Gnosticismo.

El amor es sufrido y paciente - Efeso se desliza - Los nicolatas - Odos sordos - Recompensa para los vencedores - La continuidad apostlica

Excursus del Captulo I: Carta de Ignacio a los Esmirnios

: Carta de Ignacio a los Esmirnios

Captulo II - ESMIRNA

La carta a Esmirna - Trago amargo - Ricos en la pobreza - Sinagogas de Satans

Herejes y herejas: a) Marcin, b) Sabelianismo, c) Montano y los montanistas, d) El maniquesmo, 68.

Las diez persecuciones: 1) Nern, 2) Domiciano, 3) Antonino Po, 4) Marco Aurelio, 5) Septimio Severo, 6) Maximino Tracio, 7) Decio, 8) Galo, 9) Valeriano, 10) Dioclesiano..

Constantino el Grande - El dao de la segunda muerte

La patrstica: a) Clemente de Alejandra, b) Orgenes, c) Gregorio Taumaturgo, 81.

Escuelas teolgicas: a) de Alejandra, b) de Antioqua, c) de Asia Menor, d) del Norte de frica.

Los apologistas: a) Cuadrato, b) Arstides, c) Epstola a Diogneto, d) Justino Mrtir, e) Melitn, f) Apolinar de Hierpolis, g) Atengoras, h) Milciades, i) Tefilo, j) Taciano, k) Minucio Flix, l) Hermias.

Los polemistas: a) Ireneo,b) Tertuliano.

Excursus del Captulo II: I. Martirio de Policarpo - II. Epstola a Diogneto

: I. Martirio de Policarpo - II. Epstola a Diogneto

Captulo III- PERGAMO

La carta a Prgamo - El trono de Satans - Matrimonio con el mundo - La Iglesia morando en la tierra - El edicto de tolerancia - La doctrina de Balaam - El camino de Balaam - El error de Balaam - Constantino el Grande - Consolidacin de los nicolatas - La Iglesia llamada a cortar con el mundo - El ascetismo

Grandes exponentes de la patrstica: a) Eusebio de Cesarea, b) Atanasio de Alejandra, c) Los Capadocios: Basilio el Grande, Gregorio de Niza y Gregorio Nacianceno, d) Ambrosio de Miln, e) Jernimo, f) Juan Crisstomo, g) Agustn de Hipona.

Herejas en Prgamo: a) Donato y el donatismo; b) Arrio y el arrianismo; c) Apolinar y el apolinarismo; d) Pelagio y el pelagianismo; e) Nestorio y el nestorianismo.

El man escondido - Transicin entre Prgamo y Tiatira

Excursus del Captulo III - Edictos imperiales

- Edictos imperiales

Captulo IV - TIATIRA

La carta a Tiatira - Torre alta - Obras en la apostasa - Mujer dominante - Babilonia la grande - Races del cesaropapismo - Los fraudes pos y la feudalizacin del papado - El cesaropapismo en el cenit - Algunas paradojas del papado romano - La corona pontificia - El clero - La inquisicin - El ndice - Los Jesuitas

Escolasticismo: a) Anselmo, b) Abelardo, c) Hugo de San Vctor, d) Pedro Lombardo, e) Buenaventura, f) Alberto Magno, g) Toms de Aquino, h) Juan Duns Escoto, i) Guillermo de Occam.

Las indulgencias - La condicin de Tiatira no mejorar - El juicio de la gran ramera - El remanente de Tiatira - El ladrillo y la piedra - Los vencedores de Tiatira

Los prerreformadores: a) Francisco de Ass, b) Pedro de Bruys, c) Enrique de Lausana, d) Arnoldo de Brescia, e) Los Valdenses, f) Los Ctaros, g) Los Albigenses, h) Juan Wycliffe, i) Juan Huss, j) Jernimo Savonarola.

Excursus del captulo IV - Donacin de Constantino

- Donacin de Constantino

Captulo V - SARDIS

La carta a Sardis - Los escapados de Tiatira - Comienza la restauracin de la casa de Dios - Lutero y la Reforma - Las indulgencias para San Pedro - El conflicto con Roma - La Dieta de Worms - Las obras imperfectas de Sardis

El origen de las "iglesias nacionales": a) En Alemania, b) En Suiza, Ulrico Zwinglio, Juan Calvino, c) En Francia, d) En Escocia, e) En Inglaterra.

La paz de Westfalia - Como ladrn en la noche

Las grandes denominaciones: a) Anabaptistas, b) Menonitas, c) Puritanos, d) Bautistas, Carlos H. Spurgeon, e) Cuqueros, f) Presbiterianos, g) Metodistas, Jorge Withefield, Juan Wesley, David Livingstone.

Ecumenismo - Vestiduras sin mancha - Los vencedores de Sardis - Pietismo

Excursus del captulo V: I. Taxa Camar. II. Las 95 Tesis de Lutero. III. Las tesis del Arminianismo vs. Calvinismo

: I. Taxa Camar. II. Las 95 Tesis de Lutero. III. Las tesis del Arminianismo vs. Calvinismo

Captulo VI - FILADELFIA

La carta a Filadelfia - Amor fraternal - Una puerta abierta - Precursores de la restauracin - La moderna historia de Jos

Cuatro caractersticas judaizantes: 1. El sacerdocio intermediario - 2. El cdigo escrito - 3. El templo fsico - 4. Las promesas terrenales

La hora de la prueba - Los Hermanos - Juan Nelson Darby - Benjamn Wills Newton - La corona de Filadelfia - Columnas en el templo - La restauracin en China - Watchman Nee - En Amrica

Excursus del captulo VI: Testimonio de los hermanos

: Testimonio de los hermanos

Captulo VII - LAODICEA

La carta a Laodicea - El juicio del pueblo - Filadelfia degradada - La iglesia tibia - La desventura de la jactancia - Oro refinado en fuego - El Seor castiga a los que ama - El Seor est a la puerta - Los vencedores de Laodicea - Eplogo

Bibliografa

P R E F A C I O

Antes de que finalizara el primer siglo de la era cristiana ya haba iglesias locales en muchas ciudades de algunas de las naciones aledaas a la cuenca del Mediterrneo, como Judea, Samaria, Galilea, Siria, Grecia, Macedonia, Egipto y el norte de frica, Roma, en las regiones de la antigua Mesopotamia, Media; pero sobre todo en el Asia Menor; y lo curioso es que de todas ellas el Seor quiso escoger preferentemente a siete, en el tiempo en que el apstol Juan fue confinado en la isla de Patmos, a fin de estampar en sendas cartas las profecas referentes al curso de la historia que eventualmente vivira la Iglesia de Jesucristo, y que Juan registra magistralmente en los captulos 2 y 3 de Apocalipsis. En cierta forma, el profundo contenido proftico de estas siete cartas ha sido subestimado, y de ah el desconocimiento que, sobre el particular, ha obstaculizado el entendimiento de lo que es la Iglesia de Jesucristo, en su sentido escritural y verdadero. Esas siete iglesias fueron escogidas en Asia Menor como prototipos de siete diferentes perodos profticos de la historia de la Iglesia, de tal manera que las caractersticas locales e histricas de cada una de ellas en ese tiempo, simbolizan el desarrollo de determinado perodo proftico de toda la Iglesia en esta era hasta que el Seor regrese, tema que queremos abordar panormicamente en el presente estudio histrico-proftico y arquetpico. En las siete cartas encontramos la historia completa de la Iglesia hasta el fin de esta era. Tengamos en cuenta que el Apocalipsis es un libro eminentemente proftico, y que las siete cartas de Apocalipsis son siete profecas (compare Apocalipsis 1:3 y 22:18).

Cuando decimos la Iglesia, de ninguna manera nos referimos a alguna de las organizaciones religiosas histricas, aun cuando infundadamente pretendan exhibir ttulos de legitimidad apostlica o reclamen derechos sucesorios y de antigedad, ostenten el nombre que ostenten, pues la Iglesia de Jesucristo no se confunde ni se identifica con ninguna de las organizaciones religiosas terrenales, aunque dentro de algunas de esas organizaciones de la cristiandad haya pueblo de Dios. El Seor jams tuvo el propsito de crear una organizacin jerrquica con cobertura imperial, mundial, nacional, o provincial; no. Si esa fuese la realidad, seguramente que l se hubiese dirigido a esa organizacin y a su "representante visible". El Seor se dirigi a siete iglesias representativas y tipolgicas, en sendas localidades del Asia Proconsular. Lo que generalmente se ha llamado cristiandad, involucra cierto grado de vaguedad en cuanto a la comprensin de la verdadera Iglesia del Seor. Tanta vaguedad encierra el trmino "cristiandad", que dentro de sus mismas caducas estructuras religiosas, acontecen las ms aberrantes divisiones, sorprendentes odios, guerras, persecuciones y contradicciones; no obstante, en la comunidad cristiana, Dios ha suscitado hombres y mujeres a los cuales les ha revelado Su voluntad, les ha dado luz y gua para su momento histrico-proftico y su entorno cultural, con miras a la edificacin de la unidad de Su Cuerpo.

En cada poca de la marcha de la humanidad, Dios trabaja para que surja una perspectiva nueva, nuevos acontecimientos son aadidos, de acuerdo al perodo proftico que corresponda, porque Dios es tambin el Seor de la historia, pues est establecido que de la historia de la Iglesia de Jesucristo nadie puede poner el punto final. No es nuestra intencin exponer los hechos slo bajo la perspectiva histrica, sino tambin y con mayor afianzamiento desde el punto de vista proftico, porque no nos limitamos a desglosar el acontecer histrico, sino que nuestras races beben las aguas prstinas de la Palabra de Dios, la cual es eminentemente proftica, eterna y verdadera, digna adems de toda confianza. La Palabra de Dios es inmutable, infalible y no est sujeta a modificaciones; de esto no hay que tener la menor duda. Los principios bblicos estn vigentes como el primer da, no obstante que en la historia han sido oscurecidos por tradiciones eclesisticas de la cristiandad profesante. Los principios bblicos son subestimados en aras de la prosperidad material, el poder temporal y el reconocimiento de los hombres.

Del futuro, el historiador no puede ofrecer ms que conjeturas; en cambio el profeta de Dios est seguro y convencido de los planes y propsitos del Seor, para todos los tiempos. Que lo diga un Daniel en Babilonia, un Jeremas en Jerusaln y un Juan en Patmos. Pero debemos ser justos al aclarar que la historia y la profeca se entrelazan, pues Dios tiene un plan proftico para la historia, plan que ha revelado con lujo de detalles a lo largo de toda Su Palabra.

La encarnacin del Verbo de Dios y la obra de Cristo en la cruz son los acontecimientos histricos ms importantes para la Iglesia, y durante los cuatro primeros siglos de esta era se consolid el registro cannico de esos hechos, pero el proceso de entendimiento de la Iglesia acerca de la revelacin divina, incluidos esos hechos tan importantes, no tuvo el suficiente desarrollo en su oportunidad, sino al contrario, sufri serios retrocesos en el curso de la historia, y con el tiempo la Iglesia perdi algunas cosas que recibi en el depsito, tratando a su vez de justificar esa prdida suplantando los principios de Dios con argumentos de factura humana. Pero Dios..., iba a permitir que todo se perdiera? De ninguna manera. El Seor ha venido trabajando para que todo lo perdido se recupere y se lleve a la prctica de la Iglesia el fruto del pleno entendimiento de todo el depsito de Dios.

La historia del cristianismo corre paralela con la de la humanidad; pero ms que la historia del cristianismo, es nuestro inters ir tras las huellas del reino de Dios, visto bajo la perspectiva de la Iglesia del Seor, lo cual no se puede lograr sino con los ojos de quien ha nacido de nuevo, porque el reino de Dios no es de este mundo, y no puede ser reconocido por los de este mundo, aun cuando est delante de sus ojos. No importa que se trate de un lego o un intelectual, un doctor en teologa, o alguien que represente los intereses de la cristiandad nominal en cualquiera de sus facciones. Para ver el reino de Dios es requisito indispensable pertenecer a l. El evangelio nos dice que Jess se regocij en el espritu por esta realidad, y por eso le dijo al Padre: "Yo te alabo, oh Padre, Seor del cielo y de la tierra, porque escondiste estas cosas de los sabios y entendidos, y las has revelado a los nios" (Lucas 10:21). Lleg el momento en que los sabios de este mundo intentaron tomarse el control y el gobierno de la Iglesia de Jess por la supremaca de su sabidura, pero Dios enloqueci la sabidura de este mundo, para que nadie por medio de esa sabidura enloquecida pudiese llegar a Dios, sino por medio de lo que los sabios, intelectuales y filsofos de esta era tratan de desechar tildndolo de locura, esto es, el evangelio y el verdadero propsito de Dios con el hombre y la creacin, el cual nos revela la autntica sabidura de Dios, Su Hijo Jesucristo.

No es el propsito del presente trabajo abundar en datos y detalles histricos, sino apenas los suficientes para demostrar el cumplimiento histrico de la palabra proftica. Para el mundo grecorromano y su interpretacin filosfica, la historia no era ms sino una serie de ciclos repetitivos enmarcados en un destino incierto y por determinacin de la ciega suerte, como una tediosa y pesimista manera de ver el destino humano. En contraste, para el cristiano la historia comienza en Gnesis con la creacin del hombre por la mano de Dios, y ha de continuar conforme los parmetros trazados en la Palabra de Dios, hasta que se cumpla la triunfal consumacin de todo, y el gobierno de Dios tenga su expresin milenaria, dndole as un significado diferente a la historia. Cuando eventualmente ocurra el fin de la historia, habr amanecido para la Iglesia.

Arcadio Sierra Daz

1. feso (1a. parte)

Por Arcadio Sierra Daz - 23 de Abril, 2007, 19:17, Categora: General

Captulo I

F E S O

SINOPSIS DE FESO

Panormica sobre el fundamento de la Iglesia

La encarnacin del Verbo de Dios - Su ministerio terrenal con Sus discpulos - Su pasin, muerte, resurreccin, ascensin y venida del Espritu Santo en Pentecosts.

La Iglesia primitiva

Los siete candeleros de oro de finales del primer siglo - El Cuerpo de Cristo unido en su expresin local: una sola asamblea en cada ciudad - La apariencia del reino de los cielos.

Fundamentos legtimos y fraudulentos

Los apstoles: los verdaderos y los falsos - Primeras herejas: Ebionismo, docetismo, gnosticismo - Las primeras persecuciones.

El comienzo del desliz

Decae el primer amor - Los gapes se contaminan - Aparicin de las obras de los nicolatas - Races del clericalismo.

Los vencedores de feso

Primera recompensa: comer del rbol de la vida.

LA CARTA A EFESO

"1Escribe al ngel de la iglesia en Efeso: El que tiene las siete estrellas en su diestra, el que anda en medio de los siete candeleros de oro, dice esto: 2Yo conozco tus obras, y tu arduo trabajo y paciencia; y que no puedes soportar a los malos, y has probado a los que se dicen ser apstoles, y no lo son, y los has hallado mentirosos; 3y has sufrido, y has tenido paciencia, y has trabajado arduamente por amor de mi nombre, y no has desmayado. 4Pero tengo contra ti, que has dejado tu primer amor. 5Recuerda, por tanto, de dnde has cado, y arrepintete, y has las primeras obras; pues si no, vendr pronto a ti, y quitar tu candelero de su lugar, si no te hubieres arrepentido. 6Pero tienes esto, que aborreces las obras de los nicolatas, las cuales yo tambin aborrezco. 7El que tiene odo, oiga lo que el Espritu dice a las iglesias. Al que venciere, le dar a comer del rbol de la vida, el cual est en medio del paraso de Dios" (Apo. 2:1-7). (*1)

(*1) El Apocalipsis fue escrito en tiempos del emperador Domiciano, alrededor del ao 95 d.C.

Panormica sobre el fundamento de la Iglesia

La antigua ciudad jnica de Efeso estaba situada en la costa oriental del mar Egeo, y lleg a ser la prspera capital de la provincia romana de Asia Menor, en los tiempos en que el Seor quiso que fuese marco privilegiado de la obra misionera del equipo apostlico de San Pablo. En esta bella ciudad haba un famoso puerto, pues se trataba de un centro comercial de la regin. All se encontraba una de las siete maravillas del mundo antiguo, el Artemisin, o templo de la plurimamaria Artemisa, la gran diosa de la fecundidad de Asia Menor, muy estimada por los efesios, de acuerdo con el contexto de Hechos 19:23-41. Por eso era llamada esta ciudad "Guardiana del Templo". La cultura de esta importante ciudad antigua era la herencia indiscutible del mundo grecorromano de la poca. Cada uno de los nombres griegos de estas localidades refleja la condicin espiritual de la respectiva iglesia. Se dice que el significado de Efeso es "deseo ardiente, deseable", lo que tiene que ver con que al final del perodo primitivo la Iglesia an era deseable para el Seor; tambin significa "soltar", as como "aflojado" o "descansado", aspecto que tiene mucho que ver con esa caracterstica de haber dejado, la iglesia del Seor en la localidad de Efeso, su primer amor. En el matrimonio suele ocurrir eso. Nos interesa mucho ese vivo retrato que nos hace Juan de las condiciones reales e histricas del candelero en la localidad de Efeso, porque all vemos tipificadas las peculiaridades del final del primer perodo proftico, de los siete que caracterizan a la Iglesia de Jesucristo, en los eventos comprendidos entre la gloriosa resurreccin del Seor y Su segundo advenimiento. Pero ms que el aspecto local de la iglesia como casa de Dios, en esta perspectiva histrico-proftica nos interesa enfocar las prefiguraciones de las distintas etapas del vital desarrollo del Cuerpo de Cristo a su paso por los siglos en los anales de nuestra era, includos su nacimiento, sus sufrimientos, su cautiverio, y los pasos que ha venido dando el Seor para la restauracin total de la expresin de la unidad de Su Cuerpo. A menudo vemos en la Biblia, tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento, que hechos reales e histricos alegorizan y tipifican situaciones, hechos, condiciones y sentidos ms profundos y espirituales, en el marco de los propsitos eternos de Dios.

En qu radica la importancia de estudiar la Iglesia del Seor en su etapa primitiva? Qu inters puede tener para nosotros conocer la "gnesis" de la Iglesia despus de veinte siglos? Mucho y en gran manera, porque por medio de ese conocimiento podemos comprender mejor la perfecta voluntad de Dios para con Su Iglesia; la naturaleza de la Iglesia, su autntica y original estructura, caractersticas, gobierno, metodologa, condiciones muy diferentes de las actuales, pues con el correr del tiempo el hombre determin olvidarse, apartarse, alejarse de las normas, directrices y ejemplos establecidos por Dios en Su Palabra, muchas veces desconocindolos, ignorndolos o tergiversndolos; como si el libro de los Hechos hubiese perdido vigencia. La iglesia primitiva, conforme se desenvuelve en el libro de los Hechos, es el patrn o modelo de Dios para Su Iglesia, vlido para todos los tiempos. Es una falacia pensar que las normas de la Iglesia de Jesucristo deban cambiar y ajustarse a determinados cambios cronolgicos, y que hoy haya que estudiar y poner en prctica nuevas estrategias introducidas por el ingenio humano, como si el modelo autntico y original de Cristo para Su Iglesia ya fuese anacrnico para los tiempos que vivimos. Toda vez que el Seor nos da la oportunidad de conocer mejor la verdadera y normal Iglesia de Cristo, podemos apreciar en su justa medida la forma en que los hombres se alejaron de ella.

El primer perodo proftico de la Iglesia del Seor, con sus subperodos apostlico y postapostlico, comienza cuando el Seor da sus ltimas instrucciones en el Monte de los Olivos despus de Su resurreccin, y asciende al Padre a fin de enviar el Consolador que haba prometido, perodo que culmina al finalizar el primer siglo de la era cristiana, en los tiempos en que el anciano apstol Juan finalizara su escritura del libro de Apocalipsis en la isla de Patmos. Una vez acontecida la venida del Espritu Santo sobre la Iglesia en el da de Pentecosts, se cumplen las palabras del Seor de que estara siempre con la Iglesia, guindola, ensendola, transformndola, llenndola de poder y sabidura, y es as como aquellos humildes pescadores fueron guiados por Dios desde Jerusaln a transtornar el mundo entero. Dios, desde toda la eternidad, desde antes de que el mundo fuese, tiene Sus propsitos con la creacin, con la tierra en particular, y especialsimamente con el hombre, y esos propsitos los tiene en Su Hijo Unignito. La Palabra de Dios dice que Dios nos escogi en Cristo desde antes de la fundacin del mundo, para que fusemos santos y sin mancha delante de l, para que se cumplieran en nosotros esos propsitos, para lo cual fuimos predestinados. Cules propsitos? El Padre hizo la creacin para Su Hijo y se propuso reunir todas las cosas en Cristo, y nosotros hemos sido predestinados para que fusemos hechos conformes a la imagen de Cristo. Todos los escogidos estamos llamados a conformar la Iglesia, la cual es tambin el Cuerpo de Cristo, y l es la Cabeza. La Iglesia de Jesucristo es asimismo el verdadero templo de Dios, y para eso fue creado el hombre, para que conozca a Dios, lo represente; para que Dios se incorpore en el hombre por Su Espritu y, como Iglesia, el hombre lo exprese.

Tambin el hombre fue creado por Dios con miras a prepararle una esposa para Su Hijo, la cual ser levantada sin mancha ni arruga (cnfer Efesios captulos 1,3,4,5; Romanos 8:29,30), o sea, gloriosa y limpia de todo contagio del hombre viejo. Por medio de la obra de Su Amado Hijo, Dios quiso dispensarse al hombre; ha sido Su deseo y propsito entregarse a S mismo al hombre corporativo, para ser contenido primero por el hombre, ese ser tripartito, creado por Dios dotado de espritu, alma y cuerpo, y luego ser expresado corporativamente por la Iglesia. La Iglesia estaba en el plan de Dios antes de que creara al hombre. El Hijo, llegado el tiempo determinado por el Padre, vino a esta tierra y se encarn por obra del Espritu Santo en Mara, una humilde virgen hebrea de la familia de David, y para ello por su propia voluntad tom forma de siervo, vacindose, despojndose, desnudndose de todas Sus prerrogativas como Dios; lo que se llama en griego la kenosis; asumiendo as las limitaciones inherentes a la humanidad, como verdadero hombre. Con ese anonadamiento, Cristo se someti a una condicin de inferioridad. Y as vivi y creci, en obediencia al Padre, en Nazaret de Galilea, cuando el Csar Tiberio Augusto reinaba sobre todos los dominios del Imperio Romano, aquella cuarta bestia sanguinaria y terrible, espantosa en gran manera, que le haba sido revelada a Daniel por Yahveh en visiones en tiempos del cautiverio babilnico (cfr. Daniel 7:7,19-23).

Llegado el momento, a la edad de treinta aos fue bautizado en el Jordn; luego llam a sus discpulos, de entre los cuales escogi a doce, a los que tambin llam apstoles. Pero lo curioso es que para esa escogencia no necesariamente tuvo en cuenta a la clase sacerdotal de su nacin; no consult el asunto con el sumo sacerdote, sino con Su Padre; no escogi sus inmediatos colaboradores de entre la tribu de Lev y la familia de Aarn, sino que se fue a la orilla del mar de Galilea y llam primero a cuatro pescadores de profesin, a Simn a quien llam Pedro y a su hermano Andrs, hijos de Jons, en Betsaida, Galilea; a Juan y a Jacobo (llamado el Mayor), hijos de Zebedeo y Salom, naturales tambin de Betsaida, a quienes encontr remendando las redes, y les dijo que desde ese momento seran pescadores de hombres, y quienes ms tarde recibieron de Jess el nombre de "hijos del trueno". Despus llam a Felipe, natural de Betsaida; a Bartolom, tambin llamado Natanael; en Capernaum invit a seguirle asimismo a Mateo, llamado tambin Lev, un recaudador de impuestos en Judea por cuenta de los romanos; a Toms el Ddimo, quien ms tarde dud del acontecimiento de la resurreccin del Seor hasta que lo vio y toc Sus llagas; a Jacobo (llamado el Menor) hijo de Cleofas y Mara (prima de la madre de Jess); a Judas llamado Tadeo; a Simn llamado Zelote o Cananeo, y a Judas Iscariote, hijo de Simn, natural de Kariot, quien era el administrador de los fondos del grupo del Seor y el cual ms tarde lleg a traicionarle. Con la compaa ntima de ese reducido grupo, y seguido muchas veces por otros discpulos y una gran multitud, Jess predic las buenas nuevas del evangelio del reino de Dios, para luego de tres aos y medio ser juzgado por las autoridades polticas y religiosas tanto de su nacin como de la potencia dominante, en Jerusaln y ser crucificado en el monte Calvario o de la Calavera, en las afueras de la ciudad, en donde derram Su sangre y ofrend Su vida por la Iglesia.

Al tercer da resucit, siendo el primer da de la semana se levant de la tumba, y despus de transcurrir cuarenta das, ascendi a los cielos, al trono del Padre y envi al Espritu Santo, el Paracleto, como lo haba prometido, hecho ocurrido en el da de la fiesta de los judos llamada de Pentecosts o quincuagsima y que en el tiempo del Antiguo Testamento era conocida como la fiesta de las semanas o de la siega de los frutos de la tierra, de modo que el Consolador descendi con poder sobre la Iglesia apostlica cincuenta das despus de la resurreccin del Seor, y esos 120 hermanos que estaban reunidos representaban las primicias de la siega de Cristo, a los cuales El les entregaba las primicias del Espritu, arras de nuestra herencia celestial. Ese da de Pentecosts ocurri a fines de la primavera del ao 30 d.C., en el cual el Espritu Santo vino a darle a la Iglesia la vida misma de Cristo. En ese primer Pentecosts de la Iglesia empez el pueblo de Dios a recoger una gran cosecha, y esa labor an no ha terminado, pues ese glorioso Pentecosts que haba sido preparado y prometido, tambin se ha prolongado, porque el Espritu Santo siempre ha estado habitando en la Iglesia, comenzando por los apstoles del Seor Jess, hasta el ms humilde siervo de Cristo que habite en esta tierra en estos das.

Una Iglesia unida

As como el Gnesis es el libro de los principios, donde se siembran las semillas de la revelacin divina, Apocalipsis es el libro de la consumacin de todas las cosas; un libro proftico por antonomasia en donde el Seor descorre el velo de los acontecimientos finales, pues precisamente el trmino apocalipsis significa quitar el velo, revelacin, la revelacin de Jesucristo, verdadero autor y objeto de este maravilloso libro. Sus primeros tres captulos se destacan y se diferencian debido a que tratan acerca de las siete cartas que el Seor ordena a Juan que escriba a sendas iglesias histricas de igual nmero de localidades en Asia Menor. La primera es dirigida a Efeso:

"Escribe al ngel de la iglesia en Efeso: El que tiene las siete estrellas en su diestra, el que anda en medio de los siete candeleros de oro, dice esto:" (Ap. 2:1).

Aunque la carta est dirigida al ngel de la iglesia de la localidad de Efeso, sin embargo, es tambin para la iglesia, para todos y cada uno de los creyentes del Seor, y adems para cada iglesia constituida en las diferentes ciudades y aldeas de mucha parte del mundo grecorromano. En ese tiempo el cuerpo del Seor era expresado en una perfecta unidad y comunin espiritual en cada localidad donde hubiere redimidos por la preciosa sangre del Seor. Los santos no se haban dividido en sectas separatistas frutos de la carnalidad. Eso sucedi en siglos posteriores, y es lo que el Seor est corrigiendo en la poca presente. No importa que los hombres se opongan a este trabajo de restauracin del Seor. El edificio debe ser construido conforme el modelo de Dios. Quin es el ngel de la iglesia local? No hay entre los exgetas un acuerdo sobre el particular. Dice John Nelson Darby: "El ngel es el representante mstico de alguien que no est presente en la escena. As pues, esta palabra siempre es empleada aun en los casos cuando no se trata, de una manera positiva, de un mensajero celeste o terrestre. Lo vemos en las expresiones "el ngel de Jehov", "sus ngeles" (hablando de los nios), "el ngel de Pedro" (John Nelson Darby. Estudio sobre el Libro de Apocalipsis. La Bonne Semence, 1988. Pg. 31).

Este mismo punto de vista lo vemos en la siguiente exposicin de F. F. Bruce:

"Los ngeles de las iglesias deben entenderse a la luz de la angelologa del Apocalipsis -no como mensajeros humanos o ministros de las iglesias, sino como celestial contraparte o personificacin de las diversas iglesias, cada uno de los cuales representa a su iglesia en el aspecto en que se hace responsable de la condicin y conducta de la respectiva iglesia-. Podemos compararlos con los ngeles de la naciones (Daniel 10:13,20; 12:1) y de individuos (Mateo 18:10; Hechos 12:15)" (F. F. Bruce [Revelation, en A Bible Commentary for Today, Pickering and Inglis, 1979, pg,1682]. Citado por Matthew Henry, en su comentario Bblico).

La carta la enva el Seor; Juan es apenas un amanuense en este caso. A cada una de las iglesias se presenta en forma diferente, identificndose de acuerdo con la condicin de cada una. A Efeso le escribe el que tiene las siete estrellas en su diestra, y anda en medio de los siete candeleros de oro; es el Seor Jesucristo mismo dicindole a la iglesia que l tiene en Sus manos las riendas de Su Iglesia, tiene total autoridad y control sobre la Iglesia, a la cual gobierna, gua, exhorta, alimenta, da vida, corrige, construye, alienta, con Su sola potestad. El Seor sujeta firmemente las siete estrellas, en seal de que es el dueo y seor de las iglesias; se pasea en medio de los candeleros, en seal de constante vigilancia. Como la luna alumbra con la luz solar, la iglesia alumbra en la oscuridad de la noche con la luz del Seor, y l tiene tambin estrellas en Su diestra, ngeles celestiales, que ayudan a la Iglesia. Esas estrellas tambin simbolizan los hermanos espirituales que tienen la responsabilidad del testimonio de Jess. Estamos en las seguras y poderosas manos del Seor; el Seor cuida de Su Iglesia; eso significa que nadie nos puede arrebatar de Su diestra. El Seor Jess no puede estar menos sino en medio de la Iglesia, el Sumo Sacerdote siempre presente en ella, porque sin l no puede existir Iglesia, y eso es muy alentador. La Iglesia es Su morada y tambin Su Cuerpo y l es la Cabeza, y, por tanto, est enterado permanentemente de todos los eventos en todos los lugares, tanto en el tiempo como en el espacio. Es responsabilidad de la iglesia local dar testimonio del Seor Jess por el Espritu Santo ante los hombres, para que los hombres conozcan a Dios por el testimonio de la iglesia. El testimonio y la expresin de Jess es la Iglesia, y Cristo es el Testigo de Dios. Pero tngase en cuenta que la Iglesia universal se expresa en las iglesias locales.

Juan nos dice que el Seor Jesucristo es Dios, cuando afirma que "...estamos en el verdadero, en su Hijo Jesucristo. Este es el verdadero Dios y la vida eterna" (1 Juan 5:20). Pero desde siempre el diablo ha querido desvirtuar la persona del verdadero Jess, y an en la actualidad, muchas personas, movimientos, organizaciones, doctrinas y diversas escuelas de opiniones, predican a un Jess diferente al que predicaron Juan y el resto de los apstoles. En los tiempos en que andaba con sus discpulos, un da les pregunt: "Quin dicen los hombres que es el Hijo del Hombre? Ellos dijeron: Unos, Juan el Bautista; otros, Elas; y otros, Jeremas, o alguno de los profetas" (Mateo 16:13,14). Adems, algunas personas tuvieron a Jess simplemente como el hijo del carpintero del pueblo; otros lo tenan como un agente de Beelzeb, prncipe de los demonios. Es hoy diferente el panorama? Es peor; aumenta la gama de diferentes Jess.

Hay personas que se inclinan por llamarle el Hijo de Mara, algunos lo tienen por un gran poltico, pero Jess nunca quiso tener nada que ver con mtodos polticos, y jams se enred en los negocios de este mundo. Otros han proclamado que fue el primer comunista, o un guerrillero de la lnea de los zelotes; otros lo han ubicado en el extremo opuesto afirmando que fue un integrante de la secta de los esenios; y aun otros han querido capitalizar diciendo que Jess fue un espiritista o gran maestro gnstico, que adelant estudios esotricos en la India o en el misterioso Egipto. Pero, adems de Juan, Pedro tambin recibe revelacin del Padre, cuando proclama, dicindole al Seor: "T eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente" (Mt. 16:16).

El reino de Dios

Leemos en Mateo 6:10: "Venga tu reino. Hgase tu voluntad, como en el cielo, as tambin en la tierra". Qu significa esto? Desde la cada del hombre en el Edn, en la tierra dej de hacerse la perfecta voluntad de Dios, pues el hombre le entreg la soberana de la tierra a Satans al obedecerle; y los hijos de desobediencia, la descendencia admica siguieron la corriente de este mundo; corriente que no es segn Dios, sino conforme a Satans, el espritu rebelado, el cual usurp lo que era de Dios. De esta manera la voluntad de Dios no pudo hacerse as en la tierra como en el cielo. Y precisamente el Verbo de Dios fue encarnado, entre otras cosas, para traer el dominio celestial a la tierra. Adn perdi el dominio, y Cristo, el nuevo Adn, vino a recobrarlo, como verdadero hombre, de conformidad con la economa de Dios; y entonces s sea hecha la voluntad de Dios en la tierra como en el cielo. El seor Jess es el nuevo Rey, y de Sus seguidores, los que han vencido ya viven la realidad actual del reino de los cielos. De manera que quienes amemos ese establecimiento del reino de los cielos en la tierra, debemos orar que se manifieste, primeramente en tu persona, y en segundo lugar en toda la tierra, hasta que la tierra sea completa y totalmente recobrada para Dios y Su Cristo, y que se haga la perfecta voluntad de Dios en toda la tierra.

