Edicto de Tolerancia

Por Arcadio Sierra Daz - 14 de Abril, 2007, 1:06, Categora: General

EXCURSUS DEL CAPTULO III

EDICTOS IMPERIALES

RESPECTO DE LA SUERTE DE LA IGLESIA


EDICTO DE MILN (EDICTO DE TOLERANCIA)

(A manera de carta al gobernador de Nicomedia, ao 313)

"Yo, Constantino Augusto, y yo tambin, Licinio Augusto, reunidos felizmente en Miln para tratar de todos los problemas que afectan a la seguridad y al bienestar pblico, hemos credo nuestro deber tratar junto con los restantes asuntos que veamos merecan nuestra primera atencin para el bien de la mayora, tratar, repetimos, de aquellos en los que radica el respeto de la divinidad, a fin de conceder tanto a los cristianos como a todos los dems, facultad de seguir libremente la religin que cada cual quiera, de tal modo que toda clase de divinidad que habite la morada celeste nos sea propicia a nosotros y a todos los que estn bajo nuestra autoridad. As pues, hemos tomado esta saludable y rectsima determinacin de que a nadie le sea negada la facultad de seguir libremente la religin que ha escogido para su espritu, sea la cristiana o cualquier otra que crea ms conveniente, a fin de que la suprema divinidad, a cuya religin rendimos este libre homenaje, nos preste su acostumbrado favor y benevolencia. Por lo cual es conveniente que tu excelencia sepa que hemos decidido anular completamente las disposiciones que te han sido enviadas anteriormente respecto al nombre de los cristianos, ya que nos parecan hostiles y poco propias de nuestra clemencia, y permitir de ahora en adelante a todos los que quieran observar la religin cristiana, hacerlo libremente sin que esto les suponga ninguna clase de inquietud y molestia.

As pues, hemos credo nuestro deber dar a conocer claramente estas decisiones a tu solicitud para que sepas que hemos otorgado a los cristianos plena y libre facultad de practicar su religin. Y al mismo tiempo que les hemos concedido esto, tu excelencia entender que tambin a los otros ciudadanos les ha sido concedida la facultad de observar libre y abiertamente la religin que hayan escogido como es propio de la paz de nuestra poca. Nos ha impulsado a obrar as el deseo de no aparecer como responsables de mermar en nada ninguna clase de culto ni de religin. Y adems, por lo que se refiere a los cristianos, hemos decidido que les sean devueltos los locales en donde antes solan reunirse y acerca de lo cual te fueron anteriormente enviadas instrucciones concretas, ya sean propiedad de nuestro fisco o hayan sido comprados por particulares, y que los cristianos no tengan que pagar por ellos ningn dinero de ninguna clase de indemnizacin. Los que hayan recibido estos locales como donacin deben devolverlos tambin inmediatamente a los cristianos y, si los que han comprado o los recibieron como donacin reclaman alguna indemnizacin de nuestra benevolencia, que se dirijan al vicario para que en nombre de nuestra clemencia decida acerca de ello.

Todos estos locales deben ser entregados por intermedio tuyo e inmediatamente sin ninguna clase de demora a la comunidad cristiana. Y como consta que los cristianos posean no solamente los locales donde se reunan habitualmente, sino tambin otros pertenecientes a su comunidad, y no posesin de simples particulares, ordenamos que como queda dicho arriba, sin ninguna clase de equvoco ni de oposicin, les sean devueltos a su comunidad y a sus iglesias, mantenindose vigente tambin para estos casos lo expuesto ms arriba, de que los que hayan hecho esta restitucin gratuitamente puedan esperar una indemnizacin de nuestra benevolencia.

En todo lo dicho anteriormente debers prestar el apoyo ms eficaz a la comunidad de los cristianos, para que nuestras rdenes sean cumplidas lo ms pronto posible y para que tambin en esto nuestra clemencia vele por la tranquilidad pblica. De este modo, como ya hemos dicho antes, el favor divino que en tantas y tan importantes ocasiones nos ha estado presente, continuar a nuestro lado constantemente, para xito de nuestras empresas y para prosperidad del bien pblico.

Y para que el contenido de nuestra generosa ley pueda llegar a conocimiento de todos, convendr que t la promulgues y la expongas por todas partes para que todos la conozcan y nadie pueda ignorar las decisiones de nuestra benevolencia." A esta carta, que fue expuesta para conocimiento de todos, aadi de palabras vivas recomendaciones para restablecer en su estado primitivo los lugares de reunin. Y de este modo desde la ruina de la Iglesia a su restablecimiento transcurrieron diez aos y alrededor de cuatro meses.

LACTANCIO: De mortibus persecutorum (c. 318-321)

EDICTO DE TESALNICA

(Teodosio, ao 380)

Queremos que todas las gentes que estn sometidas a nuestra clemencia sigan la religin que el divino apstol Pedro predic a los romanos y que, perpetuada hasta nuestros das, es el ms fiel testigo de las predicaciones del apstol, religin que siguen tambin el papa Dmaso y Pedro, obispo de Alejandra, varn de insigne santidad, de tal modo que segn las enseanzas de los apstoles y las contenidas en el Evangelio, creamos en la Trinidad del Padre, Hijo y Espritu Santo, un solo Dios y tres personas con un mismo poder y majestad.

Ordenamos que de acuerdo con esta ley todas las gentes abracen el nombre de cristianos y catlicos, declarando que los dementes e insensatos que sostienen la hereja y cuyas reuniones no reciben el nombre de iglesias, han de ser castigados primero por la justicia divina y despus por la pena que lleva inherente el incumplimiento de nuestro mandato, mandato que proviene de la voluntad de Dios.

