Apéndice: Testimonio de algunos hermanos

Por Arcadio Sierra Díaz - 31 de Marzo, 2007, 15:01, Categoría: General

EXCURSUS DEL CAPÍTULO VI

ALGUNOS TESTIMONIOS

DE LOS HERMANOS

(Citados por Watchman Nee en La Ortodoxia de la Iglesia)

"Un hermano me ha dicho que es obvio en las Escrituras que los creyentes reunidos juntos como discípulos de Cristo, eran libres para partir el pan juntos como el Señor se los encomendara; y que, hasta donde la práctica de los apóstoles puede ser una guía, cada domingo debe ser separado para recordar la muerte del Señor y obedecer lo que Él exigió al partir".

"Caminando en cierta ocasión con un hermano, a medida que descendíamos por la calle Lower Pembroke, me dijo: ‘No tengo duda de que este es el propósito de Dios con relación a nosotros -debemos estar juntos con toda simplicidad como discípulos, no sirviendo en cualquier púlpito o ministerio, sino confiando que el Señor nos edificará juntos ministrando, una vez que Él se agradó de nosotros y nos vio con buenos ojos’. En el momento en que él habló estas palabras, quedé convencido de que mi alma recibió el entendimiento correcto, y que recuerdo aquel momento como si fuese ayer, y puedo describir el lugar. Fue el día de la gran revelación de mi vida, permítanme hablar así, como un hermano".

(J. G. Bellet)

"En primer lugar, no es una unión formal de los grupos públicamente conocidos, que es deseable; realmente es sorprendente que ponderados protestantes puedan desearla: lejos de estar haciendo lo bueno, creo que sería imposible que tal cuerpo fuese por lo menos reconocido como la Iglesia de Dios. Sería una copia de unidad de la Católica Romana; perderíamos la vida de la Iglesia y el poder de la palabra, y la unidad de la vida espiritual sería totalmente eliminada... La verdadera unidad es la del Espíritu, y debe ser trabajada por el obrar del Espíritu... Ninguna reunión que no conciba incluir a todos los hijos de Dios en la base completa del reino del Hijo, alcanza encontrar la plenitud de la bendición, porque no la contempla -porque su fe no la incluye... Donde dos o tres están reunidos en Su nombre, Su nombre es recordado allí para bendición...

"Además, la unidad es la gloria de la Iglesia; pero la unidad para asegurar y promover nuestros propios intereses no es la unidad de la Iglesia, sino una confederación y negación de la naturaleza y esperanza de la Iglesia. La unidad propia de la Iglesia, es la unidad del Espíritu, y sólo puede estar en las cosas propias del Espíritu, y por tanto sólo puede ser perfeccionada en las personas espirituales...

"Pero ¿qué debe hacer el pueblo del Señor? Debe esperar en el Señor, y esperar de acuerdo con la enseñanza de Su Espíritu, y en conformidad a la imagen, por la vida del Espíritu, de Su Hijo. Debe seguir su camino por las huellas del rebaño, si quisieren saber en dónde el buen Pastor alimenta Su rebaño al mediodía".

"Porque nuestra mesa es la mesa del Señor, no la nuestra, recibimos a todos los que Dios recibe, a todos los pobres pecadores escapando hacia el Señor como refugio, no descansando en sí mismos, sino solamente en Cristo".

(John Nelson Darby en La Naturaleza y la Unidad de la Iglesia de Cristo.)

"En 1825, en Dublín capital de Irlanda, hubo muchos creyentes cuyo corazón fue movido por Dios a amar a todos los hijos del Señor, sin importarles en cual denominación estuviesen. Este tipo de amor no fue frustrado por los muros de la denominación. Ellos comenzaron a ver en las Escrituras que la Palabra de Dios dice que sólo hay un Cuerpo de Cristo, no obstante en cuántas sectas los hombres han podido dividirlo. Ellos continuaron leyendo las Escrituras y vieron que el sistema de un hombre administrando la iglesia y de un hombre predicando, no es bíblico. Entonces comenzaron a reunirse cada domingo para partir el pan y orar. El año de 1825 fue, después de más de mil años de la Iglesia Católica Romana y varias centenas de años de iglesias protestantes, la primera vez que se efectuó un retorno a la simple y libre adoración espiritual conforme las Escrituras. Al comienzo eran dos personas; más tarde cuatro o cinco.

"A los ojos del mundo, estos creyentes eran inferiores y desconocidos. Pero ellos tenían al Señor en medio de ellos, y la consolación del Espíritu Santo. Ellos permanecieron sobre la base de dos claras verdades: primeramente, que la Iglesia es el Cuerpo de Cristo y que este Cuerpo es sólo uno; en segundo lugar, en el Nuevo Testamento no existe el sistema clerical; todos los ministros de la Palabra establecidos por los hombres no son bíblicos. Ellos creían que todos los verdaderos creyentes son miembros de ese único Cuerpo. Recibían calurosamente a todos los que venían a su medio, no importándoles a qué denominación perteneciesen. No tenían el prejuicio de alguna secta. Creían que todos los verdaderos creyentes tienen la función de sacerdote; por tanto pueden entrar libremente en el Lugar Santísimo. También creían que el Señor al ascender al cielo concediera diversos dones a la Iglesia para el perfeccionamiento de los santos, para la edificación del Cuerpo de Cristo. Por tanto, fueron capaces de renunciar a los dos pecados del sistema clerical: ofrecer sacrificios y predicar la Palabra. Estos principios los capacitaron para dar la bienvenida a todos los que están en Cristo como sus hermanos, y a estar abiertos a todos los ministros de la Palabra ordenados por el Espíritu Santo para servir".

(Watchman Nee, en La Ortodoxia de la Iglesia, capítulo 7, La Iglesia en Filadelfia).

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