Dice la Biblia que "despus que Juan fue encarcelado, Jess vino a Galilea predicando el evangelio del reino de Dios, diciendo: El tiempo se ha cumplido, y el reino de Dios se ha acercado" (Mar. 1:14,15). La expresin reino de Dios no significa exactamente lo mismo que reino de los cielos, pues el reino de Dios es el reino en el sentido amplio, desde la eternidad hasta la eternidad, y el reino de los cielos es apenas una parte, la que se inicia con la Iglesia en el da del Pentecosts y que comprende la era de la Iglesia y del milenio. Para entrar en el reino de Dios hay que nacer de nuevo; es la regeneracin (Juan 3:3,5); en cambio para participar del reino de los cielos hay que cumplir ciertos requisitos proclamados por el Rey en el sermn del monte. Antes de la venida de Juan el Bautista, el reino de los cielos no haba llegado. Los ciudadanos del reino de los cielos se caracterizan fundamentalmente por ser pobres en espritu, porque la Palabra de Dios dice que de ellos es el reino de los cielos. Jess comenz su predicacin diciendo que el reino de Dios se haba acercado; es decir, ya se estaba manifestando el poder de Dios sobre los hombres, porque cuando Cristo vino lo trajo consigo, y los demonios estaban siendo privados de su funesto poder sobre los hombres. Pero el que no nace de nuevo, quien no haya experimentado la regeneracin espiritual, quien no haya recibido la vida de Dios en su espritu por la obra redentora de Cristo y por la accin del Espritu Santo, no puede percibir el reino de Dios, no puede entrar y pertenecer a l; ni siquiera verlo, porque no es una institucin visible, sino una posesin interior, en su manifestacin actual. El actual aspecto del reino de Dios es la Iglesia. "Preguntado por los fariseos, cundo haba de venir el reino de Dios, les respondi y dijo: El reino de Dios no vendr con advertencia, ni dirn: Helo aqu, o helo all; porque he aqu el reino de Dios est entre vosotros" (Lc. 17:20-21). No es posible confundir ni identificar el reino de Dios con ninguna organizacin eclesistica; pues aunque ya es una realidad, sin embargo, es asimismo una esperanza para la edad futura, el reino milenario, en el cual Cristo y los creyentes vencedores reinarn sobre todas las naciones.

De acuerdo con la escala de valores, el mundo se interesa por las cosas materiales, las riquezas, las posesiones, el confort, el lujo, los festivales patronales, lo superfluo; pero, por contraste, el Seor dice que es tan importante el reino de los cielos, que nuestro afn debera concentrarse en buscarlo primordialmente, antes que al vestido, la comida, por muy esenciales que sean en nuestro diario existir. Dice la Palabra de Dios que una persona no ha empezado realmente a vivir y a poseer vida eterna y abundante, mientras no pertenezca al reino de Dios. Para ver el reino de Dios es necesario estar ubicado en cierta posicin, en una perspectiva espiritual adecuada; hay creyentes que no han ajustado esa posicin y su visin es confusa.

Cmo se caracterizan los que pertenecen al reino de Dios? Para comprenderlo mejor puedes estudiar todo el Sermn del Monte, en los captulos 5, 6 y 7 del Evangelio segn San Mateo, y en especial en las bienaventuranzas. El Sermn del Monte describe la actual realidad del reino de los cielos, que est en nosotros. Algunos misterios concernientes al reino de Dios los encuentras en las siete parbolas de Mateo 13. Esas parbolas describen la apariencia del reino de los cielos; aspecto que se cumple en la cristiandad nominal actual. La Palabra que proclama el reino y es sembrada en el corazn de los hombres; el enfrentamiento entre las dos simientes: la de la mujer, Jess, y la de la serpiente, el trigo y la cizaa; en un desarrollo anormal de la apariencia del reino, comienza como la ms pequea de las semillas y se convierte en un rbol grandioso donde anidan las aves del cielo. Es un tesoro escondido, o una perla preciosa y excepcional, que para adquirirla el Seor vende todo lo que tiene y en la cruz compra la tierra, la redime, para obtener este tesoro, la Iglesia, para el reino; y al final habr una escogencia entre los hombres, entre los malos y los justos para la posesin del reino de Dios, lo cual es de gran gozo. Para entender estas parbolas hay que tener en cuenta que la Iglesia de Jesucristo jams estar compuesta por la mayora del mundo, sino por un pequeo remanente redimido; y aun de los redimidos, slo participarn en el reino milenial los vencedores. En todas las razas de la tierra, incluyendo los judos, los autnticos seguidores de Dios y de Su Cristo siempre han sido unos pocos. El Seor llama a Su Iglesia, manada pequea. "No temis, manada pequea, porque a vuestro Padre le ha placido daros el reino" (Lc. 12:32).

El mundo est en abierta oposicin al reino de Dios, debido a que el mundo entero est bajo el maligno. Una persona que siga la corriente del prncipe de este mundo no puede poseer el reino de Dios, a menos que sea a travs de un nuevo nacimiento; saliendo del mundo y de su oscuridad satnica. Desde el punto de vista objetivo e histrico, por qu el judasmo y el Imperio Romano determinaron llevar a Jess hasta la muerte? Sencillamente porque esas dos organizaciones vean en el Seor un peligro para su propia subsistencia estructural. Los representantes legales tanto del sistema religioso del judasmo como del poder poltico del Imperio, perciban que si Cristo hubiera sido seguido fiel, firme y masivamente por todas aquellas multitudes que lo asediaban, esas dos organizaciones estaban condenadas a desaparecer. Aunque hace dos mil aos empez con Jess el reino de Dios en el mbito de la Iglesia, sin embargo, ha de manifestarse dispensacionalmente; ser el reino de mil aos como lo describen los captulos 24 y 25 de Mateo, y la historia sin duda llegar a su culminacin, pues es necesario que Dios juzgue a la humanidad y se manifieste eventualmente Su soberana y Su reino entre los hombres. Los primeros discpulos del Seor tambin compartan la expectativa del pueblo judo contemporneo acerca de la instauracin del reino en Israel, y convencidos de que el Seor era el Mesas esperado, antes de la eventual ascensin de Jess al Padre, le plantearon esa pregunta, "Seor, restaurars el reino a Israel en este tiempo?" (Hch. 1:6). Pero el Seor juzg que no era oportuno hablarles en ese momento sobre ese tema, pues era algo que slo el Padre saba; y ms bien que se ocuparan de ser Sus testigos por toda la tierra. Incluso an despus del da de Pentecosts, la iglesia apostlica crea en el inminente retorno del Seor a instaurar el reino de Dios.

El candelero

El Seor Jess anda en medio de los siete candeleros de oro. El nmero siete significa la plenitud; es el nmero que Dios usa para indicar totalidad en Su obra, que El no deja nada incompleto ni quiere nada incompleto; eso simboliza a la totalidad de todas las iglesias locales en todos los lugares y a lo largo de toda la historia, y el Seor Jess anda en medio de todos los candeleros. Hay que tener en cuenta que cuando esta carta fue escrita se estaba terminando el perodo de Efeso y en ambos casos, tanto la iglesia en la localidad de Efeso, como el primer perodo proftico de la Iglesia haban empezado a decaer, a deslizarse de ese nivel alto, de esa plenitud a la cual el Seor haba elevado a la Iglesia en el da de Pentecosts. Qu significa esa expresin? Qu representa el candelero de oro? En el verso 20 del captulo 1 nos da la respuesta, cuando afirma:

"El misterio de las siete estrellas que has visto en mi diestra, y de los siete candeleros de oro: las siete estrellas son los ngeles de las siete iglesias, y los siete candeleros que has visto, son las siete iglesias".

Eso significa que la iglesia de Jesucristo en cada localidad est tipificada por un candelero, en las cuales El se mueve, como Cabeza que es; el candelero se relaciona con el testimonio. Una iglesia en Efeso, un candelero en Esmirna, otro en Prgamo, otro en Jerusaln, otro en Valledupar, otro en Bucaramanga, as como otro en Teusaquillo, otro en Usaqun, en el marco del Distrito Capital (*2), etc. En una localidad no puede aparecer ms de un candelero. Una sola iglesia en cada localidad, jams dividida en varios grupos o congregaciones o supuestas "iglesias", porque el candelero que hizo Moiss en el desierto constaba de seis brazos y una caa central, pero era de una sola pieza, pues la caa y los brazos terminaban en sendas lamparillas, que a su vez eran alimentadas por el aceite de un solo depsito y sostenido todo en un solo pie, porque Jesucristo es el nico fundamento de la Iglesia. Existe como un solo candelero en la iglesia local, pero la suma de todos los candeleros forman la Iglesia universal; de ah el nmero siete, que significa plenitud.

(*2) Valledupar y Bucaramanga son las capitales de los departamentos colombianos del Cesar y Santander, respectivamente. Teusaquillo y Usaqun son localidades de las que integran a Bogot, Distrito Capital de Colombia, Amrica del Sur.

El candelero estaba dentro del tabernculo (el Cuerpo de Cristo), pero el candelero en s es la expresin local del Cuerpo del Seor. En el tabernculo haba un solo candelero, ms tarde, en el templo de Salomn haba diez candeleros (*3), y eso muestra que los candeleros se estn multiplicando; ahora el Seor se dirige a siete candeleros, nmero de plenitud; y en cada localidad el Seor est estableciendo un candelero, y anda en medio de ellos cuidndolos, alimentando el depsito con ms aceite (Su Espritu), para que no se apaguen y alumbren en medio de la oscuridad del mundo. En el tabernculo se tipifica la unidad del candelero, en el templo de Salomn la multiplicacin de los candeleros, y en Apocalipsis la plenitud. En el candelero est tipificada la Trinidad de Dios: El oro representa la naturaleza de Dios Padre, por ser el oro el metal ms precioso. El Hijo es representado en la forma que se le da a esta naturaleza divina, pues l es la imagen de Dios, y el Espritu Santo est tipificado en el aceite que alimenta las lamparillas para que alumbren, pues la Iglesia es la luz del mundo (cfr. xodo 25:31-40; Mateo 5:14-16; 1 Corintios 12:12). Para eso descendi el Espritu Santo.

(*3) El 10 es el nmero de las naciones; significa que la Iglesia es sacada de todas las naciones de la tierra, de todas las etnias, de todas las lenguas, pero es representada por un candelero en cada localidad.

El Seor est edificando Su Iglesia, y en la Biblia, desde el libro de xodo, el candelero est relacionado con esa edificacin de Dios. El candelero por su estructura es una unidad colectiva. En este tiempo es necesario que los creyentes reciban revelacin a fin de comprender este misterio de los siete candeleros de oro, y ver las iglesias locales, las cuales conjuntamente forman la Iglesia universal. No encontramos en el Nuevo Testamento ni un solo versculo en que el Espritu Santo autorice y permita a los apstoles edificar "iglesias" de apstoles en particular, o de misioneros o pastores, o de ninguna otra ndole o doctrina, que no sea la iglesia de Jesucristo unificada en cada localidad. Una iglesia local es una iglesia integrada por todos los hijos de Dios en una ciudad, localidad, pueblo, villa, vereda, unidos en actitud inclusiva, en el amor y en la comunin del Espritu, que tengan por nica Cabeza al Seor Jess, que participen de un mismo pan y que obedezcan un solo presbiterio. La Iglesia no es construida con madera, ladrillos y piedras naturales, sino con piedras vivas, cuya verdadera vida es Cristo.

"Pablo y Timoteo, siervos de Jesucristo, a todos los santos en Cristo Jess que estn en Filipos, con los obispos y diconos" (Fil. 1:1). He ah una iglesia local normal. A excepcin de algunas dirigidas a ciertas personas, las cartas neotestamentarias fueron dirigidas a las iglesias locales, y el libro del Apocalipsis fue escrito para ser enviado a las iglesias locales. Hay mucha desorientacin cuando no se comprenden estas cosas. La Biblia no registra otro tipo de iglesia que no sea las iglesias locales. El predicar el evangelio y establecer iglesias locales fue el trabajo que el Espritu Santo asign al apstol San Pablo y su equipo de apstoles, desde el momento en que fue apartado para la obra en compaa de Bernab en la localidad de Antioqua, de acuerdo con el contexto de los captulos 13 y 14 del libro de los Hechos. Cuando el pueblo hebreo recibe la orden de Dios de tomar un cordero por familia para sacrificarlo con motivo de la gran salvacin y liberacin de la esclavitud egipcia, ese corderito inmolado en la fiesta de la pascua, era una figura perfecta, admirable y magnfica, de Cristo crucificado por amor de nosotros; y el caso es que no fue un solo cordero por toda la congregacin de los hijos de Israel, sino un cordero por familia, para tipificar, dentro de los detalles de la gran maqueta veterotestamentaria de la Iglesia, que cada familia comiendo el cordero con hierbas amargas, expresaba la iglesia local alrededor del Cordero de Dios, dentro del marco de la Iglesia de Jesucristo, iglesia unida en cada localidad, reunida en el nombre del Seor Jess por la comunin del Espritu Santo. Los israelitas no se reunieron alrededor del cordero con otro pretexto, ni persona, ni objeto, ni mandato, ni centro, ni sistema, ni doctrina, ni ordenanza, ni determinacin particular, ni nombre que no fuera el ordenado por Jehov. Cada familia era la expresin local del pueblo de Dios, as como la iglesia de cada localidad es la expresin local de la Iglesia del Seor, y a ninguna familia le fue dado inmolar ms de un cordero. Asimismo ahora tambin en la Iglesia solamente participamos de un pan no fraccionado y dividido, sino un nico y mismo pan, para alimentarnos de l y mantenernos en una santa comunin con l, porque ese es el testimonio de Dios. La Iglesia de Dios es una; ni un solo hueso del cuerpo del Seor fue quebrado.

Una Iglesia llena de amor

"2Yo conozco tus obras, y tu arduo trabajo y paciencia; y que no puedes soportar a los malos, y has probado a los que se dicen ser apstoles, y no lo son, y los has hallado mentirosos; 3y has sufrido, y has tenido paciencia, y has trabajado arduamente por amor de mi nombre y no has desmayado" (Apo. 2:2, 3).

Es absolutamente innegable que la profunda experiencia pentecostal de la Iglesia apostlica, la cambi radicalmente, iluminndole el entendimiento a los hermanos acerca de las verdades de Dios; pudieron ver con claridad lo que realmente era el reino de Dios; fueron transformados en verdaderas criaturas nuevas; Dios proveyendo un odre nuevo para que contenga y preserve Su vino nuevo; fueron llenos de poder espiritual, de la autoridad representativa de Dios, sabidura divina, poder de conviccin; fueron confirmados los dones, ministerios y operaciones en el mbito individual para el servicio corporativo, y empezaron a alumbrar las lmparas comenzando desde Jerusaln. El Seor resalta las buenas obras y virtudes de la iglesia en Efeso; el arduo trabajo, la paciencia, que los mova a difundir las buenas nuevas, a perfeccionar a los santos, a esmerarse por el cuidado de las necesidades de los santos pobres, a fomentar la unidad del Cuerpo y la edificacin de la casa de Dios. La iglesia en feso no se descuidaba en el trabajo para el Seor. Tambin era sufrida y paciente. En esos primeros tiempos la Iglesia corporativamente obraba movida por los estrechos vnculos del amor de Dios, del amor gape, el amor que los creyentes deben sentir los unos por los otros, y la unidad en el Espritu. Tengamos claro que el Seor siempre nos ama. Lo crucial es que nosotros le amemos a l, y que ese amor permanezca, que no se desvanezca; cuando nuestro primer amor no se afloja, entonces hay vida, y el amor nos proporciona las condiciones para alimentarnos del rbol de la vida, que es Cristo; y cuando en la Iglesia hay vida, entonces hay luz, la luz del candelero. El asunto est en nosotros, no en el Seor. Cuando la iglesia primitiva se reuna, a menudo celebraban un gape, en el cual tambin partan y coman el pan y beban de la copa en memoria del Maestro, porque l haba ordenado que se hiciera esto hasta que l volviese. Ellos coman el pan de la unidad, y el Seor quiere que nosotros hoy sigamos participando de aquel mismo y nico pan; no un pan fraccionado y sectario, porque hacemos parte de un solo Cuerpo. La Palabra de Dios nos da testimonio de esa unidad de vida y de ese obrar, por la vida del Seor en Su Iglesia.

"32Y la multitud de los que haban credo era de un corazn y un alma; y ninguno deca ser suyo propio nada de lo que posea, sino que tenan todas las cosas en comn. 33Y con gran poder los apstoles daban testimonio de la resurreccin del Seor Jess, y abundante gracia era sobre todos ellos. 34As que no haba entre ellos ningn necesitado; porque todos los que posean heredades o casas, las vendan, y traan el precio de lo vendido, 35y lo ponan a los pies de los apstoles; y se reparta a cada uno segn su necesidad" (Hch. 4:32-35).

Durante el subperodo apostlico, la Iglesia se caracterizaba por su absoluta obediencia a la voluntad del Seor glorificado. Ya al final de ese perodo, la Iglesia an era deseable al Seor, y Dios haba encontrado fidelidad y obediencia entre los redimidos, en contraste con la infidelidad y rebelin de las criaturas comenzando en el cielo con Lucero, el querubn protector, quien a su vez haba hecho caer en el mismo pecado a toda la humanidad a travs de la primera pareja. En la historia, haba encontrado Dios un hombre obediente, Abraham, y a travs de l form al pueblo de Israel, pero ese pueblo tambin le fall. Finalmente la Iglesia le fue obediente, viviendo la comunin del Espritu, la vida corporativa, de manera que el testimonio de los hermanos constitua en ese tiempo una poderosa influencia por medio de la cual transtornar el mundo. Era una Iglesia laboriosa; todos daban testimonio del evangelio; todos se esforzaban porque estaban llenos del amor de Dios y amaban al Seor y a Su obra, y el Seor se manifestaba con la realizacin de grandes prodigios y milagros. La Iglesia no tena faltas; cuando alguien os incurrir en egosmo, avaricia y falsedad, inmediatamente cay muerto. Reinaba el gozo en la comunin y en el cuerpo se viva el inters por ayudar a los ms necesitados, los santos pobres.

En ese tiempo an la Iglesia estaba integrada en su totalidad por judos, con la excepcin de algunos proslitos que, como Nicols el dicono y el etope eunuco, se trataba de gentiles que inicialmente se haban convertido a la fe de los judos, y ahora haban credo en el Seor Jess por la predicacin de los apstoles, como aparece en el libro de los Hechos en el da de Pentecosts (cfr. Hechos 2:10). No obstante estos y otros ejemplos, las declaraciones de las Escrituras y las propias palabras del Seor en sus instrucciones finales, ninguno de ellos poda ni siquiera imaginarse que los gentiles pudiesen llegar a ser admitidos; an no haba sido plenamente revelado el misterio sobre la Iglesia, que "los gentiles son coherederos y miembros del mismo cuerpo, y copartcipes de la promesa en Cristo Jess por medio del evangelio" (Ef. 3:6). Fue conflictivo para muchos de los primeros cristianos tener claridad sobre si la Iglesia se configuraba como una secta ms dentro del judasmo, o una asamblea independiente y distinta. De ah la razn por la cual el apstol Pedro necesitase de una visin del Seor y la insistencia del Espritu Santo para que se sometiera a ir a la casa de Cornelio, el centurin romano, para predicarle el evangelio junto con toda su familia, el cual se registra en el libro de los Hechos como el tercer gentil convertido.

Es necesario aclarar que es comprensible que en los albores de la Iglesia, alguna faccin ultra juda, sobre todo de la secta de los fariseos, pretendiera que no poda haber salvacin fuera de Israel, y con mucha energa pregonaban que los discpulos gentiles deban observar todas las reglas de la ley judaica, como lo del sbado como da de descanso, circuncidarse, la distincin entre los alimentos limpios y los impuros, etctera, como medio para justificarse ante Dios. A raz de esta fuerte controversia, se vio amenazada la unidad de la Iglesia, por lo cual fue necesario que en el ao 50 d. C. se celebrase un concilio con los apstoles y ancianos en Jerusaln, por medio del cual llegaron a un sabio acuerdo, por el momento, bajo la iluminacin del Espritu Santo, pues la ley slo ata a los judos, y no a los gentiles creyentes en Cristo. Una parte destacada de los cristianos, entre ellos Pablo, insistan que si los discpulos de Cristo se sometan a observar la ley, despreciaban la gracia de Dios en Cristo y caan de ella, dando muestras de no entender la esencia misma del evangelio (cfr. Hechos captulo 15 y Glatas 5:1-6). La Iglesia del Seor Jess es para toda raza y nacin y no exclusiva para los judos. Era necesario, adems, que la Iglesia no pareciera como una de las sectas del judasmo, o una ms de las mltiples religiones que pululaban por todo el imperio romano. No obstante la Escritura registra que el trabajo de zapa de los judaizantes continu por mucho tiempo en varias localidades como las de la regin de Galacia, con las consecuencias que presenciamos incluso en el da de hoy.

Por ser en su mayora de raza juda los santos de la iglesia en Jerusaln, acostumbraban en ciertas horas del da ir al templo a orar, como lo hicieron Pedro y Juan, sin embargo, es notorio que desde su nacimiento la Iglesia se reuna en las casas para celebrar la Cena del Seor, su reunin principal, como lo consigna Hechos 2:46: "Y perseverando unnimes cada da en el templo, y partiendo el pan en las casas, coman juntos con alegra y sencillez de corazn". Ellos fueron iluminados por el Espritu Santo para comprender que el verdadero templo de Dios es la Iglesia, compuesta por los santos redimidos; que no deban darle importancia a los edificios hechos por los hombres. El dicono Esteban lo explic delante del sumo sacerdote y los ancianos del Sanedrn de Israel, cuando dijo: "...si bien el Altsimo no habita en templos hechos de mano..." (Hec. 7:48), y esto le vali haber sido apedreado hasta el martirio. Ms tarde, pasada una generacin, el Seor permiti que el templo de la obsoleta religin juda, fuese destruido totalmente, sin que hasta el momento de escribir estas cuartillas (1997) haya sido nuevamente construido.

En ese ardoroso subperodo apostlico, quien iba a la vanguardia de la Iglesia del Seor, indiscutiblemente era el apstol Pedro; defendindola, extendindola, representado la autoridad y el poder del Seor en todos los frentes del desarrollo de la Iglesia. Este hecho de ninguna manera significa que el apstol Pedro haya sido papa, o que haya recibido del Seor algn encargo de tipo poltico o gubernativo. El mismo declara que no fue papa, cuando escribe a los santos expatriados de la dispersin en la regin del Ponto, Galacia, Capadocia, Asia y Bitinia, dicindoles: "Ruego a los ancianos que estn entre vosotros, yo anciano tambin con ellos, y testigo de los padecimientos de Cristo..." (1 Pe. 5:1). Aqu la palabra anciano significa tambin, y as es traducida en diferentes versiones, presbtero, pastor, obispo; sin que necesariamente se constituyera en el obispo de obispos. El papado es una institucin italiana de origen pagano, desarrollado en los albores de la Edad Media, que dista mucho de tener races en la Biblia y en la revelacin dada por el Seor, de manera que un hombre de la talla espiritual de Simn Pedro, lejos est de haber sido el primer papa romano. Aun entre el tiempo en que vivi Pedro y el inicio del papado en Roma, media alrededor de unos cinco siglos. Estaremos ahondando sobre este tema en el captulo IV, cuando estemos estudiando el perodo de Tiatira.

Con el ministerio de Pablo, el apstol del mundo no judaico y especialmente el mundo helenista, en la segunda mitad del primer siglo, se desarroll la enseanza de las grandes y profundas doctrinas y dogmas de la Iglesia cristiana. En su tercer viaje misionero vino hasta Efeso, en donde permaneci por ms de dos aos enseando cada da en la escuela de un discpulo llamado Tiranno, constituyendo as a Efeso como centro neurlgico de la obra, cuyos resultados fueron manifiestos no slo en la iglesia de esa localidad, sino tambin en la propagacin del evangelio por toda la provincia de Asia, en donde estaban ubicadas las siete iglesias de Asia que son objetos de sendas cartas en Apocalipsis, asunto que estamos examinando. Indudablemente en ese tiempo la iglesia en la localidad de Efeso pasaba por un perodo de gran madurez espiritual, tanto que alrededor del ao 64, Pablo, bajo la inspiracin del Espritu Santo, le escribi una de las cartas ms profundas que haya podido escribir.

Los apstoles

De acuerdo con los versculos 2 y 3, la iglesia de Efeso recibe palabras de aprobacin del Seor, y uno de los motivos es debido a que ellos probaron en su tiempo a los que se decan ser apstoles y en realidad no lo eran, sino que haban comprobado que eran falsos. Los hallaron mentirosos, hipcritas, con la apariencia de piedad propia de los maestros relacionados con el gnosticismo, los cuales ya empezaban a contaminar las iglesias con sus errores. Tambin nos indica que adems de los doce, el Espritu Santo ya haba constituido otros apstoles, entre los cuales se camuflaban algunos falsos, para sembrar la confusin y el engao. Qu significa ser un apstol? La palabra apstol viene del griego apstolos (απόστολος), que significa enviado o apartado para. Conforme a la Palabra de Dios, los apstoles son los que Dios escoge y enva a fin de que trabajen en Su obra, siguiendo los lineamientos de Su soberana voluntad e iniciativa. Las tres Personas de la Trinidad se han encargado de enviar apstoles.

El Padre envi a Su propio Hijo, el Seor Jess, quien fue el primer Apstol (cfr. Hebreos 3:1). As como el Padre envi al Hijo, el Seor llama y enva a Sus doce apstoles al trabajo que Dios ha determinado previamente (Juan 20:21; Efesios 2:10). El Padre los toma del mundo, y siendo de propiedad del Padre, se los da al Hijo, quien a Su vez los enva (Juan 17:6). De manera que la primera y ms importante caracterstica de un verdadero apstol de Jesucristo, es que no es voluntario; no se ha hecho apstol por su propia voluntad, sino que es enviado por Dios. Ah tenemos el ejemplo en los doce que el Seor escogi, pues ni aun Matas, el que reemplaz a Judas Iscariote, se ofreci voluntariamente, sino que el Espritu Santo lo confirm, segn Hechos 1:15-26.

El Seor Jess ascendi al Padre, pero envi al otro Consolador, al Espritu Santo, quien desde ese tiempo retom la responsabilidad de nombrar a otros apstoles con el encargo de continuar con el trabajo de la obra de Dios iniciada por el Seor y los doce, en la edificacin y crecimiento del Cuerpo. Existen algunas escuelas de pensamiento en el campo teolgico que sostienen que fuera de los testigos de la resurreccin del Seor, no hay ms apstoles; pero de acuerdo con la Palabra del Seor, por ejemplo los versos 11 y 12 del captulo 4 de Efesios, los sucesores de los doce son ministros de la edificacin del Cuerpo de Cristo, asunto este que nos lo ensea claramente tambin la Palabra en Hechos 13:2 y siguientes, cuando el Espritu Santo aparta y enva a Saulo y a Bernab a la obra del Seor, y a quienes tambin se les llama apstoles (Hechos 14:4,14). Los ministerios de Efesios 4:11, incluido el apostolado, existen y existirn en la Iglesia del Seor, para el trabajo de capacitacin y perfeccionamiento de los santos, a fin de que todos nos ocupemos en "la edificacin del cuerpo de Cristo, hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varn perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo" (Ef. 4:12-13). No debemos ignorar que el Seor est trabajando para que esa unidad se perfeccione y se refleje en nuestro tiempo. Ahora bien; en el libro de los Hechos de los Apstoles, as como en las cartas del apstol Pablo, encontramos a menudo evidencias de que el Espritu Santo haba constituido a muchos otros hermanos como obreros de Dios, enviados a efectuar la obra a la que El previamente los haba llamado; pero el asunto es que empezaron a aparecer falsos apstoles, que incluso recorran las iglesias de la obra, entre los cuales es posible que se encontraran los judaizantes, quienes pretendan que los santos procedentes de los gentiles, se esclavizaran a guardar ciertos ritos de la ley juda como la circuncisin y el observar las fiestas religiosas judas; esto, adems de pervertir el evangelio de Cristo, produjo perturbacin entre ellos, ya que, como es de suponer, denigraban de Pablo, diciendo que no era un autntico apstol, segn ellos, porque no haca parte de los doce y alegaban que Pablo no predicaba el legtimo evangelio. Con base principalmente en esas consideraciones, Pablo escribi la epstola a los Glatas, y por otro lado hace la defensa de su apostolado en los captulos 11 y 12 de la segunda epstola a los Corintios.

"13Porque stos son falsos apstoles, obreros fraudulentos, que se disfrazan como apstoles de Cristo. 14Y no es maravilla, porque el mismo Satans se disfraza como ngel de luz. 15As que, no es extrao si tambin sus ministros se disfrazan como ministros de justicia; cuyo fin ser conforme a sus obras" (2 Co. 11:13-15).

De acuerdo con el contexto de los captulos 11 y 12 de la segunda epstola del apstol San Pablo a los Corintios, falsos apstoles los hubo desde la iglesia primitiva, y que al ser falsos no son enviados por Dios sino que son ministros de Satans; y ah confirma que sus caractersticas principales, entre otras, por las cuales se pueden detectar, es que se gloran en la carne, se enaltecen en sus conocimientos, se engren en sus posiciones; que desean ser exaltados y glorificados, muchas veces predicando un evangelio diferente; ms que al hombre, buscan lo que tiene el hombre; prefieren ms recibir que dar, y ser atendidos y regalados; destacan su necedad; les gusta esclavizar a los santos, imponindoles cargas doctrinales y econmicas que ellos mismos no pueden soportar; los devoran, y es tan fuerte todo eso, que los tratan como si les dieran de bofetadas. La iglesia primitiva, por lo menos en su etapa apostlica, supo descubrirlos a tiempo, y eso fue encomiado por el Seor.

1. feso (2a. parte)

Por Arcadio Sierra Daz - 23 de Abril, 2007, 17:55, Categora: General

F E S O

(2a. parte)

Herejas tempranas

Dentro de la actividad de los falsos apstoles bien puede tenerse en cuenta la difusin de errores doctrinales y herejas para confundir a los santos. Antes que terminara el primer siglo, ya algunos estaban negando que Cristo hubiera venido en carne, ya prefigurando movimientos herejes con las ideas y principios relacionados con el judasmo, el docetismo y el gnosticismo. En su obra "La Refutatio", Hiplito de Roma (el primer llamado antipapa) refuta las ramas filosficas griegas que dieron origen a herejas. Dice el hermano Witness Lee que "el enemigo, Satans, ha usado tres puntos principales para daar la Iglesia: la religin juda, la filosofa griega y la organizacin humana. Estas son las fuentes principales de las divisiones, la ruina y la corrupcin de la Iglesia" (WITNESS LEE, La Historia de la Iglesia y de las Iglesias Locales. Living Stream Ministry, 1991, pg, 8). Aqu solamente nos limitaremos a exponer sucintamente las principales herejas que se perfilaban en contra de la unidad de la Iglesia, de la doctrina de los apstoles y de la prstina verdad de la Palabra de Dios en el perodo de Efeso, y que en el segundo siglo fomentaron mayores fuentes de divisin.

Ebionitas

Es difcil describir con objetividad lo relacionado con los ebionitas. A manera de ilustracin anotamos la existencia de una lnea de opinin que nos ensea que se trata de una secta integrada por los seguidores de Ebin, judo de Samaria del siglo I, que negaban la filiacin divina de Jess, considerndolo un mero hombre, un profeta, un vocero de Dios, como lo eran los grandes profetas hebreos del pasado, de extraordinaria sabidura y poder, adoptado por Dios; que negaban el nacimiento virginal, y que slo aceptaban el evangelio de Mateo, al cual consideraban dirigido a los hebreos, y aun de l supriman algunos captulos. La copia que ellos usaban de este evangelio tena ciertas desviaciones tpicas ebionitas, como la de que Jess era hijo de Jos y Mara. Una de las columnas de la Hexapla de Smaco, lder ebionita, era esta versin del evangelio de Mateo.

Por otra parte se dice que Ireneo utiliz por primera vez el trmino ebionitas para referirse a unos judeocristianos que vivan al este del Jordn. Tambin es probable que ese nombre, ebionita, se derive del hebreo ebyon (pobre) y que guarda alguna relacin de origen con la iglesia de Jerusaln anterior al ao 70 d. C., la cual se traslad a Pella, ciudad gentil al este del Jordn, y all sobrevivi por algn tiempo, atendiendo a la recomendacin del Seor Jess en Mateo 24:15-18. Algunos observan que con el discurrir del tiempo, sus descendientes, por falta de contacto con el resto de la Iglesia, concibieron algunas ideas heterodoxas acerca de la encarnacin. Hay que tener en cuenta que dentro de los cristianos que salieron de Jerusaln haba un grupo de hermanos que haca parte de los fariseos relacionados con el snodo de Hechos 15, que pretendan obligar a los cristianos gentiles a guardar la ley.

Pero se puede afirmar que los ebionitas hacan parte de esas minoras de judaizantes que se aferraban a que los discpulos de Jess deberan quedar dentro del redil judaico. Los ebionitas estaban como se dice, entre la espada y la pared porque eran considerados por los judos como apstatas, y a lo mejor, por su actitud cerrada y exclusivista, no eran muy bien vistos por los cristianos gentiles. Curiosamente, una faccin de la iglesia local de Jerusaln, liderada por Jacobo, hermano del Seor Jess, tenda hacia este punto de vista dentro del proceso de judaizacin y el esclarecimiento de los fundamentos cristianos. Destacamos que Jacobo llamaba Seor a Jess. Los ebionitas repudiaron a Pablo, declarndolo apstata de la ley, lo mismo que a sus escritos por cuanto sus epstolas reconocan a los gentiles como cristianos (cfr. Hechos 21:17-27). Pero probablemente a raz de las enseanzas de Pablo y a la epstola a los Glatas, llegaron a comprender que las prcticas del judasmo no eran obligatorias para los cristianos gentiles. Algunos escritores los mencionan como nazarenos, y entre ellos hubo escritores que afirmaban que Jess era el Mesas, el Hijo de Dios, y que Sus enseanzas eran superiores a las de Moiss, pero que los cristianos judos deban observar las leyes judaicas relativas a la circuncisin, la observancia sabtica, y los alimentos. Algunos de ellos aceptaban el nacimiento virginal de Jess, pero otros, tal vez los "ebionitas gnsticos", propagaban la doctrina de que el Seor era Hijo de Jos y Mara, que al bautizarse, fue cuando el Cristo descendi sobre el hombre Jess en forma de paloma, proclamando luego al desconocido Padre, pero que el Cristo, quien no deba sufrir, se alej de Jess antes de Su crucifixin y resurreccin. Del ebionismo surgieron varias ramas herticas que alimentaron el unitarismo y alguna variedad del gnosticismo.

Otros datos acerca de los ebionitas se encuentran en la historia eclesistica de Eusebio de Cesarea. Son de corte ebionita algunos escritos primitivos como los llamados evangelios apcrifos de los ebionitas y nazarenos, y las llamadas Homilas Pseudoclementinas (atribudas a Clemente de Roma). Estos documentos dieron pie a la escuela modernista de Baur de Tubingia, para su interpretacin dialctica del cristianismo primitivo. Sin lugar a dudas, los modernos "mesinicos" son los abanderados de las ideas ebionitas.