CODEX THEODOSIANUS, XVI, 1-2. Edicin Th. Momsen. Berln, 1905

DECRETOS DE TEODOSIO

(Emperador entre 379-395)

Que nadie dedique la menor atencin a los maniqueos ni a los donatistas, que segn nuestras noticias no cejan en su locura. Que haya un solo culto catlico y un solo camino de salvacin y que se adore solamente la sagrada Trinidad una e indivisible. Y si alguien se atreve a mezclarse con estos grupos prohibidos e ilcitos y a no respetar las rdenes de las innumerables y anteriores disposiciones, y de la ley que hace poco promulg nuestra benevolencia, y se reuniera con estos grupos rebeldes, no dude que han de ser rpidamente extrados los punzantes aguijones que promueven esta rebelin.

CODEX THEODOSIANUS, XVI, 5 (ao 405)

Ordenamos que el edicto que nuestra clemencia dirigi a las provincias africanas acerca de la unidad, sea proclamado por todas las restantes para que todos sepan que se ha de mantener la nica y verdadera fe catlica del Dios omnipotente en el que la recta fe popular cree.

CODEX THEODOSIANUS, XVI, 11 (ao 405)

Ordenamos que los donatistas y herejes a los que nuestra paciencia ha tolerado hasta ahora sean castigados severamente por las autoridades competentes hasta el punto de que las leyes los reconozcan personas sin facultad de declarar ante los tribunales ni entablar transacciones ni contratos de ninguna clase, sino que, como a personas marcadas con una eterna deshonra, se les alejar de la sociedad de las personas decentes y de la comunidad de ciudadanos. Ordenamos que los lugares en que esta terrible supersticin se ha mantenido hasta ahora, vuelvan al seno de la venerable Iglesia catlica y que sus obispos, presbteros y toda clase de clrigos y ministros sean privados de todas sus prerrogativas y sean conducidos desterrados cada uno a una isla o provincia distinta. Y si alguno de stos huyera para escapar de este castigo y alguien lo ocultara sepa la persona que lo oculta que su patrimonio pasar al fisco y que l sufrir el castigo impuesto a aqullos. Imponemos tambin multas y prdida de patrimonios a hombres, mujeres, personas particulares y dignidades, a cada cual la multa que le pertenezca segn su rango.

Todo el que pertenezca al orden proconsular o sea sustituto del prefecto del pretorio o pertenezca a la dignidad de centurin de la primera cohorte si no se convirtiera a la religin catlica se ver obligado a pagar 200 libras de plata que pasarn a engrosar los fondos de nuestro fisco. Y para que no se piense que slo con esto una persona puede verse libre de toda acusacin, ordenamos que pague esta misma multa todas las veces que se demuestre y confiese haber vuelto a tener tratos y simpatizar con tal comunidad religiosa. Y si una misma persona llegara a ser acusada cinco veces y las multas no fueran suficientes para alejarla del error, entonces se presentar ante nuestro tribunal para ser juzgada con mayor severidad; se le confiscar la totalidad de sus bienes y se ver privada de su estado jurdico. En estas mismas condiciones hacemos incurrir en responsabilidad a los restantes magistrados, a saber: si un senador, que no est protegido externamente por alguna prerrogativa especial de dignidad, es hallado en la secta de los donatistas, pagar como multa cien libras de plata, los sacerdotes de provincias se vern obligados a pagar esta misma suma, los diez primeros decuriones (*1) de un municipio abonarn cincuenta libras de plata y los restantes decuriones diez libras de plata. Estas sern las multas para todos aquellos que prefieran continuar en el error.

(*1) Los decuriones aqu eran los que gobernaban en las colonias o municipios romanos, a modo de los senadores de Roma.

Los arrendatarios de fincas del Estado, si toleran en ellas el uso y manejo de cosas o ceremonias sagradas, se vern obligados a pagar de multa la cantidad que vienen pagando por el alquiler de dichas fincas. Tambin los enfiteutas (*2) estarn sometidos al cumplimiento de esta ley religiosa. Si los arrendatarios de personas particulares permitieran reuniones en las fincas o toleran la profanacin de ceremonias religiosas, se informar a sus dueos de estos hechos a travs de los jueces y los dueos pondrn el mximo inters, si quieren verse libres del castigo de esta orden, en que se enmienden y en caso contrario, si perseveraran en el error, los despedirn y pondrn al frente de sus fincas administradores que velen por los sagrados preceptos. Y si no se preocupan de esto sern multados tambin en la cantidad que vienen recibiendo como arriendo de las fincas, de tal modo que lo que poda engrosar sus ganancias pasar a aumentar los fondos del sagrado erario pblico.

(*2) Enfiteutas eran las personas a quienes se les cedan mediante contrato el dominio til de un terreno, rstico o urbano, mediante el pago de un canon.

Los servidores de jueces vacilantes en la fe, si fueran hallados en este error pagarn de multa treinta libras de plata y si, multados por cinco veces, no quisieran apartarse de este error, despus de ser azotados sern hechos esclavos y mandados al destierro. A los esclavos y colonos un severo castigo los alejar de tales actos de audacia. Pero si despus de castigados con azotes persistieran en su propsito, tendrn que pagar como multa la tercera parte de su peculio. Y todo lo que se pueda reunir de las multas de esta clase de hombres y de estos lugares, pasar enseguida a engrosar los fondos para la distribucin de donativos con destino religioso.

CODEX THEODOSIANUS, XV, 5,5 (ao 425).

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