Docetismo

El docetismo, palabra que viene del griego doceiko, "apariencia", dokeo, "parecer", consista en la opinin de que Jesucristo, el Hijo de Dios, realmente no se hizo carne, sino que slo pareci hacerlo; que no es verdadero hombre, sino en apariencia, negando as la encarnacin y, por consiguiente, la expiacin y la resurreccin. Por Eusebio sabemos que Cerinto, hereje docetista y gnstico de Asia Menor, fue en Efeso un opositor del apstol Juan. De ah que Juan enfatice reiteradamente las palabras carne y sangre escribiendo contra esta hereja, y declare que "todo espritu que no confiesa que Jesucristo ha venido en carne, no es de Dios; y este es el espritu del anticristo, el cual vosotros habis odo que viene, y que ahora ya est en el mundo" (1 Juan 4:3). El origen de esta hereja est en una mezcla de la filosofa griega con las religiones orientales. Ignacio de Antioqua hace mencin de esta hereja, anotando: "...y los sufri verdaderamente, as como verdaderamente se resucit a s mismo, no segn dicen algunos infieles, que slo sufri en apariencia. Ellos s que son la pura apariencia! y, segn como piensan, as les suceder, que se queden en entes incorpreos y fantasmales" (IGNACIO DE ANTIOQUIA, Carta a los Esmirniotas, II,1, BAC,1985).

Cerinto, con sus principios gnsticos, enseaba que el mundo no haba sido creado por el nico y supremo Dios, sino por un demiurgo. Negaba que la persona del Seor Jess fuese a la vez divina y humana. Deca que Jess haba sido slo un hombre comn y corriente al cual, en el acto del bautismo en el Jordn, en el momento en que descendi el Espritu Santo en forma de paloma, fue cuando descendi el Cristo espiritual, el Logos o Verbo divino, y con base en estas premisas lo que segua era negar la encarnacin del Verbo y desvirtuar de paso Su crucifixin, afirmando que en la crucifixin solamente habra sufrido Jess, el humano, pues Cristo, como Dios, era impasible y no poda padecer. Tambin hay corrientes gnsticas que afirman que el Verbo divino volvi al hombre Jess en la cruz, cuando exclam: "Dios mo, Dios mo, por qu me has desamparado?". El apstol Pablo contradijo tambin la hereja de Cerinto en la epstola a los Colosenses, al igual que el apstol Juan, tanto en su evangelio como en la primera epstola. Las Escrituras dicen que "el Verbo fue hecho carne", y eso significa que la preexistente Persona divina del Hijo estaba con el Padre desde antes de la fundacin del mundo, que es consustancial con el Padre y de su misma esencia, porque en el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios, y aquel Verbo se hizo carne.

En la formacin y desarrollo de estos errores, tuvo mucho que ver la filosofa griega. De acuerdo con el pensamiento helenista, sobre todo por los principios del platonismo y neoplatonismo, haba una rgida separacin entre el espritu y la materia. Contrastando con la tradicin judaica, y en particular con las enseanzas del Seor Jess, esas disciplinas filosficas consideraban la materia, incluyendo la carne, como mala, y el puro espritu como bueno, de donde concluan que el hombre deba emancipar su espritu de la contaminacin de la carne, lo que gener conflictos con las enseanzas de la encarnacin y la crucifixin. Tambin se refleja un gran dao en la posterior aparicin del ascetismo y el pseudomisticismo, que no son otra cosa sino rudimentos del mundo.

"20Pues si habis muerto con Cristo en cuanto a los rudimentos del mundo, por qu, como si vivieseis en el mundo, os sometis a preceptos 21tales como: No manejes, ni gustes, ni aun toques 22(en conformidad a mandamientos y doctrinas de hombres), cosas que todas se destruyen con el uso? 23Tales cosas tienen a la verdad cierta reputacin de sabidura en culto voluntario, en humildad y en duro trato del cuerpo; pero no tienen valor alguno contra los apetitos de la carne" (Col. 2:20-23).

Gnosticismo

Movimiento filosfico-religioso surgido en tiempos de la Iglesia primitiva, compuesto de diversas sectas y alimentado en una gran variedad de manantiales, como las filosofas griegas y corrientes religiosas de tipo orientalista, armas con las cuales Satans quiso destruir la Iglesia del Seor desde sus races. El gnosticismo recibi contribuciones del dualismo rfico y platnico, dualismo persa, las religiones de los misterios, la astrologa mesopotmica y la religin egipcia. Es probable que haya tenido su origen en Asia Menor, que algunos consideraron como un foco de ideas fantsticas de la mente de griegos msticos y desequilibrados. Pero hay consenso en la opinin de que un personaje prominente en la creacin del gnosticismo, es Simn el Mago. La Palabra de Dios en el libro de los Hechos de los Apstoles afirma que Simn ejerca la magia en Samaria antes de profesar su conversin, pero se registra asimismo que fue acusado por Pedro de haber querido comprar el poder de dar tambin el Espritu Santo al imponer las manos. De acuerdo con una tradicin se tiene conocimiento de que Simn fue el iniciador de algunas derivaciones espurias del cristianismo.

El gnosticismo es un movimiento altamente sincretista, y entre los sistemas filosficos griegos, fue el platonismo el que ms influy para dar un barniz intelectualoide a ese fenmeno del gnosticismo; y el neoplatonismo fue la base para la unin de la filosofa con la religin, con el resultado de que la religin empez a ser enseada salindose de los esquemas puramente religiosos, envuelta en mitos de origen pagano. Tambin tienen races en el pantesmo estoico, lo cual est relacionado con los espritus del mundo, o elementales del cosmos, todo lo cual encuadra con la llamada "nueva era". Su nombre se origina por la pretensin de ellos de decir que posean una gnosis o conocimiento secreto sobre el origen del universo y el destino del hombre. Enfocan su no bien definida doctrina a travs de una cosmogona que ensea que el mundo es el resultado de la intervencin del Demiurgo (algunos lo identifican con el Dios del Antiguo Testamento) de rango inferior al Ser Supremo (el Dios del Nuevo Testamento). Enseando asimismo que entre el Ser Supremo y el mundo material intermediaban una serie escalonada de entidades (eones) que emanaban de l, entre los cuales estaban los arcontes o poderes demonacos que habitaban los planetas, y quienes gobernaban el universo. Esto tiene que ver mucho con la astrologa y la gran mentira de los horscopos, pues ellos ensean que los hombres, en tanto que permanecen en este mundo, estn sometidos a los planetas, o sea, a los arcontes. Todo esto, como es de suponer, para echar por tierra todo lo relacionado con la salvacin por medio de Jesucristo.

Los gnsticos sostienen que los hombres solamente pueden salvarse de su miserable condicin mediante la Gnosis o conocimiento de su verdadera naturaleza; una especie de luz mstica interna. Que ese conocimiento es superior a la fe sencilla de los creyentes. Entonces, quin es Cristo para los gnsticos? Para ellos el Seor no es el Unignito de Dios, el Verbo Eterno, sino apenas uno de los eones ms conspicuos de la Divinidad absoluta, una de esas emanaciones de Dios, una especie de fantasma, afirmando que vino a salvar a los hombres no con Su sacrificio expiatorio, sino a travs del conocimiento (gnosis) que nos trajo de parte de Dios. La filosofa gnstica se basaba en la distincin moral de los griegos entre materia y espritu, considerando as que la materia era intrnsecamente mala, y por tal razn, no poda concebirse una autntica encarnacin del Verbo, sino aparente. Lo mismo que afirmaba Cerinto, pero con otras palabras u otro enfoque. La carta de Pablo a los Colosenses es decisiva para rebatir las doctrinas gnsticas, este espantoso engao, y en donde se insiste con mucha claridad en la divinidad esencial de Cristo.

"12...con gozo dando gracias al Padre que nos hizo aptos para participar de la herencia de los santos en luz; 13el cual nos ha librado de la potestad de las tinieblas, y trasladado al reino de su amado Hijo, 14en quien tenemos redencin por su sangre, el perdn de pecados. 15l es la imagen del Dios invisible, el primognito de toda creacin. 16Porque en l fueron creadas todas las cosas, las que hay en los cielos y las que hay en la tierra, visibles e invisibles; sean tronos, sean dominios, sean principados, sean potestades; todo fue creado por medio de l y para l. 17Y l es antes de todas las cosas, y todas las cosas en l subsisten; 18y l es la cabeza del cuerpo que es la iglesia, l que es el principio, el primognito de entre los muertos, para que en todo tenga la preeminencia; 19por cuanto agrad al Padre que en l habitase toda plenitud, 20y por medio de l reconciliar consigo todas las cosas, as las que estn en la tierra como las que estn en los cielos, haciendo la paz mediante la sangre de su cruz" (Col. 1:12-20).

"3...en quien estn escondidos todos los tesoros de la sabidura y del conocimiento. 4Y esto lo digo para que nadie os engae con palabras persuasivas. 5Porque aunque estoy ausente en cuerpo, no obstante en espritu estoy con vosotros, gozndome y mirando vuestro buen orden y la firmeza de vuestra fe en Cristo" (Col. 2:3-5).

Tambin por los escritos del apstol Juan nos enteramos que en las iglesias primitivas hubo muchos cristianos de tendencia gnstica entre los cuales haba sealadas manifestaciones de falsos dones carismticos, hasta que fueron expulsados de la comunidad cristiana por herejes. Otros se organizaban en congregaciones aparte, con sus peculiares ritos, incluso hasta asemejar clubes de misterios, tan comunes en el Imperio Romano, provenientes a su vez de misterios anteriores, griegos, egipcios y mesopotmicos. Pero Juan nos advierte:

"1Amados, no creis a todo espritu, sino probad los espritus si son de Dios; porque muchos falsos profetas han salido por el mundo. 2En esto conoced el Espritu de Dios: Todo espritu que confiesa que Jesucristo ha venido en carne, es de Dios; 3y todo espritu que no confiesa que Jesucristo ha venido en carne, no es de Dios; y este es el espritu del anticristo, el cual vosotros habis odo que viene, y que ahora ya est en el mundo. 4Hijitos, vosotros sois de Dios, y los habis vencido; porque mayor es el que est en vosotros, que el que est en el mundo" (1 Juan 4:1-4).

La gnosis es una amalgama de creencias y dogmas de origen orientalista bajo un barniz bblico. Afirman que el sentido alegrico de la Escritura es ms importante que el literal, por lo cual slo puede ser entendida por una lite de "iniciados", es decir, los que poseen esa iluminacin especial de que hablan. Han incorporado tradiciones esotricas como la metempsicosis o transmigracin de las almas, que no es otra cosa que la falsa doctrina llamada reencarnacin. Tambin incluyen la astrologa babilnica, el dualismo persa, la cbala juda, y el hermetismo de Hermes Trimegisto de Egipto. Se dice que el maniquesmo fue prcticamente una secta gnstica. El historiador cristiano Eusebio de Cesarea, en su Historia Eclesistica, nos dice que en los albores del cristianismo hubo muchos cristianos de tendencia gnstica o abiertamente gnsticos, dentro de los que se cuentan Cerinto (de Asia Menor, siglo I); del siglo II tenemos a Baslides (de Alejandra), Bardesanes, Valentino (de Alejandra), Marcin (del Ponto), Ptolomeo y Heraclen (154-180), discpulo de Valentino. Pero esa informacin la obtiene Eusebio de los tratados dejados por Ireneo, quien escribi sus obras Contra los herejes (Adversus Hresus), para refutar las desviaciones gnsticas y defender la pureza del depsito dejado por el Seor.

Otros que en su oportunidad se opusieron al gnosticismo fueron Tertuliano con sus obras La Prescription y Contra Marcin, Hiplito de Roma con su obra La Refutatio, y Epifanio de Salamina, cuya obra clave fue "Panrin". En los siglos posteriores, el gnosticismo lleg a tomar tanta fuerza, que hasta Clemente de Alejandra fue influido en el pensamiento por algunos de sus postulados. En la prctica, los gnsticos son antinomianistas por excelencia. El antinomianismo (*4) tiende a sacar consecuencias falsas de Romanos 6:15. Ahora estamos bajo la gracia, pero eso no significa que nos es permitido desobedecer la ley. No nos salvamos por cumplir la ley, sino que la cumplimos por la gracia del Espritu que mora en nosotros.

(*4) Antinomianismo viene de anti, contra, y nomos, norma, ley. Hereja de los que se oponen a la ley. Pero el antinomianismo es lo puesto a la hereja del legalismo; es decir, convertir en libertinaje la gracia.

El amor es sufrido y paciente

La Palabra declara enfticamente que Dios es amor, un amor sublime que se revela en Su Hijo, Jesucristo, y que consiste en darse a S mismo totalmente, y el ideal de la Iglesia se encamina a la plena expresin y realizacin de este amor en cada uno de los santos, y asimismo corporativamente. Cuando la Iglesia es impulsada por este amor, en la unidad y la vida en el Espritu, nada la detiene para el cumplimiento de la obra de Dios, ni aun la persecucin. La iglesia, desde sus primeros das en Jerusaln, fue objeto de persecucin y sufrimiento, crceles y martirios. El libro de los Hechos narra con lujo de detalles los padecimientos de Pedro y Juan y la gran persecucin que se desat en el tiempo en que dirigentes religiosos como Saulo de Tarso persiguieron a los santos; como el caso del primer mrtir, el dicono Esteban. Ms tarde, el mismo Saulo, convertido ya en el apstol Pablo y en nueva criatura, fue objeto de mucho sufrimiento, pues desde el primer viaje recibi en su carne los embates de la violencia, a tal punto que en la ciudad de Listra lo apedrearon con tanta saa, que le arrastraron fuera de la ciudad, pensando que estaba muerto. A causa de la persecucin, muchos creyentes fueron esparcidos por diferentes ciudades y pueblos, pero a donde quiera que iban, predicaban el evangelio y establecan la iglesia en cada localidad: Damasco, Samaria, Antioqua, Jope, Cesarea. La iglesia primitiva era sufrida y tena paciencia porque estaba llena del amor de Dios. Esa es la mxima prueba del poder espiritual.

En este campo se destaca tambin el caso de Jacobo, hermano de Juan, quien en el curso de una persecucin en la cual tambin encarcelaron al apstol Pedro, fue muerto a espada en Jerusaln por orden del rey Herodes Agripa I, nieto de Herodes el Grande, quien a su vez muri comido de los gusanos sentado en su tribunal, en el ao 44 d. C. (cfr. Hechos captulo 12.). No debe confundirse este Jacobo con el hermano del Seor, que se dice fue el primer dirigente de la iglesia en Jerusaln, y que fue muerto por orden del sumo sacerdote Ann en el ao 62, conforme lo afirma Flavio Josefo, cuando dice: "Siendo Ann de este carcter, aprovechndose de la oportunidad, pues Festo haba fallecido y Albino (el nuevo procurador romano) estaba en camino, reuni el sanedrn. Llam a juicio al hermano de Jess que se llam Cristo; su nombre era Jacobo, y con l hizo comparecer a varios otros. Los acus de ser infractores a la ley y los conden a ser apedreados" (FLAVIO JOSEFO, Antigedades de los Judos, CLIE, Tomo III, libro XX, captulo IX,1). Una de las primeras y ms famosas persecuciones fue la desatada por Nern, el peor y ms cruel de todos los emperadores romanos. Se dice de l que para desvirtuar el rumor de que haba mandado a incendiar a Roma, culp de ello a los cristianos, pues eran acusados por sus contemporneos de odio hacia la raza humana. Muchos gustaron el martirio despedazados por los perros despus de haber sido envueltos en pieles de animales; otros fueron crucificados, o envueltos en llamas, como antorchas vivas, para iluminar un circo en los jardines privados del emperador, que hoy son el asiento de los palacios del Vaticano. Hay una tradicin que dice que el apstol Pablo fue decapitado en la misma ciudad en el ao 64 d.C., por rdenes de Nern. No obstante que sobre el apstol Pedro se ha venido afirmando que fue decapitado en Roma en el ao 67 d. de C., tambin por orden de Nern, no hay evidencia bblica que diga que l estuvo en Roma.

feso se desliza

"4Pero tengo contra ti, que has dejado tu primer amor. 5Recuerda, por tanto, de dnde has cado, y arrepintete, y haz las primeras obras; pues si no, vendr pronto a ti, y quitar tu candelero de su lugar, si no te hubieres arrepentido".

Al analizar la iglesia histrica en la ciudad de Efeso, simultneamente lo estamos haciendo con la condicin del perodo proftico correspondiente a los albores de la Iglesia del Seor, y tenemos delante de nosotros una Iglesia enamorada del Seor, de Su obra; una Iglesia en perfecta comunin en el Espritu, llena de amor por el Seor y hacia los hermanos, viviendo en la unidad en el Espritu; an estaba lejos de perderse la vida corporativa de la Iglesia y la obediencia absoluta a la voluntad de Dios; una Iglesia llena de gozo en la comunin de los santos y la vida interior; un perodo en el cual haba un solo candelero en cada localidad y se viva la unidad de la iglesia local; se conservaba fresco el odre nuevo que Dios haba provisto para Su vino nuevo; se viva el seoro de Cristo, el kyrios (Κριος), la autoridad espiritual y el apostolado.

Pero despus de la muerte del apstol Pablo, empez a cernirse sobre la Iglesia lo que algunos suelen llamar "la edad sombra"; ora por las continuas persecuciones, ora por el vaco de informacin sobre ese perodo subapostlico. Mas lo verdaderamente sombro radica en que la Iglesia empez a deslizarse, a decaer; el primer amor se fue enfriando en la segunda generacin, y del avivamiento inicial no quedaba sino las obras, pues a menudo puede darse el caso de que haya mucha actividad sin que realmente se ame al Seor, y al Seor lo que le agrada es el trabajo de nuestro amor, porque "si tuviese profeca, y entendiese todos los misterios y toda ciencia, y si tuviese toda la fe, de tal manera que trasladase los montes, y no tengo amor, nada soy" (1 Co. 13:2). Ms le interesa al Seor que se le ame y se le obedezca, que el afn excesivo de hacer muchas cosas externas, en las cuales a veces se ufana la carne y se infla el ego. Eso viene a constituir una traicin al Seor. El Seor no quiere que le hagamos nada sin amor; l quiere nuestro corazn; que le amemos ms a l que a Su obra. Unos treinta aos antes, el apstol Pablo les haba escrito a los hermanos de feso: "1Por esta causa tambin yo, habiendo odo de vuestra fe en el Seor Jess, y de vuestro amor para con todos los santos, 16no ceso de dar gracias por vosotros, haciendo memoria de vosotros en mis oraciones" (Ef. 1:15,16). Cuando una iglesia local no mantiene el testimonio de Dios en el mundo, su candelero es quitado. Efeso cay de su nivel original y fue bajando tanto que le fue quitado el candelero de su lugar hasta que dej de ser una ciudad cristiana para convertirse en un centro musulmn. En Apocalipsis, no hay palabras que indiquen que el candelero de feso haba de continuar existiendo hasta la segunda venida del Seor Jess. Igual sucede con Esmirna y Prgamo. Ese perodo histrico-proftico corre con la misma suerte de la ciudad de Efeso, cuya importancia se perdi en los anales histricos, y en el lugar que ocup se levanta hoy una aldea turca.

Al deslizarse, la Iglesia empez a dejar su primer amor. Cul es ese primer amor? No puede ser el amor del cuerpo, el ertico, biolgico y carnal, que viene del griego eros; tampoco puede ser el amor entre esposos, ni entre los hermanos, entre amigos, el afectivo, del alma, del griego psiqu, sino el amor derivado de una tercera palabra griega, agape (αγάπη) y sta de agapao (amar), la clase de amor manifestado por Dios en Cristo, y por Cristo al darse a s mismo. Agape designa el amor que los creyentes sienten por Dios, y los unos por los otros. El amor es uno de los dones ms excelentes que nos ha dado el Seor. Al hablar del primer amor, la palabra griega que se traduce primer es la misma que en otros textos se traduce mejor, como en Lucas 15:22. De modo que debemos amar al Seor con lo mejor y ms excelso de nuestro amor. Recuerda, reflexiona, de dnde has cado; vuelve en ti, como el hijo prdigo (Lucas 15:17).

En la Iglesia primitiva, y se da noticia de esto sobre todo en Jerusaln y Corinto, la Cena del Seor ocupaba un lugar prominente en la vida comn de la Iglesia; y la Palabra deja entrever que haba una comida o cena fraternal, el gape, o "fiesta del amor", que los primeros cristianos celebraban juntos antes de la Cena del Seor. Es posible que Pablo mismo las hubiese fomentado en la iglesia de la localidad griega de Corinto, a juzgar por el contexto de 1 Corintios 11:17-34. Ignacio de Antioqua y la Didache mencionan esta comida en relacin con la santa cena, a pesar de que Pablo haba indicado ya que no formaba parte de la ordenanza que el Seor Jess instituy, sino que al contrario era susceptible de abusos que deban ser evitados. A estas comidas cada uno traa sus propios alimentos y bebidas, y los mejor aprovisionados no solan compartir con los hermanos que traan poco o nada. Desafortunadamente, y para pena de Pablo, con el tiempo surgieron abusos graves en estas fiestas, porque a raz de lo anterior se foment en ellas la glotonera, inmoralidad, y algunos se iban borrachos y otros, por contraste, se iban con hambre. Como si empezaran las disputas entre los ricos y los pobres en el seno de la Iglesia del Seor. A fines del siglo I se celebraba ya la cena del Seor sin ser precedida por ninguna comida.

"20Cuando, pues, os reuns vosotros, esto no es comer la cena del Seor. 21Porque al comer, cada uno se adelanta a tomar su propia cena; y uno tiene hambre, y otro se embriaga. 22Pues qu, no tenis casas en que comis y bebis? O menospreciis la iglesia de Dios, y avergonzis a los que no tienen nada? Qu os dir? Os alabar? En esto no os alabo. 27De manera que cualquiera que comiere este pan o bebiere esta copa del Seor indignamente, ser culpado del cuerpo y de la sangre del Seor. 28Por tanto, prubese cada uno a s mismo, y coma as del pan, y beba de la copa. 29Porque el que come y bebe indignamente, sin discernir el cuerpo del Seor, juicio come y bebe para s. 30Por lo cual hay muchos enfermos y debilitados entre vosotros, y muchos duermen. 31Si, pues, nos examinsemos a nosotros mismos, no seramos juzgados; 32mas siendo juzgados, somos castigados por el Seor, para que no seamos condenados con el mundo. 33As que, hermanos mos, cuando os reuns a comer, esperaos unos a otros. 34Si alguno tuviere hambre, coma en su casa, para que no os reunis para juicio. Las dems cosas las pondr en orden cuando yo fuere" (1 Co. 11:20-22, 27-34).

"Estos son manchas en vuestros gapes, que comiendo impdicamente con vosotros se apacientan a s mismos; nubes sin agua, llevadas de ac para all por los vientos; rboles otoales, sin fruto, dos veces muertos y desarraigados" (Jud. 12).

Es ms probable que el texto de 2 Pedro 2:13 sea "engaos" en vez de "gapes" en algunas versiones, no obstante el contexto habla siempre de comilonas. Precisamente debido a estos abusos fue desapareciendo la fiesta, al menos como celebracin al lado de la Cena del Seor. Sin embargo, se ha ido recuperando entre algunas agrupaciones cristianas, como entre los hermanos Moravos en el siglo xviii, de donde Juan Wesley la introdujo a los primeros metodistas, particularmente entre pequeos grupos. Hoy se practica de manera especial en las iglesias del Seor de cada localidad ya recuperadas y no vinculadas a organizaciones denominacionales, el candelero en cada localidad. "Las muchas aguas no podrn apagar el amor, ni lo ahogarn los ros" (Cantares 8:7).

La iglesia en la localidad de Efeso lleg a crecer hasta alcanzar un alto grado de madurez espiritual y fidelidad al Seor. Pablo le dedic suficiente tiempo de su ministerio, ocupado principalmente en ensear en la escuela de la obra, y ms tarde, desde su prisin, le lleg a escribir una de sus ms profundas epstolas, en donde se ocupa de algunos misterios y revelaciones relacionadas con la persona de Cristo, y de la Iglesia como casa de Dios. Esa carta carece de reprensiones, no se necesitaron en su momento. Pablo se interes mucho por la obra del Seor entre los efesios, y durante su ltima visita por la regin, en vista de que no poda llegar hasta feso, desde Mileto mand llamar a los ancianos de la iglesia, y entre otras cosas les dijo: "28Por tanto, mirad por vosotros, y por todo el rebao en que el Espritu Santo os ha puesto por obispos, para apacentar la iglesia del Seor, la cual l gan por su propia sangre. 29Porque yo s que despus de mi partida entrarn en medio de vosotros lobos rapaces, que no perdonarn al rebao. 30Y de vosotros mismos se levantarn hombres que hablen cosas perversas para arrastrar tras s a los discpulos" (Hech. 20:28-30). A finales del siglo primero, cuando el anciano apstol Juan escriba las visiones del Apocalipsis en Patmos, la iglesia de Efeso haba cado de su posicin original.

Es ilustrativo el caso de la iglesia en la localidad de Corinto. Tanto haba degradado la Iglesia en la prdida de su primer amor, que encontramos en Corinto una muestra muy diferente a la de su posicin original en Jerusaln. Hasta odos de Pablo lleg la noticia de la situacin de la iglesia de Corinto en Grecia, a tal punto que en el ao 55 d. C, desde Efeso les escribe la que se conoce como la primera epstola a los Corintios, en la cual el problema que aboca primero es el amago o intencin de divisin que se cerna sobre esa iglesia local. "10Os ruego, pues, hermanos, por el nombre de nuestro Seor Jesucristo, que hablis todos una misma cosa, y que no haya entre vosotros divisiones, sino que estis perfectamente unidos en una misma mente y en un mismo parecer. 11Porque he sido informado acerca de vosotros, hermanos mos, por los de Clo, que hay entre vosotros contiendas. 12Quiero decir, que cada uno de vosotros dice: Yo soy de Pablo; y yo de Apolos; y yo de Cefas; y yo de Cristo" (1 Co. 1:10-12). Estaba amenazada la unidad de la iglesia, y la causa era la falta de amor entre los hermanos. La Iglesia es el Cuerpo de Cristo. En el verso siguiente Pablo les dice: "Acaso est dividido Cristo?". De acuerdo con el contexto de la carta, eso estaba ocurriendo all sencilla y llanamente por la carnalidad y falta de madurez de los hermanos, pero concretamente el mal se originaba por la falta de amor, como se los aclara en el captulo 13.

En tiempos en que Clemente de Roma les escribe su epstola a los Corintios, ya se haba protocolizado otra divisin en esa iglesia (CLEMENTE DE ROMA, Epstola a los Corintios XLVII:1-7). La Palabra de Dios no autoriza sino que condena enfticamente toda insinuacin siquiera de divisin en Su Iglesia, porque eso destruye la unidad de Su Cuerpo. No hay siquiera indicios en la Palabra de Dios de que los diferentes y legtimos equipos apostlicos del primer perodo de la Iglesia, o algunos de los apstoles a ttulo personal, pretendieran constituir "misiones" cismticas y denominaciones, que fuesen ejemplos de prototipos y patrones para legitimar las divisiones de los ltimos siglos. Aunque el Seor Jess le diera poca atencin a una organizacin permanente y a la institucin de un gobierno central, es innegable y bblica la realidad de la comunin apostlica y el amor fraternal de los santos desde los albores de la Iglesia. El ideal propuesto por el Seor para Su Iglesia en el Nuevo Testamento fue el de la unidad inclusiva.

A rengln seguido, el Seor conmina a la iglesia de Efeso a que recuerde de dnde cay, cul era el nivel que ocupaba al principio, que mire la causa por la cual se desliz, que mire todo lo que se haba perdido; trata de ayudarla a volver a esa posicin primigenia, pues ya empezaban a verse ciertas consecuencias negativas. El candelero tiene un depsito, y ese depsito estaba empezando a perderse. El libro de los Hechos de los Apstoles y las epstolas de Pablo y los apstoles dan testimonio del estado original de ese depsito dejado por el Seor para Su Iglesia. El Seor invita a la iglesia a que se arrepienta y a que haga las primeras obras, las obras en amor, pues todo lo que se hace sin amor no sirve de nada. La invita a que vuelva a serle fiel; se pueden hacer muchas cosas sin serle fiel al Seor, y sin tener en cuenta que Cristo es el Seor, el que debe ordenar las cosas conforme Su voluntad. Se pueden estar haciendo muchas cosas en la Iglesia sin que necesariamente est interviniendo el Seor. En caso de que la iglesia no se arrepintiese, el Seor procedera a quitar el candelero de Efeso. Esa iglesia sera disciplinada por el Seor, pues el candelero es la iglesia, y el Seor est en medio de los candeleros. Sin la presencia del Seor, del Espritu Santo, no puede haber luz en el candelero, y en esa forma no se puede hacer la obra de Dios ni dar el testimonio de Su presencia. Histricamente lo primero que empez a perderse en la Iglesia del Seor fue el primer amor. A menudo descuidamos el amor al Seor por amar Su obra, en lo cual hay el peligro de confundir los trminos, y en vez de tenerla por "Su obra", nos tienta el pensar que es "nuestra" obra, y empieza la carne a requerir alabanzas. Para qu quiere el Seor una gran obra pero sin amor? Si abandonamos el primer amor al Seor, es inevitable que sobrevengan las degradaciones. Sin amor no hay vida, y sin vida no hay luz. El Seor no quiere que Su novia no lo ame, ni que est muerta, caminando en tinieblas.

En la medida en que finalizaba el perodo apostlico, se iban sazonando en el panorama judo algunos hechos que cambiaran por mucho tiempo la historia del pueblo terrenal que Dios escogi para manifestarse y bendecir al mundo, trayendo consigo consecuencias que repercutiran tambin en la Iglesia. No mucho despus que la Tierra Santa sucumbiera bajo el dominio del Imperio Romano, en el ao 42 a.C., empez a surgir un fuerte resentimiento entre los judos en contra de Roma, en forma tal que una generacin despus de la crucifixin del Seor Jess, aquel odio madur tanto, que degener en una estruendosa sublevacin en el ao 66 d.C., que trajo como resultado la destruccin de ciudades y enormes matanzas por parte de las tropas romanas al mando del general Vespasiano, quien fue llamado a Roma para ocupar el trono imperial, dejando al frente del ejrcito en Palestina a su hijo el general Tito. Como las cosas empeoraban, despus de un prolongado sitio, finalmente, en el ao 70 d.C., ocurri la destruccin de Jerusaln y del templo judo, bajo el mando de Tito, cumplindose as lo dicho por el Seor: "Veis todo esto? De cierto os digo, que no quedar aqu piedra sobre piedra, que no sea derribada" (Mat. 24:2). Esta profeca del Seor advirti a los hermanos, para que pudiesen salir a tiempo de la ciudad, antes que sucumbiera, y este hecho sirvi para que se rompiera toda relacin entre el judasmo y la Iglesia, pues en los primeros aos, en el Imperio Romano tenan a la Iglesia como una secta ms de la religin juda. La voluntad del Seor fue la de que se estableciera una clara diferenciacin entre Israel y Su Iglesia; que no se confundiera el tipo de la adoracin con la adoracin misma, ni la sombra de las cosas con la realidad misma. La nacin de los judos fue destruida, hasta el da 15 de mayo de 1948, fecha en que se produjo su restauracin como el moderno estado de Israel.

La intencin inicial del general Tito no era destruir la hermosa ciudad de Jerusaln, ni mucho menos al portentoso templo, pero la tozudez de los judos y sus escaramuzas desde las murallas, lo obligaron a tomar la decisin de atacar tan fieramente, que sobrevino lo peor. Relata el historiador judo Flavio Josefo, testigo presencial de este histrico evento, que Tito haba dado la orden de no destruir el templo, aun cuando hubiese sido tomada la ciudad, pero dentro de las tropas de asalto pudo ms el hambre de apoderarse de todo ese oro y riquezas del templo que, accidentalmente, fue provocado un voraz e incontrolable incendio que dio lugar a que todo ese oro se fundiera, introducindose entre los intersticios de las grandes piedras de las paredes del templo, lo que oblig a los vidos soldados a ir arrancando y derribando piedra tras piedra, a fin de sacar el codiciado oro que con el fuego se haba derretido. El templo de Jerusaln no ha sido reconstruido desde su destruccin en el ao 70 d. C. hasta el da de hoy, aunque proftica y eventualmente deber ser construido antes de la venida del Seor, en el mismo lugar que ocupa el templo musulmn llamado la Mesquita de Omar o Cpula de la Roca. Se dice que usando esas antiguas piedras del autntico templo jerosolimitano, con el tiempo los judos construyeron el famoso Muro de las Lamentaciones en el mismo recinto, y lo nico que actualmente se conserva de l, al que acuden los judos clamando por la venida del Mesas. Durante el sitio a Jerusaln por parte de los ejrcitos del Imperio Romano al mando del general Tito, pudo haber sucedido algo similar a lo ocurrido en el sitio de la ciudad santa por Nabucodonosor y su ejrcito babilnico, alrededor de seis siglos y medio atrs. En ambos casos los sitiadores no tenan en primera instancia el propsito de destruir la ciudad y el templo, pero los judos se resistan, pensando que por la presencia del templo en medio de la ciudad, Dios no permitira que los incircuncisos penetraran en ella y la destruyeran junto con el templo y saquearan todo. Tambin alimentaron la creencia de que Israel estaba destinado a conquistar y dominar al mundo entero, y que eso los haca inexpugnables. El templo de Jerusaln fue quitado; lo mismo ocurri con el candelero en feso. Los judos llegaron a amar ms su religin y sus intereses que a Dios; los creyentes primitivos se fueron degradando, perdiendo el testimonio del Seor. Si abandonamos nuestro primer amor, perdemos nuestro testimonio y el candelero es quitado.

Los nicolatas

"6Pero tienes esto, que aborreces las obras de los nicolatas, las cuales yo tambin aborrezco".

El Seor vuelve a complacerse con la iglesia de Efeso y la alaba de nuevo, como dicindole que le agrada que aborrezca lo que l aborrece, las obras de los nicolatas. Quines son los nicolatas? El trmino nicolata, viene del griego "nikolos", de las races nikaos, gobernante, dirigente, gua, tambin tiene la connotacin de conquistar o vencer, y laite o laos (λαός), gente comn, secular, pueblo, laicado; de la cual se deriva la palabra laico, significando, pues, "los que vencen al pueblo", o los que ejercen autoridad sobre el pueblo, los que vencen a los laicos, personas que se tienen por superiores a los creyentes comunes; es ese afn de ejercer autoridad y dominio sobre el pueblo, formando as un tipo de hierarqua (Hierarqua es gobierno de la casta sacerdotal). De donde se deduce que aqu el Seor condena la an incipiente tendencia en la Iglesia, de crear un partido de personas ambiciosas que se erijan por encima de las dems, vidas de poder, y que a la postre habran de crear un sistema clerical divisorio y exclusivista, formando as dos grupos en la Iglesia: uno minoritario, elitista y encumbrado, llamado clero, y otro integrado por la gran masa de los santos, el laicado, gobernado y sometido por el primero, jerarqua que vemos tomar fuerza en los sistemas del catolicismo y el protestantismo, estorbando as la economa de Dios. Eso lo aborrece el Seor de la Iglesia. El Seor aborrece los ambiciosos de poder al estilo Ditrefes. Aun en el pueblo hebreo, Dios quiso que Su pueblo fuese todo un reino de sacerdotes (xodo 19:6), pero debido a la adoracin al becerro, perdieron ese privilegio, y fue escogida la tribu de Lev para que lo ejerciera (xodo 32; Deuteronomio 33:8-10). Respecto de los nicolatas, dice Matthew Henry:

"Es, pues, posible que se trate de una secta de "iniciados" (gnsticos), que pretendan establecer una divisin del pueblo de Dios en castas, lo cual haba de derivar, andando el tiempo, en el establecimiento de la casta sacerdotal dentro de la Iglesia oficial del Imperio; esto haba de comportar los ritos y ceremonias que abundan en todas las religiones mistricas, como puede verse an en la Iglesia Romana, y ms todava en la llamada Ortodoxia. Mezclando el ceremonialismo judo con la filosofa griega, tenemos ya una secta que combina el entusiasmo espiritual con el relajamiento moral; mucha fantasa religiosa mezclada con despreocupacin tica; orgullo y vanidad de mstica retrica y de carcter "superior" que, en realidad, introduca en la Iglesia el egosmo, la soberbia, el descuido del amor fraternal; en fin de cuentas, la misma ortodoxia estaba tambin en peligro. Cmo defenderse de tales enemigos? Nos lo dice claramente la palabra de Dios: "Mis ovejas oyen mi voz", dice el Seor (Juan 10:27). Y el propio Juan nos dice: "Vosotros tenis la uncin del Santo y conocis todas las cosas... Lo que habis odo desde el principio permanezca en vosotros... Os he escrito esto sobre los que os engaan" (1 Juan 2:20, 24, 26)".is la uncin del Santo y conocis todas las cosas... Lo que habis odo desde el principio permanezca en vosotros... Os he escrito esto sobre los que os engaan" (1 Juan 2:20, 24, 26)". (Matthew Henry. Comentario Bblico del Apocalipsis. CLIE. 1991. Pg.: 334).

La Iglesia de Jesucristo toda es sacerdotal, y la impuesta clase clerical mediadora perjudica el sacerdocio universal de los creyentes. El Seor no tolera que nadie se enseoree de Su Amada, la que l compr con Su sangre. El libro de los Hechos y las cartas de Pablo determinan el gobierno de la iglesia local en manos de un presbiterio o grupo de ancianos u obispos (pastores). No obstante, se advierte que en el perodo de Efeso slo se conoce ciertos esfuerzos personales, como el caso de Ditrefes (cfr. 3 Juan 9,10), de ejercer autoridad sobre los santos; pero hay indicios de que al final del primer siglo y concretamente en el segundo, alrededor del ao 125, tal vez en un intento de imitar el ceremonialismo judo, empez a darse la inclinacin de elevar a un obispo sobre sus compaeros ancianos, asunto este que paulatinamente condujo al clericalismo, en detrimento de la autntica dependencia del Seor y del sacerdocio de todos los santos. La institucionalizacin de la tribu de Lev y la familia sacerdotal de Aarn, no fue la intencin inicial de Dios en el pueblo hebreo, y en el Nuevo Testamento Dios vuelve a Su propsito original (cfr. 1 Pedro 2:5,9; Apocalipsis 1:6; 5:10). Hoy se fomenta el clericalismo en el sistema babilnico y sus ramas.

A comienzos del siglo segundo, Ignacio, obispo de la iglesia de Antioqua, registra el hecho que ya se estaba dando en algunos lugares con relacin a la errnea diferenciacin entre obispo y presbtero. Ignacio, en el curso de su viaje a Roma como prisionero, rumbo al martirio, escribi cartas a varias iglesias locales, casi todas en Asia Menor (Efeso, Magnesia, Tralia, Filadelfia, Roma, Esmirna, y a Policarpo), en las cuales encontramos la cita ms antigua sobre la distincin entre obispo y presbtero. All por primera vez aparece lo que se estaba dando de colocar jerrquicamente al obispo por encima de los presbteros y declarando que el obispo (lo nombraba en singular) era el representante de Dios el Padre, y que los presbteros son el sanedrn de Dios, la asamblea de los apstoles. (Favor leer la carta de Ignacio a los Esmirniotas en el excursus al final de este captulo). Con el tiempo esto degener en la nefasta divisin entre clero y laicos. Se fue introduciendo la jerarqua en la Iglesia. Se fue estableciendo y generalizando sutilmente esa "vanidosa" forma episcopal de gobierno, la cual lleg a ser dominante y universal. Es posible que hasta el final del perodo de Esmirna hayan persistido las dos modalidades, la del obispo de una sola iglesia local, y la del obispo que obraba como si tuviera el derecho de dirigirse con autoridad a las iglesias en otras localidades. Se dice que despus del ao 150 d. C., los concilios eran celebrados nicamente con esta clase particular de obispos, y lgicamente que las leyes eran dictadas slo por ellos. Muchos alegan un acervo de razones para que esto sucediera, pero ante las razones del Seor no hay justificacin alguna. Como cules razones esgrimen? Entre otras, como el crecimiento y extensin de la Iglesia, las persecuciones, hacerle frente al surgimiento de sectas, herejas y divisiones doctrinales. Pero debemos en justicia dejar constancia que durante los perodos de Efeso, Esmirna, y mucha parte de Prgamo, ningn obispo reclam para s autoridad de carcter universal sobre el resto de los obispos y de la Iglesia entera, como ms tarde lo hizo el obispo de Roma.

Conforme a la Palabra de Dios, un obispo (en griego episkopos, supervisor) no es de mayor jerarqua que un anciano. Tomemos nuevamente el ejemplo de Hechos 20, en el cual el apstol San Pablo llama ancianos a los dirigentes de la iglesia de la localidad de Efeso; y a esos mismos ancianos, en el verso 28 les llama obispos y tambin pastores, porque les dice: "Por tanto, mirad por vosotros, y por todo el rebao en que el Espritu Santo os ha puesto por obispos, para apacentar (oficio de pastores) la iglesia del Seor, la cual l gan por su propia sangre". Los lderes de las iglesias locales son los ancianos, constituidos por los apstoles de la obra (Hechos 14:23; Tito 1:5), sin que ello signifique que ocupan jerrquicamente una posicin ms encumbrada. Los legtimos pastores son aquellos hermanos ms maduros espiritualmente de la iglesia local, quienes, por su madurez y visin ms amplia de Cristo, se constituyen en desinteresados y humildes servidores de sus hermanos. El Seor Jess fue enftico cuando afirm:

"25Sabis que los gobernantes de las naciones se enseorean de ellas, y los que son grandes ejercen sobre ellas potestad. 26Mas entre vosotros no ser as, sino que el que quiera hacerse grande entre vosotros ser vuestro servidor, 27y el que quiera ser el primero entre vosotros ser vuestro siervo; 28como el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos" (Mt. 20:25-28).

El anciano u obispo no debe enseorearse de la iglesia del Seor, sino supervisarla y vigilarla en el amor del Seor. La iglesia apostlica se distingua porque en cada iglesia local no haba uno sino varios obispos (episkopoi) o presbteros (presbuteroi), que eran los mismos ancianos o pastores, pues se trataba de ttulos que se daban a los mismos oficiales, como lo atestigua la Biblia en Hechos 20:17,18; Tito 1:5,7; 1 Timoteo 5:17; 1 Pedro 5:1; Filipenses 1:1; la primera de Clemente a los Corintios, captulos 42, 44 y 57. Tambin Jernimo, Agustn de Hipona, el papa Urbano II (1091) y Pedro Lombardo admitieron que en su origen obispos y presbteros eran sinnimos, pero con el tiempo fue el hombre cambiando las cosas de Dios, y el concilio de Trento (1545-1563) se encarg de que esta verdad fuese convertida en una hereja. Ha habido una interpretacin errnea en cuanto a algunos versos de Hebreos 13. En el 7 dice: "Acordaos de vuestros pastores, (*5) que os hablaron la palabra de Dios...". En el 17 dice: "Obedeced a vuestros pastores, y sujetaos a ellos; porque ellos velan por vuestras almas, como quienes han de dar cuenta...". En el 24 dice: "Saludad a todos vuestros pastores...". En primer lugar se observa que siempre se habla en plural al referirse a pastores; como cuando Pablo escribe a la iglesia de la localidad macednica de Filipos, y en el saludo les dice: "Pablo y Timoteo, siervos de Jesucristo, a todos los santos en Cristo Jess que estn en Filipos, con los obispos y diconos". Esto es saludable porque evita asimismo que un solo individuo se enseoree de la iglesia, como se ve actualmente en ciertas congregaciones. En segundo lugar, volviendo a Hebreos, esa obediencia de los santos a sus pastores de ninguna manera debe ser ciega, sino que debe tratarse de una sujecin a la luz de los postulados del evangelio; una obediencia en la comunin espiritual, en la cual tome parte activa el Espritu Santo; una obediencia iluminada y guiada inteligentemente por el Espritu del Seor, en el conocimiento del amor de Cristo, lo cual se hace corporativamente. Cualquier sujecin forzosa y jerarquizada en la Iglesia, es abominable al Seor.

(*5) En Hebreos 13:7,17 y 24, el original griego para la palabra pastores usa hegoumnon, que significa "guas" o "dirigentes". Por la frase que sigue en el verso 7 se deduce que la expresin no puede limitarse slo a los pastores (los que gobiernan), sino tambin a los maestros, los que ensean.

El clericalismo de los sistemas religiosos cristianos es una mezcla de elementos del judasmo con algunos rasgos de la organizacin sacerdotal de la religin babilnica, con sus distintas variantes culturales. No hay que desconocer que Babilonia es la cuna de la religin satnica, y todo lo que proviene de Satans va enrumbado a desvirtuar los principios del Seor para Su Iglesia. En la religin babilnica, con sus variantes egipcia, griega, romana, etctera, haba una casta sacerdotal dominante. En el judasmo hubo una organizacin sacerdotal temporal, que fue cambiada por un sacerdocio eterno, que incluye a la Iglesia. En la legtima Iglesia del Seor no existe el clericalismo, pues todos somos sacerdotes. El apstol Pedro lo manifiesta con suma claridad en 1 Pedro 2:5, as:

"...vosotros tambin, como piedras vivas, sed edificados como casa espiritual y sacerdocio santo, para ofrecer sacrificios espirituales aceptables a Dios por medio de Jesucristo".

Otros textos que corroboran y confirman esta afirmacin los podemos tomar en Apocalipsis 1:6 y 5:10:

"...y nos hizo reyes y sacerdotes para Dios, su Padre; a l sea gloria e imperio por los siglos de los siglos. Amn".

"...y nos ha hecho para nuestro Dios reyes y sacerdotes, y reinaremos sobre la tierra".

No hay lugar a duda alguna de que no es la voluntad del Seor que en Su Iglesia haya posiciones y rangos clericales, ni mucho menos que los hombres se enseoreen de algo tan importante para el Padre, como es la Iglesia, la Esposa que El se propuso conseguirle a Su Hijo. La autoridad en la Iglesia es el Espritu Santo. Cuando el anciano de la iglesia se arroga esa autoridad emanada de su cargo, acarrea consecuencias desastrosas en la grey del Seor. Se ha confundido el ministerio, trabajo o servicio de pastor con un cargo revestido de una autoridad mal interpretada y peor aplicada, debido a que se ha reemplazado la norma bblica por la interpretacin humana (cfr. Colosenses 2:20-22).

En las iglesias locales, los ancianos presiden, pastorean, ensean, guan, pero no gobiernan con seoro, pues esa clase de gobierno conlleva cierta cuota de poder, y el poder quiere controlarlo todo, convirtindose en abuso del poder, tratando con dureza a las ovejas. Hay que tener en cuenta que todo poder tiende a personalizarse y a enseorearse. Es un principio claro del Seor que en Su Cuerpo no haya distincin entre clrigos y laicos. En la poca en que se reuni el concilio de Jerusaln, alrededor del ao 50 d. C., en la Iglesia no haba distincin an entre ministros y laicos. All dice que "se reunieron los apstoles y los ancianos para conocer este asunto" (Hechos 15:6). Dice el apstol San Pedro en su primera epstola 5:1-3:

"1Ruego a los ancianos que estn entre vosotros, yo anciano tambin con ellos, y testigo de los padecimientos de Cristo, que soy tambin participante de la gloria que ser revelada: 2Apacentad la grey de Dios que est entre vosotros, cuidando de ella, no por fuerza, sino voluntariamente; no por ganancia deshonesta, sino con nimo pronto; 3no como teniendo seoro sobre los que estn a vuestro cuidado, sino siendo ejemplos de la grey".

Esto lo escribe, bajo la inspiracin del Espritu Santo, el hombre que el catolicismo romano proclama como el primer papa; sistema jerarquizado, clerical y enseoreador por excelencia. Mas lastimosamente no slo ese sistema adolece de esos encumbramientos, sino los diferentes sistemas religiosos dentro de la cristiandad, que se han desmembrado del sistema madre, heredando, como es de suponer, muchas de sus formas externas, incluyendo metodologas, liturgias, clericalismos y sistemas eclesiolgicos extra bblicos. Aunque los primeros pasos firmes se dieron en el siglo segundo, perodo de Esmirna, sin embargo, la carta a la iglesia de Efeso nos indica que ya se levantaban hombres interesados en que se empezara a perder la igualdad entre los hermanos, y se empezara a deteriorar el sacerdocio de todos los santos. La Iglesia del Seor comenz cuando exista la esclavitud institucional aun entre los santos; pero tanto el esclavo como el amo eran iguales en la iglesia y delante del Seor. Eventualmente poda darse en cualquiera de las iglesias locales que el esclavo fuese obispo mientras que el amo no. Si observas detenidamente los sistemas religiosos cristianos de hoy, vers que en el catolicismo romano persiste el sacerdocio, en las iglesias nacionales y denominaciones institucionalizadas existe el sistema clerical y en las iglesias congregacionales e independientes, el sistema pastoral.

Odos sordos

"7El que tiene odo, oiga lo que el Espritu dice a las iglesias. Al que venciere, le dar a comer del rbol de la vida, el cual est en medio del paraso de Dios".

Hay un adagio popular que dice: "No hay peor sordo que el que el que no quiere or", y algo de eso encierra el contexto de la vez que el Seor enseaba usando la parbola del sembrador, y al final de la exposicin de la misma, dice: "9El que tiene odos para or, oiga". Cuando Sus discpulos le pidieron alguna explicacin tanto de la parbola como del por qu le hablaba por parbolas a la multitud, una de las razones que les responde el Seor es "13...porque viendo no ven, y oyendo no oyen, ni entienden. 14De manera que se cumple en ellos la profeca de Isaas, que dijo: De odo oiris, y no entenderis; y viendo veris, y no percibiris, 15porque el corazn de este pueblo se ha engrosado, y con los odos oyen pesadamente, y han cerrado sus ojos; para que no vean con los ojos, y oigan con los odos, y con el corazn entiendan, y se conviertan, y yo los sane" (Mt. 13:9, 13-15).

La frase: "El que tiene odo, oiga lo que el Espritu dice a las iglesias", es una constante que aparece en todas y cada una de las siete cartas que estamos desglosando. Por qu se repite esta frase y aparece la palabra iglesias en plural? Porque estas siete cartas de Apocalipsis no necesariamente estn dirigidas slo a las iglesias histricas en las localidades de Efeso, Esmirna, Prgamo, Tiatira, Sardis, Filadelfia y Laodicea, sino tambin a todas las iglesias que estn viviendo la misma situacin y caractersticas que aparecen en cada una de estas iglesias de Asia Menor, a travs del tiempo, como tambin es una profeca que nos dice que esas mismas condiciones histricas y en un lugar geogrfico, prevalecieron en determinada poca de toda la Iglesia. Pero acontece que a travs de la historia s se han tenido odos para or, pero no se ha odo la voz del Seor, y la Iglesia empez a perder paulatinamente esos principios de vida corporativa provistos y revelados por el Seor en Su incorporacin a la Iglesia. En este mismo orden de ideas, parece ser que se ha sembrado la semilla en terreno rocoso. El Seor le habla a las iglesias, no a denominaciones, sectas, religiones o grupos particulares. Si el cristiano no lo toma bajo esta perspectiva, corre el riesgo de no or ni entender lo que habla el Espritu. Si tienes capacidad para or, podrs ver muchas cosas espirituales. Primero hay que or la voz de Dios, y luego se tiene la visin de Dios. El Espritu no habla a una iglesia nica en particular ni a las que no lo son. El Espritu habla a Su verdadero candelero en cada localidad. En el candelero se oye la voz del Seor, y por eso se puede ver lo que Dios est haciendo en Su Iglesia conforme Su economa. La casa de Dios tiene su propia economa; y la economa de Dios tiene que ver con la administracin de Su casa, y es necesario que esa administracin produzca el efecto que Dios desea, conforme Sus propsitos eternos. En griego, la palabra oikonoma se compone de oiko, que significa casa, hogar, y nomia, norma o ley; la ley de la casa o norma del hogar. Debemos obedecer esas normas de la casa de Dios. Hay muchas congregaciones denominacionales que errneamente a s mismas se llaman iglesia local, y eso se debe a que no han tenido odos ungidos para or lo que est hablando el Seor en Su Palabra.

De acuerdo con lo anterior cabe preguntar, qu dice aqu el Espritu Santo, que el Seor invita a las iglesias a or? El Seor dej un depsito y los hombres empezaron a olvidarse de ese depsito y a alejarse de la voluntad del Seor para su Iglesia. El depsito es todo el conjunto doctrinal revelado, as como las promesas, las esperanzas y los privilegios que comporta la condicin cristiana. El depsito encierra la vida, el dogma y vivencia del andar de la Iglesia. Dice en 2 Timoteo 1:12-14: "12Por lo cual asimismo padezco esto; pero no me avergenzo, porque yo s a quin he credo, y estoy seguro que es poderoso para guardar mi depsito para aquel da. 13Retn la forma de las sanas palabras que de m oste, en la fe y amor que es en Cristo Jess. 14Guarda el buen depsito por el Espritu Santo que mora en nosotros". Y en Judas 3, se habla de "que contendis ardientemente por la fe que ha sido una vez dada a los santos", significando el conjunto de creencias o enseanzas consideradas bsicas para el cristiano.

El Seor quiere que trabajemos con l para la recuperacin de la unidad del candelero en cada localidad. El Seor dice que constantemente est observando la obra de las iglesias; que est atento a si hay autenticidad en lo que nos anima a servirle, si lo hacemos con amor, con ese bendito y gran amor con que l obra en nosotros y nos da todo, pues cuando el motor o fuerza que nos mueve a servirle al Seor, es el amor hacia l y no a nosotros mismos, la gloria de El y no la nuestra, Sus intereses y no los nuestros, exaltarlo a El y no a nosotros mismos, esa es la obra que le agrada. Tambin dice que tiene en cuenta nuestro sufrimiento y nuestra paciencia ante las adversidades, y que eso no significa que nos abandona a nuestra suerte. El Seor tiene palabras aprobatorias sobre el sufrimiento en la Iglesia; pero el cristianismo contemporneo desprecia el sufrimiento, lo rehuye, y en cambio proclama y se ocupa de la prosperidad en esta tierra, el poder coyuntural. Pablo le escribe a Timoteo: "3T, pues, sufre penalidades como buen soldado de Jesucristo. 12Si sufrimos, tambin reinaremos con l" (2 Ti. 2:3,12). Asimismo se advierte que el Seor de un solo plumazo descarta la moderna teologa de la prosperidad, cuando dice a sus discpulos: "24Si alguno quiere venir en pos de m, niguese a s mismo, y tome su cruz, y sgame. 25Porque todo el que quiera salvar su vida, la perder; y todo el que pierda su vida por causa de m, la hallar. 26Porque qu aprovechar el hombre, si ganare todo el mundo, y perdiere su alma? O qu recompensa dar el hombre por su alma?" (Mt. 16:24-26). Tambin el Seor nos abre los ojos ante los falsos obreros; que volvamos al primer amor de donde nos deslizamos.

La Iglesia como Cuerpo del Seor no tiene arraigo ni intereses terrenales, sino espirituales y celestiales, pero en el curso de la historia los papeles se fueron cambiando y la escala de valores se modific de tal manera, que las personas perdieron el odo espiritual, y empezaron a no entender el lenguaje de Dios. Lleg el momento en que se olvidaron las verdades bblicas y se reemplazaron por las tradiciones, los estatutos y reglamentos de los hombres, invalidando la Palabra de Dios. En la iglesia primitiva empez la oruga a comerse la via del Seor, pero en el curso de los siguientes perodos de la Iglesia, "lo que qued de la oruga, comi el saltn, y lo que qued del saltn, comi el revoltn; y la langosta comi lo que del revoltn haba quedado" (Joel 1:4).

Recompensa para los vencedores

Otra frase constante en las siete cartas es: "Al que venciere". El Espritu habla a las iglesias, o sea, a la Iglesia como un todo, pero la Iglesia no oye y falla, se va deslizando, desmejorando. Entonces el Seor se dirige a las personas individualmente para que se esfuercen y venzan, sean victoriosas, y, conforme a la historia de la Iglesia, en todos los tiempos ha habido personas victoriosas; en todas las pocas se han registrado personas vencidas, pero tambin vencedores, y para todos ellos hay galardn. Analice la parbola de las diez vrgenes. Es necesario vencer la respectiva situacin degradada, y en el caso de Efeso se refiere a recobrar el primer amor hacia el Seor y rechazar la enseanza y la jerarqua de los que se quieren enseorear de la obra del Seor.

Tambin en todas las cartas hay una recompensa diferente para los victoriosos. La recompensa a los que venzan en la carta a la iglesia en Efeso es, dice el Seor: "le dar a comer del rbol de la vida, el cual est en medio del paraso de Dios". El paraso de Dios es la Nueva Jerusaln venidera, distinto del paraso que aparece en Lucas 16:23-26 y 23:46, donde aguardan la resurreccin los santos que han gustado la muerte. El rbol de la vida es Cristo mismo, es la vid que nos alimenta. "Yo soy la vid verdadera y mi Padre es el labrador" (Juan 15:1). Es una enredadera que est a uno y otro lado del ro de agua de vida en medio de la calle de la Nueva Jerusaln, la ciudad esposa del Cordero, en la cual culminar la Iglesia dentro de la economa de Dios (cfr. Apocalipsis 22:1-2). Hay varios tipos de Cristo como alimento, como el man, el producto de la buena tierra de Canan y sobre todo el rbol de la vida, que se remonta al Gnesis. El comer del rbol de la vida era el propsito original de Dios, y ahora lo restaura con Su redencin.

La Iglesia deja de alimentarse de Cristo, por recibir otros alimentos suministrados por la religin a travs de las doctrinas de Balaam, de los nicolatas, de Jezabel y de las profundidades de Satans. Pero la Iglesia debe volver al banquete ofrecido por el Seor, porque el camino al rbol de la vida fue abierto de nuevo, un camino nuevo y vivo en Cristo (Hebreos 10:19-20). Es necesario abandonar la religin y alimentarnos de nuevo de Cristo, disfrutarle, volviendo a l con el primer amor. El Seor es nuestro pan de vida (Juan 6:35, 57). No es lo mismo alimentarse de enseanzas doctrinales que de Cristo como nuestro pan de vida. Siempre han circulado falsas doctrinas que han trado perturbacin al pueblo de Dios. Esta promesa es un incentivo para estimular a los hijos de Dios para que no se dejen engaar con doctrinas perturbadoras y en cambio disfruten al Seor, y se har efectiva como galardn en el reino milenial; pero todo vencedor puede empezar a disfrutarlo desde ahora, porque la vida de la Iglesia hoy es un gozo anticipado de la Nueva Jerusaln. El vencedor que se alimente de Cristo hoy, tiene ya asegurado que lo comer como rbol de la vida en la Nueva Jerusaln. Los galardones son muy diferentes a la salvacin. Los galardones son premios para los vencedores para recibirlos en el reino milenial, y la salvacin es un regalo de Dios para sus escogidos desde antes de la fundacin del mundo, y un regalo ni se gana, ni se merece, ni se pierde.

La continuidad apostlica

Cmo discurri el enlace y continuidad apostlica del perodo de Efeso con el de Esmirna? Hay consenso en que el perodo de Efeso, o primer gran perodo de la Iglesia, finaliz con la muerte del apstol Juan el evangelista, alrededor del ao 100 d. C. Se sabe por Policarpo, el gran obispo de Esmirna, que Juan se estableci en Efeso hacia el ao 60 d. C. y desde all supervis y salvaguard las iglesias de Asia Menor. Se indica asimismo que en los ltimos aos del emperador Domiciano, alrededor del 86 d. C., fue deportado a la isla de Patmos, frente a la costa occidental del Asia Menor, por causa de su testimonio firme en el Seor Jesucristo, pero volvi a Efeso de nuevo en tiempos del emperador Nerva, donde muri. De esto lo sabemos por Papas y Eusebio de Cesarea.

En el curso del perodo de Efeso fue escrito todo el Nuevo Testamento, cuyo ltimo libro, como se sabe, es el Apocalipsis de Juan, el discpulo amado, el ltimo en morirse de todos los apstoles del crculo del Seor. Pero esa lnea, tradicin y enseanza apostlica no se perdi con la muerte del apstol Juan, pues discpulos y compaeros de l continuaron; hombres de Dios de la talla de Policarpo (69-156), obispo de Esmirna, haban sido enseados por los apstoles, en especial Juan. Policarpo fue quemado vivo en tiempos del emperador Antonino Po.

Policarpo a su vez seguramente influy en la formacin de Ireneo (130-195), otro nativo de Esmirna, y que ms tarde form parte de un grupo de evangelistas enviados desde Esmirna como misioneros a las Galias (hoy Francia), y lleg a ser obispo de Lyon. Se le debe mucho a Ireneo haber combatido los errores y herejas, en especial al gnosticismo. En una visita a Roma, escribi un extenso tratado "Contra herejas", afirmando que los apstoles haban transmitido fielmente lo que haban recibido del Seor Jess, sin mezclar ese depsito con ideas extraas.

Discpulo de Juan y compaero de Policarpo fue asimismo Ignacio (31 - 107), obispo que fue de la iglesia de la localidad de Antioqua, y martirizado bajo la persecucin del emperador Trajano.

Otro discpulo del apstol Juan fue Papas (60 - 130), quien lleg a ser obispo de Hierpolis, en Frigia (hoy regin de Turqua). Por Eusebio conocemos un testimonio de Ireneo en el que afirma que Papas fue oyente o discpulo de Juan, y compaero de Policarpo. De Papas se dice que escribi cinco libros, "Explicacin de sentencias del Seor", la primera obra de exgesis del Nuevo Testamento, desafortunadamente perdidos, excepto los fragmentos conservados en la "Historia eclesistica" de Eusebio de Cesarea. Pero hay quienes afirman que Eusebio se abstuvo de conservar ms de los escritos de Papas por no compartir sus ideas milenaristas, como tambin sobre la cada de los ngeles y la explicacin de los primeros captulos del Gnesis, que constituye una exgesis acerca de la simbologa de Cristo y la Iglesia. Por Papas se conoce la autenticidad de los autores de los evangelios de Mateo, Marcos, Juan, las cartas de Juan y el Apocalipsis. Padeci el martirio en Prgamo.

Es importante mencionar tambin a Clemente, quien fue obispo de Roma en los aos 90-100, y es autor de una carta a los corintios, la cual es considerada por muchos como uno de los documentos ms valiosos y ms antiguos despus del Nuevo Testamento, la cual, antes de que se formase el canon definitivo de la Biblia, fue considerada como inspirada por algunas iglesias primitivas. El nombre de Clemente aparece en "El Pastor" de Hermas, y se supone que se identifica con el Clemente que Pablo menciona en Filipenses 4:3, un colaborador ntimo del equipo de obreros del gran apstol. Adems de la carta mencionada, a Clemente falsamente se le atribuye la autora de otros libros apcrifos como "Segunda epstola a los Corintios", dos "Cartas a las Vrgenes", "Homilas Pseudoclementinas" y "Relatos".

A fin de que el lector se vaya familiarizando ms con algunos detalles de estas siete iglesias de Apocalipsis, anotamos que al perodo de la Iglesia correspondiente a Efeso, lo mismo que a Esmirna y Prgamo, o sea, los tres primeros, el Seor no les menciona su venida; por lo tanto se les considera como perodos que caducaron sin que registraran continuidad y existencia histrica perdurable hasta la segunda venida del Seor. No ocurre as con los cuatro restantes, como lo veremos ms adelante, a los cuales el Seor s les revela Su venida. Esto significa que cuando ocurra eventualmente la segunda venida del Seor, no encontrar santos en la situacin de Efeso, ni de Esmirna, ni de Prgamo. Ntese que la llamada que el Seor hace al final a todas las iglesias ("el que tiene odos...") y la promesa a los vencedores ("al que venciere...") se invierten en las cuatro ltimas cartas (Tiatira, Sardis, Filadelfia y Laodicea). Esmirna y Filadelfia son las nicas que no reciben reproche alguno; en cambio, Laodicea es la nica que no recibe ninguna alabanza. feso y Laodicea se hallan en grave peligro; Esmirna y Filadelfia, en excelente situacin; Prgamo, Tiatira y Sardis, atraviesan por un estado espiritual mediocre.

Carta de Ignacio a los Esmirnios

Por Arcadio Sierra Daz - 23 de Abril, 2007, 17:38, Categora: General

EXCURSUS DEL CAPTULO I

CARTA DE IGNACIO A LOS ESMIRNIOS

(En este documento se encuentra el registro escrito ms antiguo sobre lo que ya se estaba dando en algunas partes, que hubiese distincin entre obispo y presbtero, considerando al obispo superior a los presbteros o ancianos. No obstante que este documento puede tener algn valor histrico-cultural, debe advertirse que su contenido, en algunos aspectos como el caso del obispado de su captulo VIII, es contrario a las Escrituras y, por lo mismo, para el pueblo cristiano esa parte no tendra ningn valor espiritual)

Firma y saludo

Ignacio, por sobrenombre Portador de Dios: A la Iglesia de Dios Padre y del amado Jesucristo; la que alcanz misericordia en todo don de la gracia; la que est colmada de fe y caridad, sin que le falte carisma alguno; Iglesia divinsima y portadora de santidad, establecida en Esmirna del Asia: Mi ms ntimo saludo en espritu irreprochable y en palabra de Dios.

gnacio, por sobrenombre Portador de Dios: A la Iglesia de Dios Padre y del amado Jesucristo; la que alcanz misericordia en todo don de la gracia; la que est colmada de fe y caridad, sin que le falte carisma alguno; Iglesia divinsima y portadora de santidad, establecida en Esmirna del Asia: Mi ms ntimo saludo en espritu irreprochable y en palabra de Dios.

Loa del destinatario. Profesin de fe

I. Yo glorifico a Jesucristo, Dios, que es quien hasta tal punto os ha hecho sabios; pues muy bien me di cuenta de cun apercibidos estis de fe inconmovible, bien as como si estuvierais clavados, en carne y en espritu, sobre la cruz de Jesucristo, y qu afianzados en la caridad por la sangre del mismo Cristo. Y es que os vi llenos de certidumbre en lo tocante a nuestro Seor, el cual es, con toda verdad, del linaje de Dios segn la carne, Hijo de Dios segn la voluntad y poder de Dios, nacido verdaderamente de una virgen, bautizado por Juan, para que fuera por l cumplida toda justicia. 2. De verdad, finalmente, fue clavado en la cruz bajo Poncio Pilatos y el tetrarca Herodes -de cuyo fruto somos nosotros, fruto, digo, de su divina y bienaventurada pasin-, a fin de alcanzar bandera por los siglos, por medio de su resurreccin, entre sus santos y fieles, ora vengan de los judos, ora de los gentiles, aunados en un solo cuerpo de su Iglesia.

Los docetas, entes aparenciales

II. Porque todo eso lo sufri el Seor por nosotros a fin de que nos salvemos; y lo sufri verdaderamente, as como verdaderamente se resucit a s mismo, no segn dicen algunos infieles, que slo sufri en apariencia. Ellos s que son la pura apariencia! Y, segn como piensan, as les suceder, que se queden en entes incorpreos y fantasmales.

"Tocad, palpad y ved"

III. Yo, por mi parte, s muy bien sabido, y en ello pongo mi fe, que, despus de su resurreccin, permaneci el Seor en su carne. 2. Y as, cuando se present a Pedro y sus compaeros, les dijo: Tocadme, palpadme y ved cmo yo no soy un espritu incorpreo. Y al punto le tocaron y creyeron, quedando compenetrados con su carne y con su espritu. Por eso despreciaron la misma muerte o, ms bien, se mostraron superiores a la muerte. 3. Es ms, despus de su resurreccin, comi y bebi con ellos, como hombre de carne que era, si bien espiritualmente estaba hecho una cosa con su Padre.

Fieras en forma humana

IV. Ahora bien, carsimos, todo eso os lo encarezco, aun a sabiendas de que tambin vosotros sents as. Pero es que yo hago de centinela por vosotros contra esas fieras en forma humana, a las que es necesario que no slo no las recibis entre vosotros, sino que, de ser posible, ni aun toparos debis con ellas. Lo nico que os cumple es que roguis por ellos, por si hay manera de que se conviertan, cosa por cierto difcil. Sin embargo, eso cae dentro del poder de Jesucristo, verdadera vida nuestra.

2. Porque si slo en apariencia fueron hechas todas estas cosas por nuestro Seor, luego tambin yo estoy cargado de cadenas en apariencia. Por qu, entonces, me he entregado yo, muy entregado, a la muerte, a la espada, a las fieras? Mas la verdad es que estar cerca de la espada es estar cerca de Dios, y encontrarse en medio de las fieras es encontrarse en medio de Dios. Lo nico que hace falta es que ello sea en nombre de Jesucristo. A trueque de sufrir juntamente con l, todo lo soporto, como quiera que l mismo, que se hizo hombre perfecto, es quien me fortalece.

Los que niegan, son negados

V. A l, por desconocerle, le niegan algunos; o, ms bien, han sido por l negados, como abogados que son antes de la muerte que de la verdad. Gentes a quienes no han logrado convencer los profetas ni la ley de Moiss, ni siquiera, hasta el presente, el Evangelio mismo, ni los sufrimientos de cualesquiera de nosotros. 2. Y es que sobre nosotros profesan tambin la misma opinin.

Porque, de qu me aprovecha que alguien me alabe a m, si maldice de mi Seor al no confesar que lleva una carne? El que esto no confiesa, le ha negado absolutamente, y es l entonces quien lleva sobre s un cadver.

3. Ahora, por lo que hace a sus nombres, como son de gentes infieles, no me pareci bien consignarlos aqu. Es ms: ni aun acordarme quisiera de ellos hasta que se conviertan a aquella pasin que es nuestra resurreccin.

Caridad, piedra de toque

VI. Que nadie se lleve a engao: aun las potestades celestes y la gloria de los ngeles y los prncipes, visibles e invisibles, si no creen en la sangre de Cristo, estn tambin sujetos a juicio. El que pueda entender que entienda. Que nadie se engra por el lugar que ocupa, pues el todo est en la fe y en el amor, a las que nada se puede anteponer.

2. Por lo dems, respecto a los que profesan doctrinas ajenas a la gracia de Jesucristo, venido a nosotros, daos cuenta cabal de cun contrarias son al sentir de Dios. La prueba es que nada se les da por el amor; no les importa la viuda y el hurfano, no se les da nada del atribulado, ni se preocupan de quin est encadenado o suelto, hambriento o sediento.

Los herejes huyen de la Eucarista

VII. Aprtense tambin de la Eucarista y de la oracin, porque no confiesan que la Eucarista es la carne de nuestro Salvador Jesucristo, la misma que padeci por nuestros pecados, la misma que, por su bondad, resucit el Padre. As, pues, los que contradicen al don de Dios, mueren y perecen entre sus disquisiciones. Cunto mejor les fuera celebrar la Eucarista, a fin de que resucitaran!

2. Conviene, por tanto, apartarse de tales gentes, y ni privada ni pblicamente hablar de ellos, sino prestar toda atencin a los profetas, y sealadamente al Evangelio, en que la pasin se nos hace patente y vemos cumplida la resurreccin. Toda escisin, en cambio, huidla, como principio de males.

Todo bajo la dependencia del obispo

VIII. Seguid todos al obispo, como Jesucristo al Padre, y al colegio de ancianos como a los apstoles; en cuanto a los diconos, reverenciadlos como al mandamiento de Dios. Que nadie, sin contar con el obispo, haga nada de cuanto atae a la Iglesia. Slo aquella Eucarista ha de tenerse por vlida que se celebre por el obispo o por quien de l tenga autorizacin.

2. Dondequiera apareciere el obispo, all est la muchedumbre, al modo que dondequiera estuviere Jesucristo, all est la Iglesia universal. Sin contar con el obispo, no es lcito ni bautizar ni celebrar la Eucarista; sino, ms bien, aquello que l aprobare, eso es tambin lo agradable a Dios, a fin de que cuanto hiciereis sea seguro y vlido.

Exhortaciones y gratos recuerdos

IX. Razonable cosa es que por fin volvamos sobre nosotros mismos, mientras an tenemos tiempo para convertirnos a Dios. Bien est que sepamos de Dios y del obispo. El que honra al obispo, es honrado de Dios. El que a ocultas del obispo hace algo, rinde culto al diablo.

2. Que todo, pues, redunde en gracia para vosotros, pues dignos sois de ello. En todo me aliviasteis, como a vosotros ruego os alivie Jesucristo. Ausente, lo mismo que presente, me habis dado pruebas de vuestro amor. Que Dios sea vuestra paga, a quien alcanzaris, como todo lo soportis por su amor.

Mis cadenas, rescate vuestro

X. Bien hicisteis en recibir, como a ministros que son de Cristo Dios, a Filn y Reo Agatpode, que me van acompaando con la sola mira de Dios. Ellos dan tambin gracias al Seor por vosotros, por haberlos aliviado de todas las maneras. Nada de eso ha de ser perdido para vosotros.

2. Por rescate vuestro ofrezco mi espritu y mis cadenas, que vosotros no despreciasteis altivamente ni os avergonzasteis de ellas. Tampoco de vosotros se avergonzar aquel que es vuestra cabal esperanza: Jesucristo.

Un embajador de Dios a Antioqua

XI. Vuestra oracin ha llegado hasta la iglesia de Antioqua de Siria, desde donde, cargado de estas divinsimas cadenas, voy saludando a todos, yo, que no soy digno de contarme entre ellos, pues soy el ltimo de todos; sin embrago, porque as lo quiso el Seor, y no por los mritos de que yo tenga conciencia, sino de pura gracia de Dios -y ojal me sea dada cumplida!-, fu hecho digno, por vuestra oracin, de alcanzar a Dios.

2. Ahora bien, para que vuestra obra llegue a su perfeccin, tanto en la tierra como en el cielo, es conveniente, para honor de Dios, que vuestra iglesia elija a un embajador divino que vaya hasta la Siria y les felicite por gozar de paz y haber recobrado su propia grandeza y se haya restablecido el propio cuerpecillo de aquella iglesia.

3. As, pues, me ha parecido cosa digna de Dios enviar a alguno de los vuestros con una carta, a fin de que celebre juntamente con ella la bonanza divina que les ha sobrevenido y que por vuestra oracin hayan felizmente arribado ya al puerto. Si sois perfectos, tened tambin pensamientos de perfeccin. Porque si vosotros estis decididos a obrar bien, pronto est Dios tambin a procuraros lo que hubiereis de necesitar.

Saludos y despedida

XII. Os saluda el amor de los hermanos de Troas, desde donde tambin os escribo por mano de Burro, que enviasteis conmigo juntamente con los efesios, hermanos vuestros, y que en todo me ha aliviado. Y pluguiera a Dios que todos le imitaran, como dechado que es en el ministerio de Dios! Que la gracia se lo recompense de todo en todo. 2. Saludo a vuestro obispo, digno de Dios; al divino colegio de ancianos, y a los diconos, consiervos mos, y a todos los del pueblo en general, en nombre de Jesucristo, en su carne y en su sangre, en su pasin y resurreccin, corporal a par que espiritual, en la unidad de Dios y de vosotros. Que la gracia sea con vosotros; la misericordia, la paz y la paciencia en todo momento.

Saludos particulares

XIII. Saludo a las familias de mis hermanos, con sus mujeres e hijos, a las vrgenes que son llamadas "viudas". Recibid mi adis en la virtud del Padre. Os saluda Filn, que est conmigo.

2. Mi saludo a la familia de Tavas, a la que ruego se afiance en la fe y en el amor, tanto corporal como espiritual. Saludo a Alce, nombre para m querido, y a Dafno, el incomparable, y a Eutecno, y nominalmente a todos. Adis en la gracia de Dios.

PADRES APOSTLICOS. Versin de Daniel Ruz Bueno. BAC, Madrid. Quinta edicin de 1985. Pginas 488 a 496.

2. Esmirna (1a. parte)

Por Arcadio Sierra Daz - 23 de Abril, 2007, 17:21, Categora: General

Captulo II

E S M I R N A

SINOPSIS DE ESMIRNA

Tiempos de amargura de la Iglesia

Perodo de los mrtires - Grandes pruebas para los santos - Los catecmenos - Sinagogas de Satans - Los judaizantes.

Herejas de los siglos II y III

Herejes y herejas: Marcin - Sabelianismo - Montanistas - Maniquesmo.

Las diez grandes persecuciones

Bajo el gobierno de los emperadores romanos: Nern - Domiciano - Trajano - Antonino Po - Marco Aurelio - Septimio Severo - Maximino Tracio - Decio - Valeriano - Diocleciano - Grandes mrtires: Pedro - Pablo - Juan - Clemente de Roma - Policarpo de Esmirna - Justino Mrtir - Perpetua y Felicita - El dicono Lorenzo.

Los primeros llamados padres de la Iglesia

Clemente de Alejandra - Orgenes - Gregorio Taumaturgo - Escuelas Teolgicas: Alejandra - Antioqua - Asia Menor - Cartago.

Los apologistas y polemistas

Apologistas: Aristides - Epstola a Diogneto - Justino Mrtir - Melitn - Apolinar de Hierpolis - Atengoras - Milciades - Tefilo -Taciano - Minucio Flix - Hermias - Polemistas: Ireneo - Tertuliano.

Los vencedores de Esmirna

Segunda recompensa: Recibirn la corona de la vida y no sufrirn dao de la segunda muerte - Qu es la muerte segunda? A qu se refiere el sufrir dao de la segunda muerte?

LA CARTA A ESMIRNA

"8Y escribe al ngel de la iglesia en Esmirna: El primero y el postrero, el que estuvo muerto y vivi, dice esto: 9Yo conozco tus obras, y tu tribulacin, y tu pobreza (pero t eres rico), y la blasfemia de los que se dicen ser judos, y no lo son, sino sinagoga de Satans. 10No temas en nada lo que vas a padecer. He aqu, el diablo echar a algunos de vosotros en la crcel, para que seis probados, y tendris tribulacin por diez das. S fiel hasta la muerte, y yo te dar la corona de la vida. 11El que tiene odo, oiga lo que el Espritu dice a las iglesias. El que venciere, no sufrir dao de la muerte segunda" (Ap. 2:8-11).

Trago amargo

La localidad de Esmirna estaba situada en Asia Menor, en las costas del mar Egeo, en el golfo del mismo nombre. Fue una antigua colonia de los jonios, y ms tarde hizo parte de la provincia romana de Asia. Se dice que bajo la proteccin de Roma fue, en el Imperio bizantino (de Constantinopla), uno de los centros de expansin del cristianismo. Hoy es una ciudad de Turqua, conocida en el idioma turco como Izmir, y es la capital de la provincia homnima (a diferencia de Efeso, en Esmirna residen cristianos. Incluso es sede de arzobispado catlico).

Es la segunda carta de las siete de Apocalipsis, y est dirigida a una iglesia que representa la condicin y caractersticas de la Iglesia en el perodo proftico comprendido entre final del siglo primero hasta el ao 313 d. C.; es decir, entre el subperodo subapostlico y muerte del apstol Juan hasta la promulgacin del Edicto de Tolerancia, o Edicto de Miln, del emperador Constantino el Grande. La carta comienza diciendo:

"8Y escribe al ngel de la iglesia en Esmirna: El primero y el postrero, el que estuvo muerto y vivi, dice esto:".

El trmino Esmirna (Izmir) procede de la misma raz griega de mirra, o sea, myrrh, cuyo significado es "amargura", lo cual se relaciona con el sufrimiento. La mirra es una gomorrecina preciosa que se obtiene practicando incisiones en la corteza de la planta, y de esas heridas fluye la mirra en forma de lgrimas, que al desecarse se tornan rojizas, traslcidas, frgiles y de factura brillante. En tiempos antiguos, la mirra, considerada un material precioso, fue usada en inciensos, perfumes, ungentos, medicinas, y se haca ofrenda de ella en el culto y los sacrificios. Entre los elementos que eran aadidos al leo de la santa uncin, estaba la mirra, que representa la obra del Seor en la cruz, o sea, la muerte; por eso la mirra serva para embalsamar a los muertos, como lo que quisieron hacer las mujeres que visitaron la tumba del Seor Jess. De lo anterior colegimos el profundo significado de la palabra Esmirna, significado que nos revela la condicin de la iglesia en esa ciudad y del segundo perodo histrico-proftico de la Iglesia, la Iglesia sufriente.

La situacin de los santos de la iglesia en la ciudad de Esmirna era estrecha, presionados en un foco de adoracin al Csar, cualquiera que fuese el emperador de turno. Se dice que en esa ciudad residan muchos judos que no perdan oportunidad de incitar a las autoridades y a la gente comn a la persecucin contra los cristianos. Al comienzo los principales perseguidores eran los judos aferrados a su religin, pues les pareca que estaban siendo socavadas sus amadas y milenarias instituciones y tradiciones judaicas. El perodo de Esmirna se caracteriza porque durante ese lapso la Iglesia fue objeto de diez grandes persecuciones por parte de los emperadores romanos. Es el perodo de los mrtires, de la Iglesia perseguida, es la Iglesia en prueba, no porque haya estado pasando por un bajn espiritual, no; al contrario, eso demuestra que se trataba de un perodo de mucha madurez espiritual, no eran unos nios en la fe, pues a los nios no se les puede tener la suficiente confianza para someterlos a semejantes pruebas.

Por amor, el Seor les concede a los maduros pasar por pruebas, porque la Palabra de Dios dice que eso es necesario para la Iglesia; y el Seor los estaba preparando para mayores pruebas que se avecinaban. Es la Iglesia en amargura. Ya la Iglesia de Cristo haba pasado por el perodo de gestacin, de la gloriosa llenura de la presencia y el poder del Espritu Santo, dotndola de las herramientas necesarias para un trabajo sobrenatural en medio de un mundo saturado por los principios satnicos, pero habiendo empezado a perder su primer amor desde la poca de Efeso, y al borde de iniciar una poca de sangrientas persecuciones, por eso a esta iglesia, el Seor se presenta como el primero y el postrero, o sea, el eterno, atributo slo de Dios; primero porque le ha dado comienzo, origen a Su propsito eterno, y postrero porque lleva a consumacin todo lo que se ha propuesto; slo l es eterno, y eso significa tambin que no tuvo principio ni tendr fin, y como Dios jams cambia, es inmutable y por lo tanto confiable, digno de toda confianza. La perseguida iglesia en Esmirna necesita el respaldo del Seor, fiel, poderoso, inmutable, el Cordero que fue destinado e inmolado desde antes de la fundacin el mundo como sacrificio por nuestros pecados (cnfer 1 Pedro 1:20 y Apocalipsis 13:8). Esto significa que Cristo fue el primer mrtir, pero vive porque resucit, la muerte no pudo retenerle. Los alienta como si les dijera: No temis, pues el juicio y la muerte a que os someten ahora son pasajeros. Yo soy el juez del ltimo juicio, y soy la resurreccin y la vida. Eso le da seguridad de existencia a la Iglesia. Hay ocasiones crticas en el existir humano, aun en la vida de muchos santos, en que paradjicamente no es fcil sostenerse en la fidelidad de Dios, pues no importa que seas un gigante en la fe; ten cuidado, puedes fallar. Pero l est ah; siempre est ah. l quiere animar e infundir confianza a los santos de Esmirna.

Adems de las anteriores credenciales, tambin el Seor se les presenta como el que estuvo muerto y vivi, en donde el Seor se est refiriendo a Su muerte por crucifixin y gloriosa resurreccin al tercer da. Para l pedirle a la Iglesia que sea fiel hasta la muerte, l mismo lo haba sufrido antes, l mismo haba pasado por esa amarga experiencia. Eso es de gran ayuda, aliento y consuelo para la Iglesia sufriente. A Cristo lo llev a la cruz un poder religioso, el judasmo, asociado con uno poltico, el Imperio Romano; el Seor no se mezcl con ese binomio, y fue crucificado en una aparente derrota, de donde sali victorioso, pues el Seor fue glorificado por Su muerte, y al resucitar, Su poder super al que haba tenido en los das de Su humanidad. El Seor fue el primer vencedor.

Dice el apstol San Pablo que si el Seor Jesucristo no hubiese resucitado, seramos, los cristianos, las personas ms dignas de conmiseracin de todos los hombres, pues vana sera nuestra fe (cfr. 1 Corintios 15:17,19); de manera que el Seor est vivo, y el mismo poder que resucit al Seor Jess, eventualmente nos resucitar a nosotros. Debemos permanecer firmes en la gran victoria de Cristo sobre la muerte y sobre Satans. La gran ola de psicologa y apologa de la prosperidad que ha invadido al cristianismo tiende a cubrir con una gran cortina de humo lo del sufrimiento en la Iglesia; por Su bondad y Su sabidura, el Seor no siempre nos libra de la angustia y la tribulacin; pero si no se sufre no se puede triunfar. Qu se entiende por triunfar? Cuidado! No confundas las bendiciones materiales de Deuteronomio 28, prometidas para un pueblo terrenal como Israel, con las bendiciones de tipo espiritual exclusivas de la Iglesia, Cuerpo de Cristo, escondida con l en lugares celestiales. Nuestra posicin con relacin al Seor es diferente a la de Israel. Para Israel son las promesas de tipo terrenal, para la Iglesia tomar la cruz cada da y seguir al Seor en un mundo en que somos peregrinos. Si la Iglesia se interesa por triunfar en las cosas materiales y en las ambiciones de poder que a menudo se esconden en los asuntos de la poltica y dems enredos de este mundo, inmediatamente se desva del verdadero propsito del Seor.

El Seor ha determinado para la Iglesia una clase especial de trabajo y posicin ante el mundo, que necesariamente conlleva el sufrimiento, porque la Iglesia de Cristo es tambin un ejrcito en constante lucha, y esa es la razn por la cual el Seor nos dice que nos fortalezcamos en l, y en el poder de Su fuerza. Por qu? "Porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes" (Ef. 6:12). Constantemente el sufrimiento debe estar en la agenda del creyente, as como el Seor Jesucristo estuvo siempre consciente de esa situacin, y de saber que Su encarnacin se deba a que vino a morir vicariamente por nosotros, con todo ese bagaje de sufrimiento que afront. Si el Seor estima que debemos sufrir, es porque nos conviene sufrir. Que en su momento l determine librarnos del sufrimiento, que eso lo decida l conforme a su infinita sabidura, misericordia y soberana. Seamos sobrios y no nos dejemos hipnotizar o embriagar por el espejismo del triunfo secular. Nuestro verdadero triunfo est con el Seor en Su reino. Si el Seor permite la tribulacin en Su Iglesia, es porque la Iglesia lo necesita. El cristiano vencedor se goza en medio de las tribulaciones y a pesar de ellas (cfr. Fil. 2:17; 2 Co. 7:13; 12:10). Aunque parezca una paradoja, por un lado nadie puede continuar la redencin del Seor, pero por el otro es necesario que la Iglesia cumpla lo que falta de Sus sufrimientos, tanto a nivel individual como colectivo. Dice el apstol Pablo: "Cumplo en mi carne lo que falta de las aflicciones de Cristo por su cuerpo, que es la iglesia" (Col. 1:24). Tengamos en cuenta que la obra de la redencin en la cruz se llev a cabo una vez por todas (He. 9:28; 10:12,14); pero una cosa es la obra de la redencin, que ta est completa, y otra es la aplicacin de la redencin a travs de la historia, pues el mismo Cristo que nos redimi en la cruz, es el mismo que ahora vive en el creyente (G. 2:20), completando as en nuestra carne, llenando lo que falta de lo que l realiz en Su propia carne en la cruz, porque nosotros somos ahora Su cuerpo, la Iglesia. Nosotros fuimos tambin crucificados.

Ricos en la pobreza

"9Yo conozco tus obras, y tu tribulacin, y tu pobreza (pero t eres rico), y la blasfemia de los que se dicen ser judos, y no lo son, sino sinagoga de Satans".

Alabamos al Seor porque l conoce las obras de la Iglesia. En el segundo perodo proftico de la Iglesia, a pesar de los conflictos internos, los creyentes de antes de la poca de Constantino continuaban formando comunidades que no se haban desviado de los principios del Nuevo Testamento, y en medio de ese entorno hostil a la Palabra de Dios, la Iglesia del Seor se distingua por su calidad de vida frente al mundo pagano. A modo de ejemplo, comentamos que en esa poca no se haba introducido lo del bautismo de los nios, pues las familias cristianas esperaban que sus hijos reconocieran por s mismos y recibieran voluntariamente al Seor (aunque algunos cristianos han visto en ciertos versculos bblicos que se refieren al bautismo, la posibilidad de que hayan sido bautizados algunos nios, como en el caso de Hechos 16 en relacin con las familias del carcelero de Filipos y de Lidia de Tiatira). No obstante debemos recordar en el texto de Hechos 8, la respuesta de Felipe a la pregunta del eunuco sobre cules eran los requisitos para el bautismo, y la respuesta fue, la fe. Se debe tener conciencia de que el bautismo no es condicin necesaria para la salvacin, sino un acto pblico de testimonio y obediencia, y era administrado por inmersin. Aunque al comienzo no fue as, lleg el tiempo en que los convertidos pasaban por un perodo de aprendizaje o preparacin para el bautismo; eran los catecmenos. En muchos casos los catecmenos eran bautizados enseguida. No obstante, que la Iglesia continuaba en el desliz iniciado en la segunda mitad del perodo de Efeso, nos atrevemos a afirmar que an en esa poca el amor era el vnculo ms fuerte de unin.

En las iglesias locales se acostumbraba destinar las ofrendas a un fondo comn principalmente para la ayuda de los santos pobres, con la participacin y direccin de los ancianos de la iglesia. Los que reciban una ayuda sistemtica eran los matricularii, pues estaban inscritos en la matrcula, o sea, que haba una lista o canon de las viudas, hurfanos, ancianos sin recursos, los que haban perdido sus bienes a causa de una desgracia (un naufragio, por ejemplo), los que en tiempos de la persecucin haban cado en la miseria, y dems necesitados. Por ejemplo, es digno de mencin que en la comunidad cristiana de Roma llevaban un registro de los hermanos que haban sido enviados a trabajos forzados en las minas de la isla mediterrnea de Cerdea, para mandarles ayuda. La Iglesia no se cuidaba de atesorar ni de incrementar su patrimonio; no haba el inters de construir lujosos y grandiosos templos para las reuniones, y los dineros no eran desviados a cubrir gastos que no fueran estrictamente necesarios, aparte de atender a los santos pobres. La Iglesia de Jesucristo carece de tesoros terrenales, como lo atestigu el dicono Lorenzo cuando, ante el tribunal pagano, se le conmin a que entregara los tesoros de la iglesia, l contest que los tesoros de la comunidad cristiana son los santos pobres. De dnde provenan estos recursos? La ofrenda es un acto de adoracin y honra al Seor, y debe ser voluntaria.

Dice Tertuliano que "cada uno da una vez al mes o cuando quiere, si es que quiere alguna vez, y si puede, pues a nadie se le obliga". Respecto de esto, es digno de mencionar tambin que Justino Mrtir en la descripcin de las reuniones dominicales de la iglesia para la Cena del Seor, y que a mediados del siglo segundo empezaban a llamarle eucarista, de una palabra griega que significa el dar gracias, dice que las contribuciones hechas por los hermanos pudientes, eran depositadas en manos del oficial presidente de la reunin, el cual se encargaba de usar esos fondos para socorrer a las viudas, a los hurfanos, a los enfermos, a los prisioneros, a los extraos que visitaban a los cristianos y a otros que atravesaban por alguna necesidad. En el perodo de Esmirna, la Iglesia es alentada. Es una de las dos, con Filadelfia, que no recibe reproches del Seor, y la anima y aprueba esas obras en el sufrimiento. El Seor sabe cul es el origen de ese sufrimiento; l conoce la tribulacin debida a la amarga persecucin de que es objeto Su amada, y que detrs de bambalinas es Satans quien en verdad est interesado en destruir a la Iglesia de Jesucristo, pero el querubn cado se vale de sus instrumentos humanos para realizar su labor destructiva, y en esos doscientos aos del perodo de Esmirna us todo el podero imperial para efectuar sus protervos deseos. El Seor permite la tribulacin en Su Iglesia, entre otras cosas, para capacitarla para que participe y disfrute de las riquezas de la vida del Seor.

Eventualmente la historia registra la accin de los emperadores romanos. Qu motivos aparentes movan a los Csares a perseguir a los cristianos y pretender extirparlos? Qu males le acarreaban los santos al Imperio y a la sociedad? Eran los creyentes unos delincuentes? Los cristianos hacan el bien; conformaban un grupo obediente a la ley, pero eran odiados y perseguidos de muerte debido a que no compartan la idolatra y la adoracin a los dioses ajenos; en consecuencia eran considerados unos alienados, personas insociables, desafectos o aborrecedores de los dems seres humanos; eran considerados tambin unos ateos porque no crean en los dioses paganos, y todo eso iba alimentando un antagonismo morboso. Tambin consideran los historiadores que la negativa de muchos cristianos a ejercer cargo de magistrados, portar armas y rendir culto al emperador, los hizo oficialmente sospechosos. En los primeros siglos, en los tiempos de la Repblica, se renda culto a Roma, pero con el establecimiento del imperio, los emperadores, con el ttulo de Augustos, fueron considerados "divinos", pues les llamaban prsens divinus (divinidad encarnada), y reclamaron culto a su persona, tal vez siguiendo la costumbre heredada desde los tiempos de Alejandro Magno.

Similar a lo que ocurre hoy en torno a las religiones idoltricas y supersticiosas, con esa efervescencia en la fabricacin de toda suerte de objetos religiosos, ese gran comercio con misas fnebres, responsos, crucifijos, imgenes, escapularios, estampas, medallas, sufragios, veladoras y miles de cosas ms, en ese tiempo se haban cristalizado fuertes intereses financieros en la industria religiosa pagana; sacerdotes y laicos relacionados con los templos de los dolos, los fabricantes de imgenes, escultores, arquitectos de templos, artesanos de rplicas de templos, como el caso de los plateros de Efeso; todos ellos vean afectados sus pinges negocios por el avance de la Iglesia, e incitaban y promovan la persecucin en contra de los santos.

El Seor tambin le dice a la Iglesia en Esmirna que conoce su pobreza. Algunos exegetas consideran que se trata de una pobreza econmica, lo cual en parte puede ser verdad; y consideramos que estar atribulados y perseguidos en medio de escasez ya de por s es una gran calamidad. Pero si analizamos ms detenidamente el contexto y profundizamos el significado, obtendremos nuevas luces sobre este rasgo tan importante de la Iglesia en el perodo de Esmirna. Cuando le dice que conoce su pobreza, a continuacin, y en contraste, le aade las palabras "pero t eres rico"; es decir, que hay una riqueza en el Seor que genera esa pobreza de espritu. Es todo lo contrario de lo que le dice a la iglesia en Laodicea: "Porque t dices: Yo soy rico, y me he enriquecido, y de ninguna cosa tengo necesidad; y no sabes que t eres un desventurado, miserable, pobre, ciego y desnudo" (Ap. 3:17). Se dice que esta riqueza de que se enorgullece la iglesia en Laodicea no es necesariamente de tipo material, aunque tambin hay parte de eso; ntese que ya de por s esa expresin encierra soberbia, y el Seor le aclara su verdadera condicin espiritual. El verdadero vencedor es pobre en espritu y rico en Dios.

Asimismo ocurre en el caso de Esmirna. La pobreza de esta sufrida iglesia puede tener sus visos de necesidades materiales, y de hecho los tiene si tenemos en cuenta que por causa de las persecuciones eran despedidos de sus trabajos, sus bienes confiscados y sufran prdidas por diferentes motivos; pero la tribulacin, la pobreza, la blasfemia, la crcel y la muerte, son los ingredientes de la amargura de Esmirna. No hay base escrituraria para afirmar que la pobreza sea algo bueno per se, ni que garantice la espiritualidad de la persona; como tampoco la Biblia hace la apologa de la riqueza. Hay ricos santos y humildes, as como hay pobres altivos. El Seor tiene otros intereses y otros propsitos. Dice en Mateo 5:3: "Bienaventurados los pobres en Espritu, porque de ellos es el reino de los cielos". No siempre la riqueza material engendra soberbia, pues de hecho hay creyentes adinerados que son humildes de corazn, pero la carencia de pobreza espiritual se traduce a menudo en altivez; la pobreza espiritual es caracterstica fundamental del cristiano normal.

Es notorio que hay un aspecto en que el cristianismo denominacional se asemeja mucho al mundo y es que en muchos sectores del protestantismo se propugna con regularidad hacia la prosperidad y al xito material y se desprecia la humildad. Una de las nefastas consecuencias de esta orientacin es la marcada tendencia a dividirse en congregaciones con distingos de clases, posiciones sociales, situaciones econmicas y hasta profesionales. Apoya el Seor que haya iglesias de ricos e iglesias de pobres? No es vergonzoso delante del Seor que haya iglesias de blancos e iglesias de negros? Est conforme el Seor con todas esas discriminaciones, exclusividades, divisiones, altiveces y esnobismos que suelen darse en Sus hijos por los que derram toda Su sangre el ser ms humilde que haya pisado esta tierra? Ser pobre en espritu es no confiar en lo que tienes, ni en lo que sabes, ni en lo que eres, sino que tu sola confianza est puesta en el Seor. En esto se diferencia el hombre natural y el cristiano. Una persona que tiene al Seor Jesucristo como su nico soporte, su nico tesoro y su nica riqueza, es verdaderamente rica. Al respecto cabe preguntar, qu dicen los apologistas de la llamada teologa de la prosperidad?

Sinagogas de Satans

Tambin el Seor le manifiesta a la iglesia en Esmirna que est atento a la blasfemia de los que se dicen ser judos y no lo son, sino que se han convertido en Sinagoga de Satans. Es innegable que desde su nacimiento la Iglesia del Seor fue objeto de los ataques por parte de los judos, as como lo haba sido el Seor en su ministerio terrenal. Observamos que las primeras persecuciones se originaron por cuenta de los judos. Ms tarde el apstol Pablo en sus recorridos predicaba primero en las sinagogas de los judos; algunos crean, pero los que se oponan blasfemaban y fomentaban la persecucin, y aun muchos de los que crean tambin importunaron con la pretensin de la judaizacin en la Iglesia. Pero el asunto va ms all; todo eso encierra la simbologa de algo ms profundo, pues a la luz de la Palabra, el trmino judo es genrico para todos los creyentes, los que tengan "11la fe que tuvo (Abraham) estando an incircunciso; para que fuese padre de todos los creyentes no circuncidados, a fin de que tambin a ellos la fe les sea contada por justicia; 12y padre de la circuncisin, para los que no solamente son la de la circuncisin, sino que tambin siguen las pisadas de la fe que tuvo nuestro padre Abraham antes de ser circuncidado" (Ro. 4:11-12). Tambin lo aclara Pablo cuando dice: "28Pues no es judo el que lo es exteriormente, ni es la circuncisin la que se hace exteriormente en la carne; 29sino que es judo el que lo es en lo interior, y la circuncisin es la del corazn, en espritu, no en letra; la alabanza del cual no viene de los hombres, sino de Dios" (Ro. 2:28,29). "7Ni por ser descendientes de Abraham, son todos hijos. 8No los que son hijos segn la carne son los hijos de Dios" (Ro. 9:7, 8).

Entonces un verdadero creyente en Cristo tipolgicamente es un verdadero judo, y tambin en esa modalidad de judo puede haber falsos judos (cfr. Juan 8:39-47). Se puede aparentar ser judo. Esto nos deja la seria inquietud de que tambin existen congregaciones que se dicen ser cristianas sin serlo sino sinagogas de Satans, en donde no se predica el evangelio total. Y si no se hace la voluntad del Seor, la voluntad de quin se hace? Quien se oponga a la voluntad del Seor, se hace uno con Satans. En donde no se honra al Seor, sino que se le persigue, persiguiendo a los hijos de Dios. En las sinagogas de los judos se haba llegado a ese lamentable estado. Hay muchos que, como los judos, presumen de su legtimo origen histrico y de la antigedad de su respectiva organizacin religiosa, y siguen sin ver el mal que practican, aborreciendo incluso a los que no militan en su religin, despreciando a los que no comparten sus ideas, desconociendo el Cuerpo del Seor, pero el Seor descubre su verdadera situacin. La sinagoga utiliz la poltica y el poder imperial para perseguir al Seor y luego a la Iglesia. En la historia, corrientes oficiales de la religin, como el catolicismo y el protestantismo, han utilizado el poder poltico para perseguir la Iglesia y oponerse a la economa de Dios. Slo Dios sabe cundo una congregacin y aun una institucin eclesistica se convierte en sinagoga de Satans.

Hay evidencia en la Palabra, por ejemplo en las cartas de Pablo a los Glatas, Romanos y Colosenses, de esa parte judaizante de la Iglesia, que ha persistido hasta hoy, con sus enseanzas basadas parte en la ley mosaica y parte en la gracia que viene por medio de Jesucristo; y lo que es peor, a menudo con carga de leyes, normas y estatutos aadidos de otras fuentes no bblicas. A ese tipo de enseanza se le ha dado un exagerado valor y se ha institucionalizado, invalidando de paso el verdadero propsito del Seor. Muchos eclesisticos hoy, aun cuando no sean judos, insisten en preservar las prcticas del judasmo, tales como una casta sacerdotal, rituales de sacrificio, templos materiales, pero a la verdad todo eso son tipos que han hallado cumplimiento y que han sido reemplazados por Cristo, porque no fueron sino la maqueta del verdadero edificio. A todas esas cosas Pablo les llama rudimentos del mundo. Por ejemplo, hay quienes enfatizan lo de guardar determinado da, y machacan en esta famosa forma de judaizar, pero Pablo te dice que nadie te juzgue por lo que comas o dejes de comer, ni por el da que hayas de guardar, pues todo es sombra de lo que ha de venir (cfr. Colosenses 2:8,16-17). Crees que las cartas del apstol Pablo hacen parte de la Palabra de Dios? Se judaza asimismo con el fomento de las castas sacerdotales y el clericalismo; es como si se propagara un evangelio diferente, cosa que hay que evitar. Busquemos al Seor Jesucristo; en l estamos completos.

Herejes y herejas

El Seor conoce la blasfemia de los que se dicen ser judos y no lo son, sino sinagoga de Satans; lo cual nos indica que hay quienes pretenden ser lo que no son con el fin de obtener pleitesa, preeminencia y prerrogativas especiales, lo cual encierra blasfemia. Eso fue lo que hizo Lucero en el cielo. Entonces el contenido del trmino blasfemia es amplio. (Incluye escarnecer e injuriar el nombre de Dios, la idolatra, y lo que trae como consecuencia de desechar la fe y la buena conciencia, que puede resultar en caer en herejas). En el perodo de Esmirna, siglos II y III, surgieron los ataques satnicos. Unos con nuevas herejas, otros como continuacin de las iniciadas en el perodo anterior. Los errores cristolgicos han surgido desde el mismo comienzo de la historia de la Iglesia. Vemos esos tres grandes frentes de ataques de Satans en los tres primeros siglos: Los judaizantes, las herejas y las persecuciones imperiales. Es sumamente importante tener en cuenta que en aquella Alejandra del antiguo Egipto se respiraba una rara atmsfera religioso filosfica saturada del gnosticismo de los egipcios, judasmo, dualismo de los persas, zoroastrismo, politesmo y filosofas griegas, a la manera de un gran potaje donde se cocinaron muchas herejas que enfilaron sus venenos en contra de la Iglesia. El proceso de amalgamar al cristianismo con judasmo y filosofas griegas y orientales dio como resultado la perversa mixtura de herejas que han desviado a millones de personas de la verdad de Dios.

No olvidemos que en el perodo de la Iglesia perseguida se desarroll la doctrina, principalmente para hacerle frente al surgimiento de las herejas, y fue compuesto el famoso "Credo de los Apstoles", y eso dio lugar a un curioso hecho. Mientras que en el perodo apostlico la fe y entrega era autntica, de corazn, y en l se viva ms la vida en el Espritu, en cambio en el de Esmirna se fue generalizando gradualmente una fe ms mental, del intelecto, por el rigorismo y nfasis en el sistema de doctrinas; recitar el credo lleg a ser en determinado momento como una prueba de pertenecer a la Iglesia, sin que con ello se niegue la existencia de verdaderos santos enriquecidos por el Espritu Santo. En este perodo proftico, con mayor nfasis a fines del siglo segundo, se dice que en parte como una reaccin a los movimientos considerados como herticos (gnosticismo, marcionismo y montanismo), fue tomando desarrollo en la Iglesia una organizacin visible y la formulacin intelectual de creencias. Empezaron a darle forma al sistema clerical y un sistema administrativo que se concentraba alrededor de los obispos. Y haba pasado el tiempo en que en una iglesia local hubiese varios obispos o presbteros, sino que haba un solo obispo en determinada ciudad, para determinada rea, de acuerdo con el nmero de cristianos. Las palabras obispo y presbtero haban dejado de ser intercambiables. Entre las herejas ms representativas del perodo de Esmirna podemos mencionar:

Marcin

Rico y prominente hereje del siglo II. El nombre ms famoso entre los primeros dirigentes gnsticos. Cristolgicamente era docetista. Hijo del obispo de Sinope, puerto en el Ponto, en la costa sur del mar Negro, y propietario all de barcos. Se supone que al ser hijo de un obispo, haya sido criado en el marco de las enseanzas cristianas. Habiendo ingresado a la iglesia en Roma, hizo all una generosa ddiva; pero ms tarde empez a ensear los errores que le dieron tanta fama, y despus de haber sido separado de la comunin de la iglesia alrededor del ao 144, fund su propio movimiento eclesistico rival al cristianismo ortodoxo, con una influencia en muchas partes del Imperio Romano de casi unos dos siglos. No se conoce mucho acerca de la personalidad de Marcin sino a travs de los escritos y testimonios de Ireneo, Hiplito y Tertuliano, quienes lo combatieron y pusieron las bases para una explicacin sistemtica de la fe cristiana y su diferencia con un sistema filosfico. Tengamos muy en cuenta que el Evangelio es revelacin, no filosofa.

Entre las caractersticas dignas de mencin del gnosticismo de Marcin tenemos la obligatoriedad de la continencia y el voto de virginidad (celibato), el rechazo del Antiguo Testamento y su reduccin de las Escrituras al Evangelio de Lucas y a las epstolas de San Pablo, pero no sin antes expurgar de ellas lo que l consideraba aadiduras. Opona al Dios "terrible" del Antiguo Testamento, el Dios "bueno" del Nuevo Testamento, Dios de amor que se haba mantenido escondido hasta que se revel en Cristo.

Es curiosa la concepcin marcionista acerca de Dios. Marcin relacionaba las palabras del Seor Jess en el sentido de que un rbol bueno no puede producir frutos malos, para ensear que este mundo lleno de sufrimientos y maldad, no puede ser obra sino de un ser malvado y no de un Dios bueno; y a ese Dios creador de los judos, que se gozaba con los sacrificios sangrientos, lo designaba con la palabra platnica Demiurgo. Los marcionistas rechazaban la salvacin por gracia, a travs de la fe obtenida en la justificacin por Cristo, sino por una especie de ciencia o conocimiento (gnosis) superior, privilegio de unos pocos iniciados. De acuerdo con estas enrevesadas opiniones, Cristo no tena ninguna relacin con el Demiurgo, y por lo tanto no naci como los hombres, criaturas del Demiurgo, y, por consiguiente, a la manera de los fantasmas, slo pareca que tuviera cuerpo. Para Marcin, Cristo no vino a liberar a los hombres de la esclavitud satnica, sino del gobierno del malvolo, tirano y legalista Demiurgo.

Herejas como la de Marcin, quien mutilaba la Biblia, llevaron a los grandes hombres de Dios a interesarse por distinguir entre los autnticos y los falsos escritos inspirados, y en la fijacin definitiva del canon. Es la poca tambin en que empezaban a aparecer los credos o confesiones de fe, especie de cortas sntesis de doctrinas esenciales de la fe cristiana, dirigidas en especial para los catecmenos y candidatos al bautismo.

Sabelianismo

Este movimiento, llamado tambin monarquianismo modalista y patripasionismo porque enseaba que el Padre sufri la pasin, deriva su nombre de Sabelio, su exponente ms famoso, y negaba la distincin de personas en la Trinidad. El primer defensor de esta lnea de pensamiento hertico al principio del tercer siglo, Noeto en Esmirna, enseaba que el Padre naci en la persona de Jesucristo, para difundir el error de que el Padre vino a ser as el Hijo, y que el Padre muri y resucit de entre los muertos. Luego fue difundido y llevado a Roma por Sabelio, quien con Praxeas enseaba que el Padre, el Hijo y el Espritu Santo son una misma persona y tres modos o aspectos de Dios, y usando un sofisma lo comparaba con el sol, que es brillante, caliente y redondo.

Esta lnea de pensamiento teolgico, que hoy da se conoce como el unitarismo, reconoce slo a Jesucristo en la Trinidad. Calixto, obispo de Roma, aunque excomulg a Sabelio, le dio un espaldarazo a esta hereja con algunas controvertibles modificaciones. Marcelo de Ancira tena tendencias sabelianistas y fue aprobado por el papa de Roma. El papa Ceferino, sucesor de Calixto, tambin tena la misma lnea. Pero este error fue combatido por Tertuliano en su libro Contra Praxeas, y por Hiplito, presbtero y maestro de la iglesia en Roma, as como escritor y telogo distinguido.

Montano y los montanistas

Hay evidencias que en la segunda mitad del siglo segundo floreci en Frigia, Asia Menor, un despertamiento espiritual que tom su nombre de Montano, oriundo de esa tierra. Los montanistas insistieron en el llamado a una vida de ayuno y oracin, consagrada, austera y estricta debido a la creencia profunda de la inminente venida del Seor, y que la Nueva Jerusaln descendera pronto del cielo y se establecera en Frigia. Aunque sus enseanzas fueron en su tiempo condenadas por la Iglesia, hay la opinin de que no debe clasificarse este movimiento como secta hereje, sino como puritanos que observaban el desliz de la Iglesia y proclamaban volver a la altura espiritual que le impuso el Seor Jess, y a la sencillez de los cristianos primitivos. Montano en su bautismo habl en lenguas y profetiz ser el escogido por el Paracleto como el profeta de Dios para preparar ese segundo advenimiento del Seor Jess. A menudo Montano deca estar bajo la influencia del Espritu Santo, de tal manera que poda ser el instrumento para recibir nuevas revelaciones a la Iglesia. Haba, adems, dos mujeres profetizas, Priscila y Maximila, discpulas de l, y una de las profecas de la primera fue tomada como un lamento del Espritu Santo por el hecho de que la Iglesia lo estaba rechazando, tanto en ese tiempo como en muchos otros perodos.

El movimiento montanista se extendi ampliamente y persisti hasta entrado el siglo quinto, y un hecho de no poca importancia y propaganda para ese movimiento fue el ingreso a sus filas de un hombre de la talla de Tertuliano, el telogo ms importante de su tiempo, el cual haba servido ampliamente a la Iglesia defendiendo el cristianismo del mundo pagano y refutando herejas en su interior. Podramos sintetizar tres aspectos que los montanistas reafirmaban y que segn ellos, la Iglesia iba abandonando:

1. El Espritu de Dios como fuente de poder en la Iglesia. El continuado ministerio sobrenatural del Espritu Santo. El sacerdocio de todo creyente, y no slo del clero. Necesidad que la obra de la Iglesia fuese realizada en el poder del Espritu. Fuerte protesta contra el creciente clericalismo. Se considera negativo del movimiento el buscar las formas ms sensacionales de profeca, xtasis, sueos y predicciones del futuro, aunque se dice que ellos no aprobaban las revelaciones que fuesen contrarias a las Escrituras.

2. Combatan la flojedad de vida espiritual y la indisciplina en la Iglesia. Se considera negativo del montanismo el hecho de no distinguir entre la verdadera santidad y el ascetismo, prcticas stas que consideraban como obligatorias, as como el ayuno. Tertuliano escribi un tratado para probar que no era lcito huir en tiempo de persecucin.

3. Reafirmaban la verdad de la inminente venida del Seor. Ellos se consideraban no separados del resto de la Iglesia, sino un grupo de los "espirituales". Se dice que las mrtires Perpetua y Felicitas eran montanistas, y tampoco hay evidencias concretas de que Tertuliano haya sido excluido de la comunin de la Iglesia. Se les considera negativo el que hubieran desprestigiado con sus extravagancias esas mismas verdades que enfatizaban. Se considera asimismo negativo el agregar nuevas revelaciones a las que ya haba dado el Seor.

En la poca moderna, Juan Wesley aprob la mayor parte de las enseanzas montanistas; asimismo Harnack, el eminente y controvertido erudito patrstico moderno, tambin las ha aceptado.

El maniquesmo

Manes o Maniqueo (216-276), su fundador, fue un aristcrata persa educado en Babilonia, en donde tuvo la idea de perfeccionar las enseanzas del parsismo de Zoroastro y mezclarlas con las del cristianismo y el judasmo, dando como resultado lo que l llam los dos principios divinos o reinos, el del bien y del mal, uno de luz y otro de tinieblas, que luchan en el mundo, y que tienen igual origen y similares poderes. No es nuestro propsito exponer ac sus fantsticas doctrinas, pero podemos esbozar que las mismas estaban asociadas con el dualismo persa; tambin rechazaban a Jess, y en cambio tenan un "espritu del sol" al que llamaban el "Cristo celestial". Manes lleg a la conviccin de ser comisionado por una visin divina para ser profeta; y se dice que encabezaba sus cartas con "Manes, Apstol de Jesucristo", y declaraba asimismo ser el Paracleto prometido por el Seor Jess, o bien que el Paracleto hablaba a travs de l. Los maniqueos formaban sociedades similares a las iglesias cristianas, cultivaban el celibato; como las doctrinas de tipo esotrico, prohiban comer carne; tambin eran severos en el ascetismo. Agustn de Hipona, uno de los ms importantes telogos de la Iglesia, era maniqueo antes de su conversin, pero el maniquesmo no satisfizo los interrogantes y la bsqueda espiritual que en su oportunidad lo acuciaba.

Las diez persecuciones

"10No temas en nada lo que vas a padecer. He aqu el diablo echar a algunos de vosotros en la crcel, para que seis probados, y tendris tribulacin por diez das. S fiel hasta la muerte, y yo te dar la corona de la vida".

As como el Seor Jess fue el Apstol, el enviado por el Padre, indiscutiblemente asimismo fue el primer mrtir por la causa del Padre. Desde el comienzo de esta carta, el Seor anima a la iglesia en Esmirna presentndose como el que estuvo muerto y vivi, el que padeci y sufri, pero sali triunfante. Ahora le dice que no tema, porque la victoria de Cristo es la misma victoria de la Iglesia. Satans no pudo acabar con la Iglesia usando la blasfemia; ahora se va ms lejos y enciende una tribulacin que comienza con encarcelamiento de los santos. Son los seguidores e imitadores de quien fue crucificado porque fue considerado una amenaza al orden establecido. Solemos ver las personas, los gobernantes, pero la Biblia una y otra vez declara que detrs de todas las personas que persiguen a la Iglesia de Cristo, est el titiritero mayor moviendo sus fichas; es el diablo mismo con una poderosa organizacin de huestes malignas arrastrando al mundo en su corriente de maldad.

Es necesario que seamos probados. Pero las pruebas, por amargas que sean, tienen una razn y tambin un lmite. Diez das significa que la tribulacin sera por un tiempo; tambin eso se refiere a diez grandes persecuciones ordenadas por ciertos emperadores romanos durante los tres primeros siglos de la Iglesia, las cuales han sido consideradas aun por la historia secular como crueles y sangrientas. La Iglesia sufri un largo siclo de persecuciones que iba aumentado gradualmente, hasta comienzos del siglo cuarto. Ah vemos la religin satnica aliada con el poder poltico demonaco tratando de exterminar la Iglesia de Jesucristo. Pero el Seor la fortaleci y en vez de ser exterminada, siempre sala fortalecida y victoriosa. El Seor saba que muchos iban a sufrir el martirio y les invita a ser fieles hasta la muerte, prometindoles la corona de la vida, lo cual no se refiere a la salvacin eterna sino a un galardn dispensacional en el milenio. A esas amargas persecuciones las trataremos de sintetizar usando un orden cronolgico y coherente.

1. Nern Claudio Csar

Emperador romano entre los aos 54-68 d. C. Asociada con el nombre del emperador Nern tuvo lugar la ms famosa de las primeras persecuciones contra la Iglesia de Jesucristo. Tom como pretexto un incendio que destruy parte de Roma en el ao 64 d. C., para inculpar a los cristianos, quienes fueron acusados de odio a la raza humana, iniciando con este pretexto la primera, breve pero cruenta persecucin contra la Iglesia. Se dice que el pueblo murmuraba atribuyndole el incendio a Nern, quien buscaba favorecer su proyectada reforma urbanstica, entonces l vio una salida acusando a los cristianos de tal incendio. Durante esta persecucin fue martirizado el apstol Pablo por mandato de Nern. Hay una tradicin que seala que el apstol Pedro tambin fue vctima de Nern, y que muri en Roma, pero, como antes se dijo, no hay pasajes bblicos que acrediten que dicho apstol hubiese estado en esta ciudad. Tan fiera y sangrienta resultaba la persecucin desatada por Roma, que Juan para referirse a esta ciudad y sus instituciones poltico religiosas, se cuidaba de nombrarla con el misterioso apelativo de Babilonia, la ciudad "ebria de la sangre de los santos, y de la sangre de los mrtires de Jess" (Ap. 17:6), como despus volvemos a referirnos a esto en detalle.

2. Domiciano Tito Flavio

Emperador romano entre los aos 81-96 d. C., hijo de Vespaciano y hermano y sucesor en el trono de Tito, famoso ste por haber comandado las legiones romanas que destruyeron a Jerusaln en el 70 d. C. Durante el reinado de Domiciano la Iglesia sufri persecuciones crueles, cargadas de odio impulsado por la ira de un gobernante supremamente tirano. En su reinado se acentu la obligacin de que toda persona en todo el territorio del Imperio Romano ofreciera al Csar incienso por lo menos una vez al ao. Era una especie de adoracin que en el imperio le tributaban a la persona del emperador reinante; asunto este que no necesariamente haba tenido su origen en Roma; pues ya se practicaba en anteriores culturas. Recurdese el caso de Nabucodonosor en Babilonia, registrado en el captulo 3 del libro del profeta Daniel. El emperador romano era considerado divino; y los cristianos primitivos rehusaron reconocer el ttulo de Kyrios Kiser al emperador, o sea, el seor de toda la tierra, dueo incluso de la vida y bienes de sus sbditos, reservndolo nica y exclusivamente para Cristo.

Dentro del Imperio constitua un delito, por no decir un crimen de lesa majestad el acatar, obedecer y adorar a otro Kyrios (Seor) que no fuese el emperador. En el culto al emperador no vemos otra cosa sino a Satans hacindose adorar en la persona de un hombre, que a la sazn es su sumo sacerdote, el espritu del anticristo haciendo sentir su influencia malvola desde la antigedad. Los santos eran llevados a los tribunales acusados adems de transgresores de las leyes contra la tradicin religiosa, sacrilegio, magia, prctica de un culto extranjero, hostiles al estado por no tomar parte en los ritos del culto imperial. La multitud consideraba a los santos del Seor como unos desleales y conspiradores de una revolucin, por el hecho de que los observaban alabando y adorando a otro Kyrios, otro Rey, "un tal Jess, que dicen que resucit". De modo que todas esas circunstancias alimentaban el fuego de esas feroces persecuciones. Durante el reinado de Domiciano, alrededor del ao 86, fue deportado el anciano apstol Juan de Efeso a la isla de Patmos por su testimonio del Seor, en donde se le aparece el Seor Jess y le descubre el velo de los acontecimientos finales, escribiendo as el libro del Apocalipsis (*1).

(*1) Aunque la mayora de los historiadores no lo haya considerado como persecucin, sin embargo registramos que durante el reinado de Marco Ulpio Trajano, emperador romano entre los aos 98-117 d. C. Durante su reinado, en el ao 107 d. C., por orden del gobernador romano en Palestina, fue ejecutado Simn, sucesor de Santiago como cabeza de la iglesia en Jerusaln, y tambin hermano menor del Seor (Marcos 6:3). Tambin Ignacio, por sobrenombre Theophoros o Portador de Dios, obispo de Antioqua de Siria, fue arrojado a las fieras en el anfiteatro romano en el ao 107, despus de haber comparecido ante el mismo Trajano, quien lo someti a un dramtico interrogatorio. Durante su viaje a Roma para ser martirizado, Ignacio escribi unas cartas a las iglesias en las localidades de Efeso, Magnesia, Tracia, Roma, Filadelfia y Esmirna, entre otras, as como una a Policarpo, el obispo de Esmirna, y que se han conservado; las cuales nos transmiten valiosos informes sobre la fe cristiana en aquella poca. Tambin hablan esas cartas acerca de la reaccin frente al docetismo. Se dice que Trajano sostuvo una cruzada correspondencia con Plinio Hijo (el menor), quien a la sazn serva como legado imperial en Bitinia, indicando que el cristianismo estaba oficialmente proscrito; que si los cristianos se retractaban, podan ser perdonados, de lo contrario haban de ser ejecutados. Durante su reinado tambin fue martirizado Clemente, obispo en Roma, en circunstancias bastantes curiosas, pues hay testimonio de que fue arrojado al mar, habindole atado al cuello un ancla de hierro. Durante el reinado de su sucesor, Adriano (117-138), hubo persecucin en menor grado. Entre los mrtires de ese tiempo se cuenta a Telforo, pastor de la iglesia en Roma.

2. Esmirna (2a. parte)

Por Arcadio Sierra Daz - 23 de Abril, 2007, 16:23, Categora: General

ESMIRNA

(2a. parte)

3. Antonino Po

Emperador romano entre los aos 138-161 d. C. Considerado el ms noble de los emperadores romanos; su reinado es considerado la edad de oro de la gloria de Roma. Bajo su reinado los cristianos sufrieron en Roma y otras provincias del Imperio. Por ejemplo, en el ao 155, Policarpo, obispo en Esmirna, muri quemado en la hoguera, pero viendo que su cuerpo no se consuma con el fuego, el rematador le hundi un pual en el pecho. Antonino Po hizo parte de los llamados "cinco emperadores buenos", con Nerva, Trajano, Adriano y Marco Aurelio, y durante sus gobiernos ningn creyente poda ser arrestado sin que se le comprobara algn delito. Sin embargo, tal vez por las razones que hemos expuesto, cuando Policarpo compareci ante el procnsul, se le inst a maldecir el nombre de Jesucristo. Estando en el estadio, el procnsul le dijo: "Jura y te pongo en libertad. Maldice a Cristo". Entonces Policarpo dijo: "Ochenta y seis aos hace que le sirvo y ningn dao he recibido de l; cmo puedo maldecir de mi Rey, que me ha salvado?" Los jueces incitaban a este ilustre mrtir pronunciar el Kyrios Kiser (el Csar es el Seor), como si se tratara de algo balad, con lo cual se librara de la muerte; pero l se rehus a pronunciar esa gravsima blasfemia. Es probable que Policarpo fuese el ltimo sobreviviente de los que haban hablado con testigos oculares de Jess y Su gloriosa resurreccin. (Favor leer el martirio de Policarpo en el Excursus I al final de este captulo).

4. Marco Aurelio

Emperador romano entre los aos 161-180 d. C. Se dice que este filsofo estoico fue el mejor, el ms magnnimo y concienzudo de los emperadores romanos. Autor de "Meditaciones", sabias sentencias cargadas de altos sentimientos acerca del prjimo; pero en parte mal aconsejado por sus mentores que le hicieron creer que el cristianismo era un movimiento inmoral, que inculcaba el obstinado afn de morir, y tambin en parte porque por motivos polticos procuraba restaurar la antigua religin imperial, lleg a profesar mucha aversin por los innovadores cristianos, pues muchos de sus sbditos paganos afirmaban que el descuido de la adoracin a los antiguos dioses que haban llevado a Roma a gozar de todo ese gran poder, era causa de los desastres que estaba sufriendo el imperio. Vea a los cristianos como un peligro que se cerna contra la estructura de la civilizacin imperial que l estaba propugnando. Pero, qu haba detrs de todo esto? Por qu haba decado la adoracin a los antiguos dioses en el Imperio Romano? Marco Aurelio, por muy moralista que fuese, sin embargo, no dejaba de ser el jefe, el sumo pontfice, de la religin satnica, y era guiado por su dios y padre a exterminar la gran fuerza de santos que con sus oraciones estaban haciendo tambalear la idolatra y esa nube de demonios que se cernan sobre el cielo imperial. El len rugiente guiaba a su agente humano con el fin de que acabase con la Iglesia de Jesucristo, y le daba poder para que llevase a cabo su nefasta empresa. Durante su reinado permiti persecuciones incluso en Galia, como la que se desat en Lyon en el ao 177, y en sus dominios los santos eran decapitados o devorados por las bestias en la arena, entre los cuales tenemos a Justino Mrtir, antiguo maestro filsofo, uno de los hombres ms capacitados de su poca y uno de los ms preclaros apologistas de la fe. Sus escritos an existen. Fue martirizado en el ao 166.

5. Septimio Severo Lucio

Emperador romano entre los aos 198-211 d. C. En el siglo III, al decaer los cultos tradicionales, el cristianismo se transform en una fuerza considerable. Septimio Severo procur en vano restaurar las decadentes religiones imperiales de otros tiempos. Al principio de su reinado no se mostr desfavorable a los cristianos; incluso se dice que algunos de ellos hacan parte de su familia oficial, y que confiaba a una nodriza cristiana la crianza de Caracalla, su hijo. Pero a partir del 202 en todos sus dominios persigui fieramente a la Iglesia, hasta el final de su reinado y muerte, y lo hizo con tanta crueldad, que muchos escritores cristianos lo consideraron como el anticristo. De esta persecucin se registra en la sola ciudad de Lyon diecinueve mil mrtires. Donde ms se ensa fue en Egipto y todo el norte de frica. Por ejemplo, Leonidas, el progenitor del gran telogo Orgenes, fue decapitado en Alejandra, y Orgenes quiso correr la misma suerte del padre, pero su madre se lo evit, escondindole la ropa. En la ciudad de Cartago, fueron despedazadas por las feroces bestias en el ao 203, Perpetua, una mujer noble de esa ciudad, y Felicitas, su esclava.

6. Maximino Tracio, Cayo Julio Vero

Emperador romano entre los aos 235-238 d. C. Responsable de que fuera avivada en alto grado la persecucin contra los cristianos en su corto reinado. En ese tiempo Orgenes se salv escondindose.

7. Decio, Cayo Mesio Quinto Trajano

Emperador romano entre los aos 249-251 d. C. Al igual que Maximino Tracio, era oriundo de la regin de Tracia. Intent imponer la unidad religiosa en el Imperio, causa por la cual desat una terrible persecucin general contra los cristianos; la ms severa que se haba sufrido hasta entonces. Su intencin pudo ser la de extirpar el cristianismo como una amenaza al bien comn. Se dice de Decio que sus admiradores lo alababan como la personificacin de las viejas virtudes romanas, incluyendo una preocupacin debida a que en el imperio se estaban abandonando los dioses romanos, los cuales, desde su punto de vista, haban engrandecido a Roma, lo cual haba acarreado muchas calamidades y la decadencia que afectaba la sociedad. Esto lo indujo a ordenar por medio de una serie de edictos, a que todos los ciudadanos del imperio ofreciesen sacrificios a los dioses, afectando amargamente a los santos. Muchos pagaron con sus vidas antes que apostatar de su fe; algunos, como el caso de Orgenes, fueron encarcelados. Afortunadamente su reinado tuvo corta duracin, y a su muerte la destruccin de la Iglesia tuvo un tiempo de cesacin. A Decio lo mataron los brbaros a flechazos.

8. Galo, Cayo Vibio Treboniano

Emperador romano entre 251-253 d. C., despus de la muerte de Decio, cuando fue proclamado emperador por las tropas de Mesia y Tracia, pero fue muerto por sus soldados a fines de 253 en Terni. Su reinado es conocido por la persecucin que emprendi contra los cristianos.

9. Valeriano, Plubio Licinio

Emperador romano entre los aos 253-260 d. C. En 257 decret astutamente una persecucin general contra los cristianos, de corta duracin pero con furia redoblada, famosa debido a que durante ella fue decapitado Cipriano, el clebre obispo de Cartago, al norte de frica, uno de los ms eminentes escritores y dirigentes de la Iglesia en su tiempo. (*2) Es importante fijarnos en el hecho de que durante la persecucin de Decio, Cipriano tuvo que huir de Cartago, sin que por ello descuidara la gua de la iglesia. A su regreso pronunci un discurso contra los lapsi, que eran los cristianos que apostataban de su fe en tiempos de persecucin, y pasada sta solicitaban ser readmitidos de nuevo en la comunidad de la Iglesia, para eludir el sufrimiento. Cipriano no se detuvo ah, sino que, adems, escribi muchas cartas y un libro titulado "Los lapsi", oponindose a la fcil readmisin sobre todo de los que se haban librado de la persecucin por haber sacrificado a los dolos, o lo haban logrado mediante soborno a las autoridades imperiales, solicitando asimismo duras penitencias a estas personas. Novaciano, obispo de la iglesia en Roma, fue an ms lejos oponindose fuertemente a su admisin, y se produjo el cisma de Novaciano, dando origen al novacionismo, que dur hasta entrado el siglo quinto, seguidos por los donatistas, nombre tomado de Donato, obispo de Cartago. Durante la persecucin ordenada por Valeriano se lleg a confiscar los bienes, el destierro para las matronas cristianas y la esclavitud para los oficiales cristianos del ejrcito. En Roma fue muerto el obispo, y el dicono Lorenzo asado sobre una parrilla.

(*2) La muerte de Valeriano no pudo ser ms cruel. Dice Mauricio de la Chtre: "A fines del ao 260, vindose despus de una derrota rodeado por los persas, sin esperanza de poder escapar, tuvo una conferencia con Sapos, rey de los persas, que le retuvo prisionero, sin querer jams devolverle la libertad. El prfido monarca, despus de haberle tratado con la mayor indignidad por espacio de nueve aos, hacindole servir de estribo para montar a caballo, o subir a su carro, le hizo al fin dar muerte en 269, negndole los honores de la sepultura; porque despus de su muerte, Valeriano fue degollado por orden de aquel brbaro, salado su cuerpo y su piel curtida y teida de encarnado y puesta en un templo para eterno monumento de la afrenta de los romanos. Todos los cristianos han reconocido el dedo de Dios en el deplorable fin de Valeriano". La historia de los Papas y los Reyes. CLIE 1993. Tomo I, pg. 189.

10. Dioclesiano, Cayo Aurelio Valerio

Emperador romano entre los aos 284-305 d. C. Uno de los ms poderosos emperadores romanos. En poltica religiosa quiso restaurar las antiguas creencias, lo que le puso en conflicto con los cristianos, a los que persigui duramente. Este emperador inici en 303 la ms terrible y sistemtica de todas las persecuciones contra la Iglesia de Jesucristo, la cual continu su sucesor Galerio hasta el ao 311. Su proceder contrasta con las circunstancias que le rodeaban, pues a la edad de cincuenta aos, rodeado de cristianos en el cuerpo oficial, su propia esposa e hija a la vez esposa de su sucesor Galerio, eran cristianos, o favorables a la fe de la Iglesia, sin embargo, desat, tal vez instigado por el ambicioso Galerio, la ms cruel de las persecuciones.

El gobierno imperial orden la quema de todo ejemplar de la Biblia confiscado; decret la destruccin de toda edificacin construida como centro de reunin de la Iglesia; que todos los que no renunciasen a su fe perdieran su ciudadana y quedasen fuera de la proteccin de la ley. Se orden la degradacin de cristianos que ocupaban puestos de honor en el imperio. Se daba el caso de que era incendiado el lugar de reunin, estando los creyentes en reunin, pereciendo en consecuencia los santos dentro de las paredes. Seguan emanando edictos ordenando el encarcelamiento de dirigentes de las iglesias, la esclavitud de los sirvientes domsticos que no adjuraran de su fe, y ofrecimiento de libertad a los cristianos que ofrecieran sacrificios a los viejos dioses, y, por el contrario, tortura y muerte para quienes se obstinaran.

La intencin de Dioclesiano era la de exterminar la "supersticin cristiana", como sola llamar a la Iglesia. Pero el Seor siempre estuvo presente. l haba muerto y resucitado primero, y hubo ocasiones en que meta Su mano, como la vez en que animales feroces dejaron ilesos a los cristianos que les eran expuestos, y atacaron a los perseguidores de los santos. Ante una contienda tan desigual entre un imperio dotado de un poderoso y cruel ejrcito y la resistencia pasiva de la Iglesia del Seor, ante los ojos de los hombres, quin podra salir victorioso? Oh propsitos insondables los del Padre; el victorioso no fue precisamente el gobierno imperial con sus fuerzas satnicas y su confianza en la magia pagana, sino que el ejrcito de Cristo fue el vencedor, aunque haya sido el nico que puso los miles de muertos y mrtires. Recurdese que en la Iglesia todos estamos calificados para ser mrtires victoriosos. El trmino dicesis, que utiliza la Iglesia Catlica Romana, proviene de Dioclesiano. Durante su reinado dividi las provincias o regiones de su imperio, y a esas divisiones se les llam dicesis.

Todas estas persecuciones tuvieron un fin en los propsitos del Padre, y en vez de ser exterminada, la Iglesia sala ms vigorizada, ms santificada de cada una de ellas. Por qu sala la Iglesia ms vigorizada? Porque tiene dentro de ella la vida de resurreccin. La vida de resurreccin vence a la persecucin, y el vencedor recibe el premio de la corona de la vida, como aadidura de la salvacin. Cada hermano que permaneciera fiel aunque tuviese que ir a la crcel o dar su vida, tena la promesa de reinar con el Seor en el reino de los cielos. Satans podr recibir poder para quitarnos la vida, pero no puede ir ms all; no puede traspasar los umbrales de la muerte y arrebatarnos la corona de la vida, pues esas llaves slo las tiene el Seor Jess. Slo el Seor conoce la gran muchedumbre de santos mrtires que derramaron su sangre antes que rendir culto de adoracin a criatura o institucin creada por los hombres. Indudablemente Dios permiti todo ese perodo sangriento para su Iglesia para fundamentar y arraigar la fe en los corazones de Sus hijos; una vez que cesaron las persecuciones, se dio el inicio al perodo del decaimiento. No en vano est estampada como en caracteres de oro la siguiente afirmacin: "14Estos son los que han salido de la gran tribulacin, y han lavado sus ropas, y las han emblanquecido en la sangre del Cordero. 15Por eso estn delante del trono de Dios, y le sirven da y noche en su templo; y el que est sentado sobre el trono extender su tabernculo sobre ellos" (Ap. 7:14-15).

Constantino el Grande

A la muerte del emperador Constancio Cloro en 306, de quien se dice que jams estuvo de acuerdo con la persecucin a los cristianos, su hijo Constantino, quien se encontraba en York, Britania, fue proclamado emperador augusto por sus tropas, pero sus rivales se opusieron, por lo cual fue escalando posiciones en la poltica imperial, no sin antes librar una prolongada contienda. Dotado de un poderoso ejrcito fue derrotando a sus oponentes, y en el ao 312, tras la muerte de Galerio, dio un paso decisivo con relacin a la Iglesia. Aliado con Licinio, con quien hasta el momento se divida el Imperio, el primer enemigo que tuvo que enfrentar fue a Majencio, quien se haba hecho fuerte en Italia y se haba apoderado de Roma, pero Constantino lo derrot en la batalla junto al puente de Milvio, cerca de Roma. Narra en uno de sus libros el obispo Eusebio de Cesarea, que Constantino, a la sazn amigo suyo, le haba contado haber tenido, la vspera a esa batalla, la visin de una cruz en los cielos, que llevaba la inscripcin en latn, "In hoc signo vinces" (Con este signo vencers), y que mediante un sueo Dios le confirm, aparecindosele con la misma seal, mandndole que se hiciera una semejante, a fin de que la usase como salvaguardia en sus batallas con sus enemigos.

Dice Eusebio que l mismo vio el estandarte que fue hecho por orden de Constantino, el cual constaba de una lanza cubierta de oro y piedras preciosas que orlaban un monograma con las letras griegas ji y rho (Χρ) del nombre de Cristo. Al ao siguiente, en 313, Constantino y Licinio celebraron una entrevista en Miln, en donde tomaron la decisin de adoptar una poltica de tolerancia para los cristianos de todo el Imperio, por medio de la proclamacin de un edicto, asunto que acept Licinio para que se beneficiara la parte oriental del Imperio, bajo su dominio. Pero las relaciones entre ambos emperadores, aunque eran cuados, se fueron deteriorando sobre todo en el terreno religioso, pues Constantino propenda por favorecer a los cristianos y Licinio a los paganos. Por ltimo sobrevino la irremediable guerra y Licinio fue derrotado en las batallas de Andrianpolis y Crispolis en el ao 324, quedando as en manos de Cayo Flavio Valerio Constantino I el Grande, el gobierno de todo el Imperio Romano.

El dao de la segunda muerte

"11El que tiene odo, oiga lo que el Espritu dice a las iglesias. El que venciere, no sufrir dao de la segunda muerte".

Qu invita el Espritu Santo a or aqu a la Iglesia? En primer lugar que no se nos olvide que el Seor Jess fue crucificado en el Glgota, pero resucit glorioso; que no temamos lo que eventualmente tengamos que padecer por causa del Seor, pues l tiene el control de todo lo que ocurre en el universo; que seamos fieles a l hasta la muerte; vale la pena, pues las pruebas acrisolan nuestra fe; que l est al tanto de todo lo que nos sucede y sabe lo que nos conviene; que sabe perfectamente quines son los verdaderos hijos de Dios y quines mienten al afirmar serlo, y se renen para reverenciar al diablo o servirse a s mismos y no al Seor.

De qu tienen que ser vencedores los hermanos de la iglesia en Esmirna? La victoria aqu se trata de la fidelidad al Seor hasta la muerte. Si eres infiel terminas en derrota. Si huyes del sufrimiento, incluyendo el martirio, ests en derrota. Si amas ms tu propia vida y no ests dispuesto a ofrendarla por el Seor, es posible que sufras dao de la muerte segunda. (*3) Por ser un tema controversial, en el presente libro no entramos a analizar lo del dao de la segunda muerte, pero dejamos sentado la clara doctrina bblica de que los creyentes han de ser juzgados cuando el Seor venga. El apstol Pedro dice que el juicio comienza por la casa de Dios (cfr. 1 Pedro 4:17). De hecho, el primer juicio que presidir el Seor Jess en Su segunda venida, ser el de la Iglesia; Su propia Iglesia.

(*3) Para una mejor comprensin de lo que significa no sufrir dao de la segunda muerte, remito al lector a que lea mi libro "Los Vencedores y el Reino Milenial".

Como hijos de Dios, tenemos la responsabilidad delante de l de hacer lo que nos corresponde, de conformidad con Sus propsitos, y de lo cual debemos dar cuenta. Dios no ha dejado a Su creacin ni mucho menos la edificacin de Su Iglesia al arbitrio de los hombres. Es necesario obrar de acuerdo con un plan minuciosamente trazado por el Seor. "Porque es necesario que todos nosotros comparezcamos ante el tribunal de Cristo, para que cada uno reciba segn lo que haya hecho mientras estaba en el cuerpo, sea bueno o sea malo" (2 Co. 5:10). Aqu no se refiere al mundo sino a la Iglesia, a los santos. Tambin hablndole a los discpulos, en Mateo 16:27, el Seor les dice: "Porque el Hijo del Hombre vendr en la gloria de su Padre con sus ngeles, y entonces pagar a cada uno conforme a sus obras". No se trata de hacer las cosas de acuerdo con nuestro propio plan y propsito, as nos parezca muy encomiable, sino segn Dios. Es necesario que desviemos nuestra atencin de los intereses terrenales, tanto de tipo personal como de ndole organizacional y no descuidar la salvacin de nuestra alma. "...ocupos en vuestra salvacin con temor y temblor" (Fil. 2:12); y la razn de esto la encontramos tambin en la bendita Palabra de Dios, cuando dice: "Porque qu aprovechar al hombre, si ganare todo el mundo, y perdiere su alma? O qu recompensa dar el hombre por su alma?" (Mt. 16:26). De acuerdo con el contexto, esto no se lo dice el Seor a las multitudes mundanas sino a sus discpulos. Sufrir dao de la segunda muerte no es, pues, sufrir la muerte segunda (Ap. 20:14), que es eterna, sino participar temporalmente de algn tipo de sufrimiento dispensacional durante el perodo del reino milenial; sufrimiento del cual el creyente no vencedor ha de salir una vez haya pagado hasta el ltimo cuadrante; es decir, hasta que realmente su alma haya sido transformada.

La Patrstica

Es sumamente importante trazar un ligero perfil de los principales protagonistas y algunos hechos de inters de este amargo pero fructfero perodo de la Iglesia del Seor. Algunos de esos grandes maestros son los llamados padres de la Iglesia.

Clemente de Alejandra

Clemente de Alejandra (150-215 aproximadamente), naci probablemente en Atenas y fue formado en la atmsfera cultural y filosfica helnicas; se conformaba con el temperamento eclctico filosfico grecorromano, y en su bsqueda de la enseanza apostlica fue atrado por Panteno, de quien fue sucesor en la direccin de la escuela de Alejandra. En el ao 203 y a causa de la persecucin del emperador Septimio Severo, abandon Alejandra, y se sabe que en las iglesias de las localidades de Jerusaln y Antioqua le llamaban "el bendito presbtero". Clemente lleg al convencimiento que el hombre sabio no debe gloriarse en su sabidura y que "la sabidura de este mundo es necedad para con Dios", pero a la vez sostena las bondades de la filosofa griega para el avance del evangelio.

Clemente afirm la no oposicin entre las verdades religiosas contenidas en el cristianismo y la filosofa griega, a la que consideraba como una anticipacin y una preparacin para la exposicin de las verdades cristianas. Segn Clemente, fe y saber filosfico se complementan. Paradjicamente, a la par que repudiaba a los llamados gnsticos, deca que hay una gnosis cristiana, que viene por la fe y no por el razonamiento. Clemente enseaba que a Dios slo se le puede conocer por medio del Logos, (la Palabra, el Verbo) el cual existe desde siempre y es el perfecto reflejo y rostro de Dios, por quien se manifiesta y se da a conocer. Deca que Jess es el Logos, el Dios santo, que derram su sangre para salvar a los hombres; el Paidagogs o instructor de los creyentes. Pero parece que no pensaba en Jess como verdadero hombre sino slo en la apariencia. Afirmaba que el Seor Jess es la Palabra (Logos) de Dios, el Espritu hecho carne. De modo que a travs de estos y otros conceptos, vemos la fuerte influencia de la filosofa griega en este varn. Casi todos sus libros fueron escritos en defensa del cristianismo contra el paganismo, entre los cuales han sobrevivido el Protreptiks, dirigido a los griegos para alentar a los paganos a convertirse, el Paidagogs (Instructor), con instrucciones morales para los creyentes, y los Stromata, o ttulos de la filosofa cristiana, obra apologtica y expositiva con instrucciones ms avanzadas.

Orgenes

Orgenes (185-254). Indudablemente desempe un papel de mayor influencia este sucesor de Clemente como director de la escuela de Alejandra, desde cuando slo tena 17 aos de edad. Gran telogo y estudioso bblico, nacido en Alejandra de padres cristianos. Su padre fue encarcelado y muerto, y los bienes de la familia confiscados durante la persecucin ordenada por el emperador Septimio Severo. De no ser porque su madre le escondi la ropa, se habra presentado voluntariamente al martirio. Tomando al pie de la letra lo dicho por el Seor en Mateo 19:12, Orgenes se hizo eunuco, y tambin para aceptar alumnas en sus conferencias y evitar la posibilidad de cualquier escndalo. Fue estudiante del neoplatonismo. Visit a Roma, Arabia, Grecia y Palestina.

En Palestina fue ordenado presbtero por los obispos de Cesarea y Jerusaln, pero eso le acarre problemas con Demetrio, obispo de Alejandra, quien alegaba que no haban respetado su jurisdiccin, pero en el fondo parece que haba motivos de celos por el prestigio de Orgenes, por lo que ste tuvo que establecerse en Cesarea, en donde prosigui sus actividades pedaggicas y de escritor ubrrimo, y a donde tambin tuvo la oportunidad de traer desde el Ponto a Gregorio Taumaturgo, quien recibi todo el aporte de las enseanzas de Orgenes. Para ese tiempo los hombres se haban apartado mucho de los principios bblicos sobre el presbiterio y el gobierno de la iglesia. Muri Orgenes como consecuencia de las torturas durante la persecucin ordenada por Decio, a la edad de sesenta y nueve aos y fue sepultado en Tiro.

Sus obras principales fueron:

* La Hexapla. Texto del Antiguo Testamento colocado en seis columnas paralelas; la primera el texto hebreo, la segunda el mismo texto hebreo trasliterado en caracteres griegos, y el resto varias traducciones griegas. Slo se conservan fragmentos. Se dice que Jernimo us la Hexapla para la traduccin de la Biblia latina, la famosa Vulgata.

* Comentario sobre las Escrituras.

* Sobre Principios Primeros (De Principiis). Cuatro libros. La primera obra dogmtica o de teologa cristiana, que se trata de la primera exposicin metdica y comprensiva de la fe cristiana.

* Contra Celso. Son ocho libros de apologa para rebatir los ataques y la ms aguda crtica que contra el cristianismo haba dirigido sesenta aos antes el pagano Celso. Se le considera la ms hbil defensa del cristianismo producida hasta entonces.

* Escritos menores. Uno llamado De resurrectione, otro sobre oracin, otro sobre la exhortacin al martirio.

Es indiscutible, como le sucedi a muchos otros hombres de Dios que haban sido educados en las canteras de la filosofa griega, que Orgenes, tanto en sus escritos como en el enfoque de su lnea teolgica, dejaba entrever alguna seal de esa herencia. Pero se aplicaba en el minucioso y profundo estudio de la Biblia, viendo en ella tres planos de significado: a) el comn o histrico, el sentido literal, el de la carne, el que est en la superficie, para la gente sencilla; b) el alma de las Escrituras, el sentido moral, el que edifica a los que lo perciben, y c) el espiritual, mstico, para los espirituales, que encierra algo escondido bajo lo que superficialmente repugna a la conciencia, pero que una vez discernido puede ser expresado en forma de alegora. Pero es difcil mantener estos tres puntos de vista a travs de toda la Palabra de Dios. Querer armonizar la filosofa con las enseanzas del cristianismo, o lo que es lo mismo, explicar las enseanzas del Seor en trminos filosficos y lgicos, adems de sostener algunos otros puntos de vista errneos, le acarrearon a Orgenes haber sido sealado como hereje en algunos puntos por snodos regionales celebrados en Alejandra (399), Jerusaln y Chipre. Posteriormente, en dos concilios celebrados en Constantinopla (543 y 553) formularon el catlogo de los "Errores de Orgenes". El principal contradictor de Orgenes fue su antiguo discpulo Metodio de Olimpo, quien fue el que dio comienzo a las controversias.

Gregorio Taumaturgo

Gregorio Taumaturgo (213-270). Abogado pagano de Nueva Cesarea, en Ponto, Gregorio Taumaturgo (obrador de maravillas) provena de una familia opulenta y principal; as tuvo contacto con Orgenes en Cesarea, Palestina, a quien busc como distinguido maestro de filosofa, y en l encontr, ms que filosofa y conocimientos seculares, la fe cristiana, con los nfasis distintivos de Orgenes. Al regresar al Ponto lleg a ser obispo de la iglesia de su localidad, alrededor del ao 240. Cuando Gregorio muri, la gran mayora de sus paisanos se haba convertido. De l se cuenta una curiosa e interesante ancdota retrica.

Se dice que cuando fue constituido obispo, slo haba unos diecisiete hermanos cristianos integrando la iglesia, y que a su muerte, treinta aos ms tarde, slo quedaban diecisiete paganos en la ciudad. Eso significa que su ministerio tuvo mucho xito. Algunos opinan que hizo all grandes esfuerzos para apartar a los creyentes de las festividades paganas instituyendo fiestas en memoria de los mrtires. La opinin de otros es que Gregorio as us para ello un medio dudoso, pues fue haciendo la transicin para sus paisanos tan fcil como fuera posible, sustituyendo festejos en honor de los mrtires cristianos por las fiestas de los dioses paganos, lo cual se puede tomar como una prolongacin de la idolatra.

Escuelas teolgicas

Ante la necesidad de la instruccin catequista de los nuevos convertidos provenientes de hogares paganos, surgieron y fueron establecidas cuatro grandes escuelas de teologa y pensamiento cristiano, las cuales se convirtieron ms tarde en centros de preparacin avanzada de teologa y doctrina para los dirigentes y maestros de la Iglesia en esa poca que necesitaba de una centralidad en la doctrina cristiana frente al alud de errores y herejas. Hay que tener en cuenta que en esa poca la exgesis bblica estaba en su infancia y en la Iglesia no exista un sistema desarrollado de hermenutica. Esas escuelas fueron las de Alejandra, Asia Menor y Norte de frica, a las cuales estaban asociados grandes maestros.

La escuela de Alejandra, fue fundada por Panteno alrededor del ao 180, en una de las ms cultas e importantes ciudades del Imperio Romano, fundada por Alejandro el Grande en el siglo IV a. C. Dotada que haba sido de una de las ms completas bibliotecas de la antigedad, Alejandra fue la cuna de la ltima de las filosofas grecorromanas no cristianas, el neoplatonismo; y floreci tambin all el gnosticismo. Como importante centro cultural del mundo helnico, en Alejandra, desde los tiempos de Ptolomeo Lagi (323-285 a.C.) y Ptolomeo Filadelfo (285-247 a.C.) se fueron dando cita diversas escuelas de pensamiento, lo mismo que las corrientes msticas asiticas, las diferentes filosofas griegas, la influencia del judasmo y el derecho romano, acrisolndose de paso el gusto por la alegora sobre todo en el terreno religioso, mtodo exegtico practicado por estudiosos de la talla de Filn y Orgenes.

El judo helenista Filn, fue un estudioso de la Biblia, pero usaba un sistema eclctico de interpretacin, inclinndose por las especulaciones filosficas griegas, aplicando en especial el arbitrario mtodo alegrico, herencia que leg a la teologa cristiana alejandrina. Se debe tener en cuenta que en Alejandra los maestros cristianos, entre ellos Panteno, Clemente de Alejandra y Orgenes, consideraban la filosofa griega como una herramienta que deba ser usada, herramienta que en ocasiones result de doble filo. Panteno fue un filsofo estoico convertido y era eminente por el fervor de su espritu, del cual slo se conservan fragmentos de sus escritos.

La escuela de Antioqua, fundada por Luciano. Relacionados con esta escuela encontramos a los grandes, Diodoro de Tarso, Teodoro de Mopsuestia, Teodoreto de Silo, Doroteo, y el ms sobresaliente, Juan Crisstomo. A diferencia de la escuela de Alejandra, que era alegrica, la de Antioqua era exegtica, gramtico-histrica, y a veces escptica en algunas cosas. Desafortunadamente, debido al rigorismo en la aplicacin de este mtodo exegtico, en esta escuela cayeron en algunas desviaciones, como el exagerado racionalismo, llegando incluso a desechar lo aparentemente incomprensible de la Biblia. Estos mtodos especulativos de captar la Revelacin llegaron a degenerar en excesos como el de Luciano, uno de los precursores del arrianismo, o el de Teodoro de Mopsuestia, quien a pesar de ser uno de los mejores comentaristas bblicos de la antigedad, no por ello dej de caer en el error de negar la inspiracin de algunos libros del Antiguo Testamento.

La escuela de Asia Menor, se caracteriza porque, a diferencia de la de Alejandra, no estaba centrada en una ciudad en especial, sino que consista en una lnea de pensamiento y trabajo coyuntural de un grupo de maestros y escritores de teologa. Ireneo fue el ms conspicuo exponente de esta escuela, gran evangelista, conferencista y escritor, defensor de la causa de Cristo.

La escuela del Norte de frica, tena su centro en Cartago. Fue la escuela que ms contribuy a la formacin del pensamiento teolgico de Europa. All se destacaron importantes escritores y telogos de la talla del brillante, clebre, controvertido y fervoroso Tertuliano, y del hbil obispo Cipriano.

Los apologistas

No obstante atravesar la poca ms amarga y sangrienta de la Iglesia, y debido a que el cristianismo se enfrentaba tambin con las ideas opositoras surgidas del paganismo, algunos escritores cristianos de los aos 120 a 220 escriben para defender o hacer la apologa de la fe de los seguidores del Seor Jess, y buscar la conversin de los paganos. Estas obras se caracterizan porque fueron escritas en un estilo untado de ideologas filosficas griegas, pues una de las dificultades para los paganos era aceptar la divinidad de Cristo, por eso recurrieron al Logos para buscar una comprensin entre los platnicos helenistas de su tiempo. La doctrina del Logos era conocida de los paganos y es usada por Justino para exponer cmo Dios revela Su sabidura. El estoicismo y el neoplatonismo ejercieron marcada influencia en el pensamiento cristiano de los primeros siglos; por ejemplo, muchos de los apologistas y de los llamados padres usaron el estoicismo para fundamentar tericamente la tica.

El estoicismo enseaba que en el universo haba una razn divina dominante, de la cual sali una ley moral natural, la que para muchos intelectuales cristianos era idntica con la ley moral cristiana, aunque conservaban el contraste entre el cristianismo y el mundo. Moldeadores del pensamiento cristiano tan prominentes como Orgenes y Clemente de Alejandra, eran estudiantes de la filosofa griega, particularmente el neoplatonismo y el estoicismo. Parece ser que el neoplatonismo tuvo su origen precisamente en Alejandra. Ambrosio de Miln haba bebido en fuentes estoicas, y Agustn en las del neoplatonismo. Enfocando de nuevo los apologistas, tenemos que estando distante los tiempos de las inquisiciones de parte de una organizacin religiosa que persigue a quienes no piensen como ellos, los cristianos del tiempo de Esmirna se atreven a pedir libertad religiosa. Los apologistas cristianos condenaron enrgicamente los cultos paganos, tan abundantes en el Imperio, negndose a hacer contemporizacin alguna con ellos. Entre los que lucharon por defender la fe cristiana contra las calumnias y ataques de los judos y paganos politestas, tenemos a:

Cuadrato

Era un profeta que conoci a los apstoles. En su apologa menciona a esos quinientos discpulos que vieron al Seor resucitado. Segn Eusebio de Cesarea, escribi la primera de las apologas conocidas, la cual fue presentada al emperador Adriano en Atenas, en el invierno de 124-125, y de la cual slo se conserva un fragmento. Muchos consideran que su Apologa es la misma Epstola a Diogneto.

Arstides

Este contemporneo de Cuadrato escribi la segunda de estas apologas. Eusebio dice que la redact durante el reinado de Adriano y la traduccin siraca durante el reinado de Antonino Po; pero es ms fuerte la opinin que fue dirigida a ste ltimo. Se trat de un cristiano filsofo. De acuerdo con la necesidad del momento y por ser dirigida a la oposicin originada en la cultura helenista, Arstides inicia su apologa con un bosquejo demostrando la existencia de Dios basndose en el argumento del filsofo Aristteles que se relaciona con el origen del movimiento. El texto de esta apologa no se vino a tener sino hasta 1878, en que los monjes armenios del monasterio Las Aristas, de Venecia, publicaron una versin armenia. La versin siraca fue descubierta en el monte Sina en 1889 por Rendel Harris.

Epstola a Diogneto

Existe un brillante y annimo documento apologista llamado Epstola a Diogneto, obra atribuida supuestamente a Panteno, pero con ms fundamentados argumentos a Cuadrato, y dirigida a un cierto Diogneto, quien probablemente se trate del emperador Adriano. Esta carta ofrece una excelente presentacin de los postulados de la Iglesia frente al paganismo y al judasmo mismo. Ante la acusacin en esa poca de que el cristianismo iba debilitando la estabilidad y las estructuras del Imperio Romano, la Epstola a Diogneto declar: "Lo que alma es al cuerpo, son los cristianos al mundo... El alma est aprisionada en el cuerpo, pero ella conserva al mismo cuerpo; y los cristianos estn aprisionados en el mundo como en una crcel, pero ellos mantienen unido al mundo". (Se puede leer este documento en el excursus II al final del presente captulo).

Justino Mrtir

Era natural de Samaria. Escribi dos de las ms famosas apologas del cristianismo durante el reinado de Antonino Po. El perfil de este mrtir es el de un hombre de una personalidad excepcional, como humano y por su innegable influencia en la Iglesia. En su obra Dilogo con Trifn narra algunos datos biogrficos. Estudioso en algunas escuelas filosficas griegas antes de conocer al Seor, hasta que hall la verdad en Cristo, en quien el Logos histricamente haba encarnado y tomado forma humana. En Roma fund una escuela a manera de los filsofos paganos. Es curioso el contraste entre Marcin y Justino. Mientras que aquel usa la filosofa para adulterar las enseanzas de la Iglesia, Justino pone esos conocimientos al servicio del evangelio, para defenderlo y propagarlo. De la obra de Justino se conserva muy poco, pero por el historiador Eusebio se sabe que escribi mucho, y que era un filsofo en el estilo, y desde ese punto de vista usaba el mtodo platnico, pero en el contenido era un verdadero cristiano. Justino gan su calificativo por haber muerto por la fe en el Seor Jess.

Melitn

Eusebio lo cita como obispo de Sardis durante el reinado de Marco Aurelio, y nos da una lista de su obra, de la cual slo se conservan fragmentos, citando entre sus obras una apologa al emperador Cmodo, hijo y sucesor del anterior. An se conserva su obra la Homila sobre la Pascua. En esa misma poca escribe tambin otro apologista llamado Apolinar de Hierpolis.

Atengoras

El filsofo cristiano de Atenas. Escribi su apologa dirigida a los emperadores Marco Aurelio y Cmodo, y hace la entrega en Atenas, su ciudad natal. Refuta las calumnias a los cristianos cuando los acusan de ateos, afirmando que creen en un Dios superior. Escribe un tratado sobre "La resurreccin del cuerpo", tocando un tema inaceptable para los filsofos de su tiempo. Defiende la divinidad del Logos. En esa misma ciudad y en similares circunstancias escribe y acta el apologista Milciades.

Tefilo

Apologista que fue obispo de Antioqua. Escribi tres libros apologticos a su amigo Autlico, en los cuales aparece por primera vez el trmino Trinidad (en griego, Trada).

Taciano

Contemporneo con Tefilo floreci este otro apologista, nacido en el ao 110, quien despus de haber sido discpulo de Justino (mrtir) en Roma, en el ao 172 volvi al Oriente y fund una rigorista secta gnstica encratita, movimiento de donde haba salido, secta rigorista en contra del matrimonio. Antes de dar este paso, escribi Oratio ad Grcos, obra apologtica en donde defiende el origen divino del cristianismo. Es ms conocido por su obra El Diatesarin, una especie de historia de la vida de Cristo; es una armona o entrelazamiento de los cuatro evangelios.

Minucio Flix

Escribe una simptica apologa llamada Octavius, por medio de la cual defiende al cristianismo usando un dilogo entre un pagano llamado Cecilio y un cristiano de nombre Octavio. Cecilio expone las calumnias difundidas contra la Iglesia y Octavio le responde mostrndole las verdades cristianas.

Hermias

Tiene una Stira contra los Griegos, en donde ataca y ridiculiza la filosofa griega.

Los polemistas

Adems de los llamados padres apostlicos que conocieron directamente a los apstoles, y de los apologistas en la poca de las persecuciones, registramos en el perodo proftico de Esmirna a los polemistas, o sea, los que combatieron contra las herejas, contra los gnsticos y defendieron valientemente la divinidad de Cristo frente a todos los ataques del enemigo. Los ms preclaros exponentes son:

Ireneo

Ireneo (130-195). Probablemente naci en Esmirna, en donde desde nio conoci a Policarpo, y desde all fue enviado a las Galias (Francia) haciendo parte de un grupo de evangelistas. Ms tarde lleg a ser obispo de Lyon, en donde realiz un trabajo tan meritorio, que se registra que casi toda la ciudad fue hecha cristiana, convirtindose en un centro de donde salieron muchos misioneros a evangelizar la Galia. Es tal vez el personaje que reviste mayor importancia en todo este perodo de Esmirna. Fue el principal opositor de los ataques de los gnsticos y marcionitas, herejas que conoci y refut en defensa de la Iglesia. Para combatir el gnosticismo escribi importantes libros como "Contra herejas" (Adversus Hresus), y su "Demostracin de la predicacin apostlica".

En el proceso de la formacin del canon, y debido a que algunos ponan en duda la posicin del Evangelio segn San Juan, defendi la tesis de que tena que haber cuatro evangelios; asimismo expresa claramente la cuestin de la sucesin apostlica. Por otra parte, sostena que el Logos que se hizo carne en Jesucristo, era el Hijo de Dios, y daba nfasis a su conviccin de que Jesucristo era tanto plenamente hombre como Dios, y que Jess Dios-hombre sufri la crucifixin por los hombres, en contraposicin a los postulados gnsticos de que Cristo era un mero fantasma, y de los marcionitas con su raro dualismo. Entonces en reaccin contra el velado politesmo de los gnsticos y los dos dioses de los marcionitas, Ireneo es representativo de la unidad de Dios. Muri como mrtir.

Tertuliano

Tertuliano, Quintus Septimus Florens (160-220). Este polmico y fogoso gran telogo y apologista cristiano naci en Cartago, en el Norte de frica, de padres paganos, ricos. Figura controversial en la historia de la Iglesia, muy instruido en la filosofa estoica; ejerci su profesin de abogado en Roma. En su juventud parece haber sido instruido en la filosofa estoica. Su conversin al Seor ocurri en su mediana edad, llegando a ser presbtero. Conoci bien el griego, pero escribi mucho en latn. Se caracterizaba por ser un cristiano ortodoxo y compuso un extenso tratado contra Marcin. Otras obras suyas son Contra los Herejes, Prescription, y contra los paganos, la apologa el Apologtico. Cuando ya envejeca se hizo montanista hasta su muerte. De l se dice que lejos de ser hereje, era el campen de la Iglesia contra la hereja. Como buen apologista y abogado se atrevi a declarar en el ao 212 que "es un derecho del hombre, un privilegio de su naturaleza que cada cual pueda adorar segn sus propias convicciones".

Los cristianos de los primeros tiempos encontraron serias dificultades para exponer algunas verdades teolgicas, y en no pocas ocasiones se valieron aun de principios filosficos y legales para su tarea didctica y apologtica. Para referirse a Dios, por ejemplo, Tertuliano usaba la palabra latina substantia, tomada de la terminologa legal romana con la connotacin de la posicin relativa del hombre en la comunidad; usndola para referirse a que Dios en sustancia es uno, pero que Padre, Hijo y Espritu Santo, en esencia, forma y aspecto, son tres personas. Al usar la palabra (person) persona, en su disciplina de abogado, Tertuliano tena en mente su uso en la ley romana, con el significado de: "una parte en alguna accin legal"; de manera que las tres Personas de la Trinidad Divina tienen su respectivo lugar en la economa o actividad administrativa de Dios. Tertuliano entenda que el Hijo estaba subordinado al Padre, y que el Espritu Santo proceda del Padre por medio del Hijo.

Ya hemos mencionado que para esta poca empezaba a aparecer en algunas iglesias locales el episcopado con tendencias monrquicas, y en alguna forma se iba poniendo las bases para el gran salto que dio la Iglesia a partir de los primeros aos del siglo cuarto, cuando se da el comienzo del perodo proftico de Prgamo, con todas sus consecuencias.

Martirio de Policarpo

Por Arcadio Sierra Daz - 23 de Abril, 2007, 16:13, Categora: General

PRIMER EXCURSUS DEL CAPTULO II

MARTIRIO DE POLICARPO

OBISPO DE ESMIRNA

(Carta incluida en las obras de Ireneo, discpulo de Policarpo)

La iglesia de Dios que habita como forastera en Esmirna, a la iglesia de Dios que vive forastera en Filomelio, y a todas las comunidades, peregrinas en todo lugar, de la santa y universal Iglesia:

Que en vosotros se multiplique la misericordia, la paz y el amor de Dios Padre y de nuestro Seor Jesucristo.

I. Os escribimos, hermanos, la presente carta sobre los sucesos de los mrtires, y sealadamente sobre el bienaventurado Policarpo, quien, bien as como quien pone el sello, hizo cesar con su martirio la persecucin. Y es as que todos los acontecimientos que le precedieron podemos decir no tuvieron otro fin que mostrarnos nuevamente el Seor Su propio martirio, tal como nos lo relata el Evangelio. 2. Policarpo, en efecto, esper a ser entregado, como lo hizo tambin el Seor, a fin de que tambin nosotros le imitemos, no mirando slo nuestro propio inters, sino tambin el de nuestros prjimos. Porque obra es de verdadero y slido amor no buscar slo la propia salvacin, sino tambin la de todos los hermanos.

II. Ahora bien, bienaventurados son slo aquellos martirios que se han cumplido conforme a la voluntad de Dios; porque es necesario que, guardando la debida cautela, atribuyamos a Dios la fuerza contra todos los tormentos.

2. Y, en efecto, quin no admirar la nobleza de nuestros mrtires, su paciencia y el amor a su Dueo? Ellos sufrieron, lacerados por los azotes, hasta llegar a distinguirse la disposicin de la carne dentro de las venas y de las arterias, de suerte que los mismos espectadores se movan a lstima y rompan en lamentos; los mrtires, en cambio, se levantaron a tal punto de nobleza, que ninguno de ellos exhal un ay! Ni un gemido, con lo que a todos nosotros nos demostraban que, en aquel momento de tortura, los nobilsimos mrtires de Cristo haban emigrado fuera de su carne o, ms bien, que el Seor mismo, puesto a su lado, conversaba amigablemente con ellos. 3. Y sostenidos por la gracia de Cristo, despreciaban los tormentos terrenos, pues por el sufrimiento de una sola hora se preparaban al gozo de la vida eterna. El mismo fuego de los inhumanos atormentadores les resultaba refrigerante, pues tenan ante los ojos las claras y eternas mansiones que jams perecen, y con los ojos del corazn contemplaban ya los bienes reservados a los que valerosamente resisten; bienes que ni odo oy ni ojo vio ni corazn de hombre alcanz, mas a ellos se los mostraba el Seor como a quienes no eran ya hombres, sino ngeles.

4. Igualmente, tambin los que fueron condenados a las fieras sufrieron tormentos espantosos, tendidos que fueron sobre conchas marinas y sometidos a otras formas de variadas torturas. Pretenda el enemigo, a ser posible, obligarlos a renegar de la fe a fuerza de continuo tormento.

III. Muchos fueron, en efecto, los artificios que el diablo puso en juego contra ellos; mas gloria a Dios! Contra ninguno prevaleci. Porque fue as que el nobilsimo Germnico sobreesforz con su constancia la cobarda de los dems. l fue quien ms ilustre combate sostuvo con las fieras. Porque, tratando el procnsul de persuadirle y dicindole que tuviera lstima de su edad, l mismo azuz a la fiera para que se arrojase contra l, pues quera cuanto antes verse lejos de una vida sin justicia y sin ley como la que los paganos llevan. 2. En este punto, pues, toda la muchedumbre, maravillada de la valenta de la raza de los cristianos, que ama y rinde culto a Dios, prorrumpi en alaridos: "Mueran los ateos! A buscar a Policarpo!"

IV. Hubo, sin embargo, uno, por nombre Quinto, frigio de nacin, llegado recientemente de Frigia, que, viendo las fieras, se acobard. Pero es que ste se haba denunciado a s mismo, y aun indujo a algunos otros a presentarse espontneamente al tribunal. A ste, pues, logr el procnsul, tras muchas importunaciones, persuadirle a jurar por el Csar y sacrificar. De ah, hermanos, que no aprobemos a los que de s y ante s se presentan a los jueces, puesto que no es esta la doctrina del Evangelio.

V. Por lo que se refiere a Policarpo, hombre digno de toda nuestra admiracin, en primer lugar, odo que oy cmo se le reclamaba para la muerte, no se turb, sino que estaba decidido a no salir de la ciudad; sin embargo, la mayora de los hermanos le aconsejaron que se escondiera en las afueras. Se retir, pues, a una finca que no distaba mucho de la ciudad, y all pasaba el tiempo con unos pocos fieles, sin otra ocupacin, da y noche, que orar por todos, y sealadamente por las iglesias esparcidas por toda la tierra. Cosa, por lo dems, que tena siempre de costumbre.

2. Y fue as que, orando una vez, tres das antes de ser prendido, tuvo una visin en que se le present su almohada totalmente abrazada por el fuego. Y volvindose a los que estaban con l, les dijo: "Tengo que ser quemado vivo."

VI. Como persistieran las pesquisas para dar con l, tuvo que trasladarse a otra finca, y momentos despus se present la guardia. Como no le hallaran, prendieron a dos esclavos, y uno de ellos, sometido a tormento, declar su paradero. 2. Era ya de todo punto imposible seguir oculto, una vez que los que le traicionaban pertenecan a los domsticos mismos. Por su parte, el jefe de la polica, que, por cierto, llevaba el mismo nombre que el rey de la pasin del Seor, Herodes, tena prisa por conducir a Policarpo al estadio, para que ste alcanzara su suerte, hecho partcipe de Cristo, y los que le haban traicionado sufrieran su merecido, es decir, el castigo del mismo Judas.

VII. Llevando, pues, consigo al esclavo, un viernes, hacia la hora de comer, salieron los pesquisadores -todo un escuadrn de caballera-, armados con las armas del caso, como si salieran tras un bandido. Y llegados que fueron, a hora ya tarda, le hallaron acostado ya en una habitacioncilla del piso superior. Todava hubiera podido Policarpo escaparse a otro escondrijo, pero se neg diciendo: Hgase la voluntad de Dios.

2. Conociendo, pues, por el ruido que se oa debajo, que haban llegado sus perseguidores, baj y se puso a conversar con ellos. Maravillndose stos, al verle, de su avanzada edad y de su serenidad, no se explicaban todo aquel aparato y afn por prender a un viejo como quel. Al punto, pues, Policarpo dio rdenes de que se le sirviera de comer y beber en aquella misma hora cuanto apetecieran, y l les rog, por su parte, que le concedieran una hora para orar tranquilamente. 3. Ellos se lo permitieron, y as, se puso a orar tan lleno de gracia de Dios que por espacio de dos horas no le fue posible callar. Estaban maravillados los que le oan, y aun muchos sentan remordimiento de haber venido a prender a un anciano tan santo.

VIII. Una vez que, finalmente, termin su oracin, despus que hubo hecho en ella memoria de cuantos en su vida haban tenido trato con l -pequeos y grandes, ilustres y humildes, y sealadamente toda la universal Iglesia esparcida por la redondez de la tierra-, venido el momento de emprender la marcha, le montaron sobre un pollino, y as le condujeron a la ciudad, da que era de gran sbado.

2. Se toparon con l en el camino el jefe de la polica Herodes y su padre Nicetas, los cuales, hacindole montar en su coche y sentndole a su lado, trataban de persuadirle, diciendo: "Pero qu inconveniente hay en decir: "Csar es el Seor" (en griego, Kyrios Kaisar (Κὺριος χασαρ)), y sacrificar y cumplir los dems ritos y con ello salvar la vida?"

Policarpo, al principio, no les contest nada; pero como volvieron a la carga, les dijo finalmente: "No tengo intencin de hacer lo que me aconsejis."

3. Ellos, entonces, fracasados en su intento de convencerle por las buenas, se desataron en palabras injuriosas y le hicieron bajar precipitadamente del coche, de suerte que, a medida que bajaba, se hiri en la espinilla. Sin embargo, sin hacer caso de ello, como si nada hubiera pasado, caminaba ahora a pie animosamente, conducido al estadio. Y era tal el tumulto que en ste reinaba, que no era posible entender a nadie.

IX. Al tiempo que Policarpo entraba en el estadio, una voz sobrevino del cielo que le dijo: "Ten buen nimo, Policarpo, y prtate varonilmente." Nadie vio al que esto dijo; pero la voz la oyeron los que de entre los nuestros estaban presentes. Seguidamente, segn le conducan al tribunal, se levant un gran tumulto al correrse la voz de que haban prendido a Policarpo. 2. Venido, en fin, a presencia del procnsul, ste le pregunt si l era Policarpo.

Respondiendo el mrtir afirmativamente, trataba el procnsul de persuadirle a renegar de la fe, dicindole:

Ten consideracin a tu avanzada edad -y otras cosas por el estilo, segn es costumbre suya decir, como: "Jura por el genio del Csar. Muda de modo de pensar; grita: Mueran los ateos!"

A estas palabras, Policarpo, mirando con grave rostro a toda la chusma de paganos sin ley que llenaban el estadio, tendiendo hacia ellos la mano, dando un suspiro y alzando sus ojos al cielo, dijo:

S, mueran los ateos!

3. Jura y te pongo en libertad. Maldice a Cristo. Entonces Policarpo dijo:

Ochenta y seis aos hace que le sirvo y ningn dao he recibido de l; cmo puedo maldecir de mi Rey, que me ha salvado?

X. Como nuevamente insistiera el procnsul, dicindole:

Jura por el genio del Csar. Respondi Policarpo:

Si tienes por punto de honor hacerme jurar por el genio, como t dices, del Csar, y finges ignorar quin soy yo, yelo con toda claridad: Yo soy cristiano. Y si tienes inters en saber en qu consiste el cristianismo, dame un da de tregua y escchame.

2. Respondi el procnsul:

Convence al pueblo. Y Policarpo dijo:

A ti te considero digno de escuchar mi explicacin, pues nosotros profesamos una doctrina que nos manda tributar el honor debido a los magistrados y autoridades, que estn por Dios establecidas, mientras ello no vaya en detrimento de nuestra conciencia; mas a ese populacho no le considero digno de or mi defensa.

XI. Dijo el procnsul:

Tengo fieras a las que te voy a arrojar si no cambias de parecer.

Policarpo respondi:

Puedes traerlas, pues un cambio de sentir de lo bueno a lo malo, nosotros no podemos admitirlo. Lo razonable es cambiar de lo malo a lo justo.

2. Volvi a insistirle:

Te har consumir por el fuego, ya que menosprecias las fieras, como no mudes de opinin.

Y Policarpo dijo:

Me amenazas con un fuego que arde por un momento y al poco rato se apaga. Bien se ve que desconoces el fuego del juicio venidero y del eterno suplicio que est reservado a los impos. Mas, el fin, a qu tardas? Trae lo que quieras.

XII. Mientras estas y otras muchas cosas deca Policarpo, le vean lleno de fortaleza y alegra, y su semblante irradiaba tal gracia que no slo no se notaba en l decaimiento por las amenazas que se le dirigan, sino que fue ms bien el procnsul quien estaba fuera de s y dio, por fin, orden a su heraldo, que, puesto en la mitad del estadio, diera por tres veces este pregn:

Policarpo ha confesado que es cristiano!

2. Apenas dicho esto por el heraldo, toda la turba de gentiles, y con ellos los judos que habitaban en Esmirna, con rabia incontenible y a grandes gritos, se pusieron a vociferar:

Ese es el maestro del Asia, el padre de los cristianos, el destructor de nuestros dioses, el que ha inducido a muchos a no sacrificarles ni adorarlos.

En medio de este vocero, gritaban y pedan al asiarca Felipe que soltara un len contra Policarpo. Mas el asiarca les contest que no tena facultad para ello, una vez que haban terminado los combates de fieras. 3. Entonces dieron todos en gritar unnimemente que Policarpo fuera quemado vivo. Y es que tena que cumplirse la visin que se le haba manifestado sobre su almohada, cuando la vio, durante su oracin, abrasarse toda, y dijo profticamente, vuelto a los fieles que lo rodeaban: "Tengo que ser quemado vivo."

XIII. La cosa, pues, se cumpli en menos tiempo que el que cuesta contarlo, pues al punto se lanz el populacho a recoger de talleres y baos madera y lea seca, dndose, sobre todo, los judos manos a la labor con el singular fervor que en esto tienen de costumbre.

2. Preparada que fue la pira, habindose Policarpo quitado todos sus vestidos y desceido el cinturn, trataba tambin de descalzarse, cosa que no hubiera tenido que hacer antes, cuando todos los fieles tuvieran empeo en prestarles este servicio, porfiando sobre quin tocara antes su cuerpo. Porque, aun antes de su martirio, todo el mundo le veneraba por su santa vida.

3. En seguida, pues, fueron colocados en torno a l todos los instrumentos preparados para la pira. Mas como se le acercaran tambin con intencin de clavarle en un poste, dijo:

Dejadme tal como estoy, pues el que me da fuerza para soportar el fuego, me la dar tambin, sin necesidad de asegurarme con vuestros clavos, para permanecer inmvil en la hoguera.

XIV. As, pues, no le clavaron, sino que se contentaron con atarle. l entonces, con las manos atrs y atado como un carnero egregio, escogido de entre un gran rebao preparado para holocausto acepto a Dios; levantados sus ojos al cielo, dijo: "Seor Dios omnipotente: Padre de tu amado y bendecido siervo Jesucristo, por quien hemos recibido el conocimiento de Ti, Dios de los ngeles y de las potestades, de toda la creacin y de toda la casta de los justos, que viven en presencia tuya: 2. Yo te bendigo, porque me tuviste por digno de esta hora, a fin de tomar parte, contado entre tus mrtires, en el cliz de Cristo para resurreccin de eterna vida, en alma y cuerpo, en la incorrupcin del Espritu Santo: Sea yo con ellos recibido hoy en tu presencia, en sacrificio pinge y aceptable, conforme de antemano me lo preparaste y me lo revelaste y ahora lo has cumplido, T, el inefable y verdadero Dios. 3. Por lo tanto, yo te alabo por todas las cosas, te bendigo y te glorifico, por mediacin del eterno y celeste Sumo Sacerdote, Jesucristo, tu siervo amado, por el cual sea gloria a Ti con el Espritu Santo, ahora y en los siglos por venir. Amn".

XV. Apenas hubo enviado al cielo su amn y concluida su splica, los ministros de la pira prendieron fuego a la lea. Y en aquel punto, levantndose una gran llamarada, vimos un prodigio aquellos a quienes fue dado verlo; aquellos, por lo dems, que hemos sobrevivido para poder contar a los dems lo sucedido.

2. El caso fue que el fuego, formando una especie de bveda, como la vela de un navo henchida por el viento, rode por todos lados como una muralla el cuerpo del mrtir, y estaba en medio de la llama no como carne que se asa, sino como pan que se cuece o cual oro y plata que se acendra al horno. Y a la verdad, nosotros percibimos un perfume tan intenso cual si se levantara una nube de incienso o de cualquiera otro aroma precioso.

XVI. Comoquiera que fuese, viendo los sin ley que el cuerpo de Policarpo no poda ser consumido por el fuego, dieron orden al confector, que llegara a darle el golpe de gracia, hundindole un pual en el pecho. Se cumpli la orden y brot de la herida tal cantidad de sangre que apag el fuego de la pira, y la turba gentil qued pasmada de que hubiera tal diferencia entre la muerte de los fieles y la de los escogidos. 2. Al nmero de estos elegidos pertenece Policarpo, varn sobre toda ponderacin admirable, maestro en nuestros mismos tiempos, con espritu de apstol y profeta, obispo, en fin, de la iglesia de Esmirna. Y es as que toda palabra que sali de su boca o ha tenido ya cumplimiento o lo tendr con certeza.

XVII. Mas el diablo, rival nuestro, envidioso y perverso, el enemigo declarado de la raza de los justos, viendo no slo la grandeza del martirio de Policarpo, sino su vida irreprochable desde el principio, y que estaba ya coronado con la corona de la inmortalidad, ganado el premio del combate que nadie le poda ya disputar, dispuso de tal modo las cosas que ni siquiera nos fuera dado apoderarnos de su cuerpo, por ms que muchos deseaban hacerlo y poseer sus santos restos. 2. El caso fue que sugiri el demonio a Nicetas, padre de Herodes y hermano de Alce, que suplicara al gobernador no se nos autorizara para retirar el cadver del mrtir; "No sea -se deca- que esa gente cristiana abandone a su Crucificado y empiecen a rendir culto a ste". Los judos eran los que sugeran tales cosas y hacan fuerza en el caso, ellos, que montaron guardia cuando nosotros bamos a recoger el cuerpo de la pira misma. Mas ignoraban unos y otros que nosotros ni podremos jams abandonar a Cristo, que muri por la salvacin del mundo entero de los que se salvan; l, inocente, por nosotros pecadores, ni hemos de rendir culto a otro ninguno fuera de l. 3. Porque a Cristo le adoramos como a Hijo de Dios que es; mas a los mrtires les tributamos con toda justicia el homenaje de nuestro afecto como a discpulos e imitadores del Seor, por el amor insuperable que mostraron a su rey y maestro. Y pluguiera a Dios que tambin nosotros llegramos a participar de su muerte y ser condiscpulos suyos!

XVIII. Como viera, pues, el centurin la porfa de los judos, poniendo el cuerpo en medio, lo mand quemar a usanza pagana. 2. De este modo, por los menos, pudimos nosotros ms adelante recoger los huesos del mrtir, ms preciosos que piedra de valor y ms estimados que oro puro, los que depositamos en lugar conveniente. 3. All, segn nos fuere posible, reunidos en jbilo y alegra, nos conceder el Seor celebrar el natalicio del martirio de Policarpo, para memoria de los que acabaron ya su combate y ejercicio y preparacin de los que tienen an que combatir.

XIX. Tal fue el martirio del bienaventurado Policarpo, quien, habiendo sufrido, con once hermanos ms de Filadelfia, martirizados en Esmirna, l slo es sealadamente recordado por todos, de suerte que hasta los mismos paganos hablan de l por todas partes. l fue, en efecto, no slo maestro insigne, sino mrtir eminente; de ah que todos deseen imitar un martirio sucedido segn la enseanza del Evangelio de Cristo. 2. Y ahora, despus de haber derrotado por su paciencia al prncipe inicuo de este mundo y recibido as la corona de la inmortalidad, glorifica jubiloso, en compaa de los apstoles y de todos los justos, al Dios y Padre omnipotente y bendice a nuestro Seor Jesucristo, Salvador de nuestras almas, piloto de nuestros cuerpos y pastor de toda la universal Iglesia esparcida por la redondez de la tierra.

XX. Nos habais pedido que os relatramos con todo pormenor lo sucedido; pero hemos tenido que limitarnos, por ahora, a un resumen de lo principal, que os mandamos, por obra de nuestro hermano Marcin. Ahora, pues, una vez que vosotros os hayis enterado, tened la bondad de remitir esta carta a los hermanos del contorno, a fin de que tambin ellos glorifiquen al Seor, que es quien se escoge a los que quiere de entre sus siervos. 2. Al que es poderoso para introducirnos a todos por gracia y ddiva suya, en Su reino eterno, por medio de Su Siervo, Su Unignito Jesucristo, a l sea gloria, honor, poder y grandeza por los siglos.

Saludad a todos los santos. A vosotros, el saludo de todos los aqu presentes, y en particular de Evaristo, el amanuense, con toda su familia.

XXI. El bienaventurado Policarpo (69-155) sufri el martirio el segundo da del mes Jntico, siete antes de las calendas de marzo (22 de febrero de 155. N.E), da de gran sbado, a la hora octava. Fue prendido por Herodes, bajo el sumo sacerdocio de Felipe de Trales y el proconsulado de Estacio Cuadrado, reinando por los siglos nuestro Seor Jesucristo. A l sea gloria, honor, grandeza, trono eterno de generacin en generacin. Amn.

PADRES APOSTLICOS, Edicin bilinge, Daniel Ruz Bueno. BAC, Madrid, 1985. Pgs. 672-687.

Epstola a Diogneto

Por Arcadio Sierra Daz - 23 de Abril, 2007, 13:48, Categora: General

SEGUNDO EXCURSUS DEL CAPTULO II

EPSTOLA A DIOGNETO

Exordio

I. Pues veo, Excelentsimo Diogneto, tu extraordinario inters por conocer la religin de los cristianos y que muy puntual y cuidadosamente has preguntado sobre ella: primero, qu Dios es se en que confan y qu gnero de culto le tributan para que as desdeen todos ellos el mundo y desprecien la muerte, sin que, por una parte, crean en los dioses que los griegos tienen por tales y, por otra, no observen tampoco la supersticin de los judos; y luego qu amor es se que se tienen unos a otros; y por qu, finalmente, apareci justamente ahora y no antes en el mundo esta nueva raza, o nuevo gnero de vida; no puedo menos que alabarte por este empeo tuyo, a par que suplico a Dios, que es quien nos concede lo mismo el hablar que el or, que a m me conceda hablar de manera que mi discurso redunde en provecho tuyo, y a ti el or de modo que no tenga por qu entristecerse el que te dirigi su palabra.

Refutacin de la idolatra

II. Ea, pues! Que te hayas limpiado a ti mismo de todos los prejuicios que tienen asida de antemano tu mente; despejado de la vulgar costumbre que te engaa, y convertido, como de raz, en un hombre nuevo, como quien va a escuchar, segn tu misma confesin, una doctrina nueva; mira no slo con los ojos, sino tambin con tu inteligencia, de qu sustancia o de qu forma son los que vosotros decs dioses y por tales tenis. 2. No es as que uno es una piedra, como cualquiera de las que pisamos con nuestros pies; otro, un pedazo e bronce, no de mejor calidad que el que sirve para labrar los utensilios para nuestro uso; otro, un leo que, por aadidura, est ya podrido; otro, plata que necesita de un hombre que la custodie para que no la roben; otro, hierro tomado de orn; otro, finalmente, un pedazo de arcilla, no ms preciosa que la empleada en los cacharros de nuestro ms bajo servicio? 3. No est todo eso fabricado de materia corruptible? No se labra todo a poder de hierro y fuego? No fue el escultor quien model a unos, el herrero y el platero a otros y el alfarero a los dems? No es cierto que antes de ser moldeados por estos artfices en la forma que ahora tienen, cada uno de ellos era, lo mismo que ahora, transformable en otro? Y los utensilios de la misma materia que ahora vemos, no pudieron convertirse en dioses como sos, si los trabajaran los mismos artfices? 4. Y al revs, esos que vosotros adoris ahora, no pudieron pasar, por mano de hombres, a ser cacharros semejantes a los dems? Es que todo eso no son cosas sordas, cosas todas ciegas, todas inanimadas, todas insensibles, inmviles todas? No se pudren todas? No se destruyen todas? 5. Y a esas cosas dais nombre de dioses, a esas cosas servs, a esas cosas adoris y a ellas terminis por haceros semejantes.

6. Y luego aborrecis a los cristianos porque no creen en semejantes dioses. 7. Pero no los despreciis mucho ms vosotros, justamente cuando pensis darles culto y creer en ellos? Acaso no os burlis vosotros ms de ellos y los cubrs de baldn en el hecho de que a los de piedra y arcilla les dais culto sin que tenga que custodiarlos nadie?, pero a los de plata y oro los encerris durante la noche y les ponis guarda durante el da para que no los roben? 8. Pues digamos de las honras que creis tributarles. A la verdad, si vuestros dioses tienen sentido, ms bien los castigis con ellas; y sin son insensibles, con vuestras ofrendas de sangre y grasas no hacis sino poderlos de manifiesto. 9. Pruebe, si no, alguno de vosotros a soportar nada de eso; aguante nadie que se le hagan tales ofrendas. Naturalmente, no habr hombre en el mundo que soporte de buena gana semejante tormento, pues el hombre tiene sentido y razn; la piedra, en cambio, lo soporta todo, porque es insensible. 10. En conclusin, mucho ms pudiera decir sobre la razn que tienen los cristianos de no someterse a la servidumbre de tales dioses; mas si lo dicho no le pareciere a alguno suficiente, tengo por tiempo perdido el seguir diciendo nada ms.

Refutacin del judasmo

III. Despus de esto, creo que tienes particular deseo de saber por qu los cristianos no practican la misma forma de culto a Dios que los judos. 2. Ahora bien, los judos, en cuanto se apartan de la sobredicha idolatra y dan culto a un solo Dios y soberano Dueo del universo, tienen absolutamente razn; mas en el hecho de tributarle a Dios ese culto de modo semejante a los antedichos, se equivocan de medio a medio. 3. Porque si los griegos dan pruebas de insensatez al ofrecer sus sacrificios a dolos insensibles y sordos, stos, que piensan ofrecrselos a Dios como si tuviera necesidad de ellos, ms bien hay que decir que practican una necedad que una religin o culto a Dios. 4. Porque aquel Dios que hizo el cielo y la tierra y cuanto en ella se contiene, y que a todos nos suministra lo que necesitamos, de nada absolutamente puede estar l mismo necesitado, cuando es l quien procura las cosas a los mismos que se imaginan ofrecrselas. 5. Ahora bien, los judos, que creen ofrecerle sacrificios de sangre y grasa y holocaustos y que con estos honores le enaltecen, me parece a m que en nada se diferencian de los que tributan esas mismas honras a dolos sordos. Los unos se los tributan a quienes ninguna parte pueden tener en tales honores; los otros se imaginan dar algo a quien de nada tiene necesidad.

Inanidad de las observancias judaicas

IV. Por lo dems, no creo que tengas necesidad de que te informe yo sobre su escrpulo respecto a las comidas, su supersticin acerca de los sbados, su orgullo de la circuncisin, su simulacin en ayunos y novilunios, cosas todas ridculas e indignas de consideracin alguna. 2. Porque cmo no tener por impo que las cosas creadas por Dios para uso de los hombres, unas se acepten como bien creadas y otras se rechacen como intiles y superfluas? 3. Y cmo no tachar de sacrlego calumniar a Dios, imaginando que nos prohbe hacer bien algn da de sbado? 4. Pues ya, que se blasone de la mutilacin de la carne como de signo de eleccin y creerse por ello particularmente amados de Dios, quin no ve ser pura ridiculez? 5. Y el estar en perpetuo acecho de los astros y de la luna para sus observaciones de meses y das y distribuir las disposiciones de Dios y los cambios de las estaciones conforme a sus propios impulsos, unas para fiestas y otras para duelos, quin no lo tendr antes por prueba de insensatez que de religin?

6. As, pues, creo que lo dicho basta para que hayas comprendido con cunta razn los cristianos se partan no slo de la comn vanidad y engao, sino tambin de las complicadas observancias y tufos de los judos. Ahora, por lo que al misterio de su propia religin atae, no esperes que lo vas a entender de hombre alguno.

Paradojas cristianas

V. Los cristianos, en efecto, no se distinguen de los dems hombres ni por su tierra ni por su habla ni por sus costumbres. 2. Porque ni habitan ciudades exclusivas suyas, ni hablan una lengua extraa, ni llevan un gnero de vida aparte de los dems. 3. A la verdad, esta doctrina no ha sido por ellos inventada gracias al talento y especulacin de hombres curiosos, ni profesan, como otros hacen, una enseanza humana; 4, sino que, habitando ciudades griegas o brbaras, segn la suerte que a cada uno le cupo, y adaptndose en vestido, comida y dems gnero de vida a los usos y costumbres de cada pas, dan muestras de un tenor de peculiar conducta, admirable, y, por confesin de todos, sorprendente. 5. Habitan sus propias patrias, pero como forasteros; toman parte en todo como ciudadanos y todo lo soportan como extranjeros; toda tierra extraa es para ellos patria, y toda patria, tierra extraa. 6. Se casan como todos; como todos engendran hijos, pero no exponen los que les nacen. 7. Ponen mesa comn, pero no lecho. 8. Estn en la carne, pero no viven segn la carne. 9. Pasan el tiempo en la tierra, pero tienen su ciudadana en el cielo. 10. Obedecen a las leyes establecidas; pero con su vida sobrepasan las leyes. 11. A todos aman y por todos son perseguidos. 12. Se los desconoce y se les condena. Se los mata y en ello se les da la vida. 13. Son pobres y enriquecen a muchos. Carecen de todo y abundan en todo. 14. Son deshonrados y en las mismas deshonras son glorificados. Se los maldice y se los declara justos. 15. Los vituperan y ellos bendicen. Se los injuria y ellos dan honra. 16. Hacen bien y se los castiga como malhechores; castigados de muerte, se alegran como si se les diera la vida. 17. Por los judos se los combate como a extranjeros; por los griegos son perseguidos y, sin embargo, los mismos que los aborrecen no saben decir el motivo de su odio.

Los cristianos, alma del mundo

VI. Mas, para decirlo brevemente, lo que es el alma en el cuerpo, eso son los cristianos en el mundo. 2. El alma est esparcida por todos los miembros del cuerpo, y cristianos hay por todas las ciudades del mundo. 3. Habita el alma en el cuerpo, pero no procede del cuerpo; as los cristianos habitan en el mundo, pero no son del mundo. 4. El alma invisible est encerrada en la crcel del cuerpo visible; as los cristianos son conocidos como quienes viven en el mundo, pero su religin sigue siendo invisible. 5. La carne aborrece y combate al alma, sin haber recibido agravio alguno de ella, porque no le deja gozar de los placeres; a los cristianos los aborrece el mundo, sin haber recibido agravio de ellos, porque renuncian a los placeres. 6. El alma ama a la carne y a los miembros que la aborrecen, y los cristianos aman tambin a los que los odian. 7. El alma est encerrada en el cuerpo, pero ella es la que mantiene unido al cuerpo; as los cristianos estn detenidos en el mundo, como en una crcel, pero son los que mantienen la trabazn del mundo. 8. El alma inmortal habita en una tienda mortal; as los cristianos viven de paso en moradas corruptibles, mientras esperan la incorrupcin en los cielos. 9. El alma, maltratadas en comidas y bebidas, se mejora; lo mismo los cristianos, castigados de muerte cada da, se multiplican ms y ms. 10. Tal el puesto que Dios les seal y no les es lcito desertar de l.

Origen divino del cristianismo

VII. Porque no es, como dije, invencin humana sta que a ellos fue transmitida, ni tuvieran por digno de ser tan cuidadosamente observado un pensamiento mortal, ni se les ha confiado la administracin de misterios terrenos. 2. No, sino Aquel que es verdaderamente omnipotente, creador del universo y Dios invisible, l mismo hizo bajar de los cielos Su verdad y Su Palabra santa e incomprensible y la aposent en los hombres y slidamente la asent en sus corazones. Y eso, no mandndoles a los hombres, como alguien pudiera imaginar, alguno de sus servidores, o a un ngel, o prncipe alguno de los que gobiernan las cosas terrestres, o alguno de los que tienen encomendadas las administraciones de los cielos, sino al mismo Artfice y Creador del universo, Aquel por quien cre los cielos, por quien encerr al mar en sus propias lindes; Aquel cuyo misterio guarda fielmente todos los elementos; de cuya mano recibi el sol las medidas que ha de guardar en sus carreras del da; a quien obedece la luna cuando le manda lucir durante la noche; a quien obedecen tambin las estrellas que forman el squito de la luna en su carrera; Aquel, en fin, por quien todo fue ordenado y definido y sometido: los cielos y cuanto en cielos se contiene; la tierra y cuanto en tierra existe; el mar y cuanto en el mar se encierra; el fuego, el aire, el abismo, lo que est en lo alto, lo que est en lo profundo, lo que est entremedio: A ste les envi! 3. Pues ya, acaso, como alguien pudiera pensar, le envi para ejercer una tirana o infundirnos terror y espanto? 4. De ninguna manera! Le envi en clemencia y mansedumbre, como un rey envi a su hijo-rey; como a Dios nos le envi, como hombre a los hombres le envi, para salvarnos le envi; para persuadir, para no violentar, pues en Dios no se da la violencia. 5. Le envi para llamar, no para castigar; le envi, en fin, para amar, no para juzgar. 6. Le mandar, s, un da, como juez, y quin resistir entonces su presencia?

("Las obras, empero, de nuestro Salvador estuvieron siempre a la vista de todos, puesto que eran verdaderas. As los curados de sus enfermedades, los resucitados de entre los muertos, que no fueron vistos solamente en el momento de ser curados y resucitados, sino que continuaron en adelante a la vista de todo el mundo, y eso no slo mientras el Salvador permaneci sobre la tierra, sino que sobrevivieron despus de muerto Aquel, hasta el punto que algunos de ellos han alcanzado hasta nuestros das". Fragmento de Cuadrato, Eusebio, Historia Eclesistica, IV,3).

Los mrtires, testigos de la divinidad del cristianismo

7. No ves cmo son arrojados a las fieras, para obligarlos a renegar de su Seor, y no son vencidos? 8. No ves cmo, cuanto ms se los castiga de muerte, ms se multiplican otros? 9. Eso no tiene visos de obra de hombre; eso pertenece al poder de Dios; eso son pruebas de su presencia.

La manifestacin de Dios por la encarnacin

VIII. Porque quin, en absoluto, de entre los hombres, supo jams qu cosa sea Dios antes de que l mismo viniera? 2. O es que vas a aceptar los vanos y estpidos discursos de los filsofos, gente, por cierto, digna de toda fe? De los cuales unos afirmaron que Dios era fuego (a donde tienen ellos que ir, a eso llaman Dios!); otros, agua; otros, otro cualquiera de los elementos creados por el mismo Dios. 3. Y no hay duda que, si alguna de estas proposiciones fuera aceptable, de cada una de las dems criaturas pudiera, con la misma razn, afirmarse que es Dios. 4. Mas todo eso no pasa de monstruosidades y desvaro de hechiceros; 5, y lo cierto es que ningn hombre vio ni conoci a Dios, sino que fue l mismo quien se manifest. 6. Ahora bien, se manifest por la fe, nica a quien se le concede ver a Dios.

7. Y, en efecto, aquel Dios, que es Dueo soberano y Artfice del universo, el que cre todas las cosas y las distingui segn su orden, no slo se mostr benigno con el hombre, sino tambin longnime. 8. A la verdad, l siempre fue tal y lo sigue siendo y lo ser, a saber: clemente y bueno y manso y veraz; es ms: slo l es bueno. 9. Y habiendo concebido un grande e inefable designio, lo comunic slo con Su Hijo.

10. Ahora bien, en tanto mantena en secreto y se guardaba su sabio consejo, pareca que no se cuidaba y que nada se le importaba de nosotros; 11, mas cuando nos lo revel por medio de Su Hijo amado y nos manifest lo que tena aparejado desde el principio, todo nos lo dio juntamente; no slo tener parte en su beneficio, sino ver y entender cosas cuales nadie de nosotros hubiera jams esperado.

La economa divina

IX. As, pues, cuando Dios lo tuvo todo dispuesto en S mismo juntamente con Su Hijo, hasta el tiempo prximamente pasado, nos permiti, a nuestro talante, que nos dejramos llevar de nuestros desordenados impulsos, arrastrados por placeres y concupiscencias. Y no es en absoluto que l se complaciera en nuestros pecados, sino que los soportaba. Ni es tampoco que Dios aprobara aquel tiempo de iniquidad, sino que estaba preparando el tiempo actual de justicia, a fin de que, convictos en aquel tiempo por nuestras propias obras de ser indignos de la vida, furamos hechos ahora dignos de ella por la clemencia de Dios; y habiendo hecho parte patente que por nuestras propias fuerzas era imposible que entrramos en el reino de Dios, se nos otorgue ahora el entrar por la virtud de Dios. 2. Y cuando nuestra maldad lleg a su colmo y se pudo totalmente de manifiesto que la sola paga de ella que podamos esperar era castigo y muerte, venido que el momento que Dios tena predeterminado para mostrarnos en adelante Su clemencia y poder (oh, benignidad y amor excesivo de Dios!), no nos aborreci, no nos arroj de s, no nos guard resentimiento alguno; antes bien se nos mostr longnime, nos soport; l mismo, por pura misericordia, carg sobre S nuestros pecados; l mismo entreg a Su propio Hijo como rescate por nosotros; al santo por los pecadores, al Inocente por los malvados, al justo por los injustos, al Incorruptible por los corruptibles, al Inmortal por los mortales. 3. Porque qu cosa podra cubrir nuestros pecados sino la justicia Suya? 4. En quin otro podramos ser justificados nosotros, inicuos e impos, sino en el solo Hijo de Dios?

5. Oh dulce trueque, oh obra insondable, oh beneficios inesperados! Que la iniquidad de muchos quedara oculta en un solo Justo y la justicia de uno solo justificar a muchos inicuos! 6. As, pues, habindonos Dios convencido en el tiempo pasado de la imposibilidad, por parte de nuestra naturaleza, para alcanzar la vida, y habindonos mostrado ahora al Salvador que puede salvar aun lo imposible, por ambos lados quiso que tuviramos fe en Su bondad y le mirramos como a nuestro sustentador, Padre, maestro, consejero, mdico, inteligencia, luz, honor, gloria, fuerza, vida, y no andemos preocupados por el vestido y la comida.

El amor, esencia de la nueva religin

X. Si deseas alcanzar t tambin esa fe, trata, ante todo, de adquirir conocimiento del Padre. 2. Porque Dios am a los hombres, por los cuales hizo el mundo, a los que someti cuanto hay en la tierra, a los que concedi inteligencia y razn, a los solos que permiti mirar hacia arriba para contemplarle a l, los que plasm de Su propia imagen, a los que envi Su Hijo unignito, a los que prometi Su reino en el cielo, que dar a los que le hubieren amado. 3. Ahora, que hayas conocido a Dios Padre, de qu alegra piensas que sers colmado? O cmo amars a quien hasta el extremo te am antes a ti? 4. Y en amndole que le ames, te convertirs en imitador de Su bondad. Y no te maravilles de que el hombre pueda venir a ser imitador de Dios. Querindolo Dios, el hombre puede. 5. Porque no est la felicidad en dominar tirnicamente nuestro prjimo, ni en querer estar por encima de los ms dbiles, ni en enriquecerse y violentar a los necesitados. No es ah donde puede nadie imitar a Dios, sino que todo eso es ajeno a Su magnificencia. 6. El que toma sobre s la carga de su prjimo; el que est pronto a hacer bien a su inferior en aquello justamente en que l es superior; el que, suministrando a los necesitados lo mismo que l recibi de Dios, se convierte en Dios de los que reciben de su mano, ese es el verdadero imitador de Dios.

7. Entonces, aun morando en la tierra, contemplars a Dios cmo tiene Su imperio en el cielo; entonces empezars a hablar los misterios de Dios; entonces amars y admirars a los que son castigados de muerte por no querer negar a Dios; entonces condenars el engao y extravo del mundo, cuando conozcas la verdadera vida del cielo cuando desprecies esta de aqu parece muerte, cuando temas la que es de verdad muerte, que est reservada para los condenados al fuego eterno, fuego que ha de atormentar hasta el fin a los que fueren arrojados a l. 8. Cuando conozcas este fuego, admirars y tendrs por hadados a los que, por amor de la justicia, soportan este otro fuego de un momento.

Eplogo

XI. No hablo de cosas peregrinas ni voy a la bsqueda de lo absurdo, sino, discpulo que he sido de los apstoles, me convierto en maestro de las naciones: yo no hago sino transmitir lo que me ha sido entregado a quienes se han hecho discpulos dignos de la verdad. 2. Porque quin que haya sido rectamente enseado y engendrado por el Verbo amable, no busca saber con claridad lo que fue con el mismo Verbo manifiestamente mostrado a Sus discpulos? A ellos se lo manifest, a Su aparicin, el Verbo, hablndoles con libertad. Incomprendido por los incrdulos, l conversaba con los discpulos, los cuales, reconocidos por l como fieles, conocieron los misterios del Padre. 3. Por eso justamente Dios envi al Verbo para que se manifestara al mundo; Verbo que, despreciado por el pueblo, predicado por los apstoles, fue credo por los gentiles. 4. l, que es desde el principio, que apareci nuevo y fue hallado viejo y que nace siempre nuevo en los corazones de los santos. 5. l, que es siempre, que es hoy reconocido como Hijo, por quien la Iglesia se enriquece, y la gracia, desplegada, se multiplica en los santos; gracia que procura la inteligencia, manifiesta los misterios, anuncia los tiempos, se regocija en los creyentes, se reparte a los que buscan, a los que no infringen las reglas de la fe ni traspasan los lmites de los padres. 6. Luego se canta el temor de la ley, se reconoce la gracia de los profetas, se asienta la fe en los Evangelios, se guarda la tradicin de los apstoles y la gracia de la Iglesia salta de jbilo. 7. Si no contristas esta gracia, conocers lo que el Verbo habla por medio de quienes quiere y cuando quiere. 8. Y, en efecto, cuantas cosas fuimos movidos a explicaros con celo por voluntad del Verbo que nos las inspira o las comunicamos por amor de las mismas cosas que nos han sido reveladas.

XII. Si con empeo las atendiereis y escuchareis, sabris qu de bienes procura Dios a quienes lealmente le aman, como que se convierten en un paraso de deleites, produciendo en s mismos un rbol frtil y frondoso, adornados ellos de toda variedad de frutos. 2. Porque en este lugar fue plantado el rbol de la ciencia y el rbol de la vida; pero no es la ciencia la que mata, sino la desobediencia mata. 3. En efecto, no sin misterio est escrito que Dios plant en el principio el rbol de la ciencia y el rbol de la vida en medio del paraso, dndonos a entender la vida por medio de la ciencia; mas por no haber usado de ella de manera pura los primeros hombres, quedaron desnudos por seduccin de la serpiente. 4. Porque no hay vida sin ciencia, ni ciencia segura sin vida verdadera; de ah que los dos rboles fueron plantados uno cerca de otro. 5. Comprendiendo el apstol este sentido y reprendiendo la ciencia que se ejercita sin el mandamiento de la verdad en orden de la vida, dice: la ciencia hincha mas el amor edifica. 6. Porque el que piensa saber algo sin la ciencia verdadera y atestiguada por la vida, nada sabe, sino que es seducido por la serpiente por no haber amado la vida. Mas el que con temor ha alcanzado la ciencia y busca adems la vida, ese planta en esperanza y aguarda el fruto. 7. Sea para ti la ciencia corazn; la vida, empero, el Verbo verdadero comprendido. 8. Si su rbol llevas y produces en abundancia su fruto, cosechars siempre lo que ante Dios es deseable, fruto que la serpiente no toca y al que no se mezcla engao; ni Eva es corrompida sino que es creda virgen; 9. La salvacin es mostrada, y los apstoles se vuelven sabios y la pascua del Seor se adelanta, y antorchas se renen, y con el mundo se desposa y, a la par que instruye a los santos, se regocija el Verbo, por quien el Padre es glorificado.

A l sea la gloria por los siglos. Amn.

PADRES APOSTLICOS, Daniel Ruz Bueno, BAC, Madrid, 1985, Pgs.845-860

El Blog

Calendario

<<   Abril 2007    
LMMiJVSD
            1
2 3 4 5 6 7 8
9 10 11 12 13 14 15
16 17 18 19 20 21 22
23 24 25 26 27 28 29
30       

Categoras

Archivos

Sindicacin

http://www.edificandofiladelfia.es.tl

Alojado en
ZoomBlog